jueves, 23 noviembre 2017

La soberbia y los trileros

Berizzo aplaza el debate sobre su futuro después del triunfo ante el Leganés, icono de la resistencia del Madrid Sur del XXI. Sarabia, con una genialidad, aplacó la ansiedad de un Sánchez-Pizjuán de silencio, tensión y felicidad real.

29 oct 2017 / 01:18 h - Actualizado: 29 oct 2017 / 21:07 h.
  • Los discípulos de Eduardo Berizzo se conjuraron a pie de césped antes del inicio del encuentro ante el Leganés. / Manuel Gómez
    Los discípulos de Eduardo Berizzo se conjuraron a pie de césped antes del inicio del encuentro ante el Leganés. / Manuel Gómez

Eduardo Berizzo sonrió en la previa del encuentro ante el Leganés. De forma picarona y reveladora. Asumió con naturalidad su propio plebiscito. En el Sánchez-Pizjuán y con el ruido del desconcierto colectivo. Respetó su ideal y contribuyó a la sensación de finalísima en el corazón de Nervión, allí donde el ruido de sables ha sido intenso en las últimas horas. Allí donde el Sevilla FC pretende programar su futuro en la Liga y la Champions League, su verdadera y única asignatura pendiente. Un nuevo plan de vida.

El Leganés, vivo y narcotizante ejemplo de la resistencia del Madrid Sur e icono del marketing moderno del XXI con su seductora cartelería y su community manager, se rebeló a la presunta etiqueta de Cenicienta y por fases dominó a su rival, un Sevilla FC en fase de readaptación después de su ejercicio de lógica autoridad ante un Segunda División B de inspiración mitológica, el FC Cartagena de la imperial Cartago. Nervión bramó durante minutos de tensión y alma, pero fingió la felicidad cuando el colegiado decretó el final. El cierre de un guion con matices pero de un desenlace necesario. Una victoria para saciar la sed de calma de un entorno deprimido por una serie de decepciones en el certamen doméstico y en el Viejo Continente.

Berizzo maquilló su sistema, trató de potenciar su red de tipos creativos con una medular más abnegada y confió en una tropa de chicos con talento en la definición. Y así, sin alardes ni alharacas, ganó. Venció. Respiró con alivio y aplazó el debate de su continuidad hasta después de la trampa del Spartak de Moscú, aquella colección de viejos zorros que fueron colmillos afilados bajo el frío helador de Rusia. El fútbol es, en realidad, una mentira tejida por un negocio colectivo y heredado de padres a hijos. De sagas accionariales. De resultados que ocultan la realidad de un deporte de soberbios y trileros. De hombres de bombín y corbata o chándal y zapatillas. Como en sus tiempos primitivos. El aficionado, la única verdad del deporte, anhela el triunfo. Con o sin Berizzo. Es el Sevilla. Por su Sevilla.


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