martes, 19 marzo 2019

Las gangas del Sevilla

El mercado ha saltado por los aires y en Nervión algunos jugadores como Ben Yedder, Lenglet, Nzonzi o incluso Sarabia tienen cláusulas muy asequibles

03 jun 2018 / 21:27 h - Actualizado: 06 jun 2018 / 21:05 h.
  • Nzonzi felicita a Lenglet, en presencia de Ben Yedder y Sarabia, tras su gol al Spartak en la Champions. / M. Gómez
    Nzonzi felicita a Lenglet, en presencia de Ben Yedder y Sarabia, tras su gol al Spartak en la Champions. / M. Gómez

Si el mercado en el fútbol ya se había vuelto loco con el boom de las televisiones, la llegada en manada de diversos fondos de inversión y jeques orientales ha hecho saltar por los aires los parámetros en los que se movían las operaciones de compraventa cada verano. Los fichajes de Neymar (220 millones) y Mbappé (180) por el PSG hace un año fueron las gotas que colmaron el vaso. Y todo ello ha afectado al Sevilla, el club por excelencia en crecer a través de las plusvalías de sus operaciones: fichar barato y vender caro. El problema es que en pleno 2018, el concepto ‘caro’ a la hora de vender ha sido actualizado, por lo que los precios en los que se solía mover el Sevilla al desprenderse de sus estrellas han quedado obsoletos.

Y eso engendra un peligro evidente. Tras una temporada de grandes ingresos por la Champions (ha llegado a los cuartos de final y tiene asegurados 48 millones, aunque serán más), derechos de televisión (rozará los 80), ventas (Vitolo e Iborra dejaron 50 kilos entre ambos) y abonos (casi 40.000 socios a precios altísimos generarán en torno a 15 millones), el club de Nervión sabe que el fracaso en muchos de los fichajes de esta temporada y el hecho de no repetir en la Liga de Campeones apretará las cuentas, por lo que debe hilar fino a la hora de vender futbolistas. Ser mucho más exigente.

Los llamados a generar suculentas ofertas son claramente tres jugadores: Nzonzi, Lenglet y Ben Yedder. Ninguno de los tres franceses tiene una cláusula de blindaje, vistos los tiempos que corren. El centrocampista tiene 40 millones de cláusula, de los que se quedaría él mismo con una parte importante, la del central se mueve entre los 30 y 35 millones y la del delantero es aún más baja: 30. Los tres están cotizadísimos, hasta el punto de que en Barcelona dan por seguro el acuerdo entre el Barça y el agente de Lenglet. El Sevilla sigue pendiente de una última reunión fijada para esta semana. La renovación de Umtiti por el Barcelona deja abierta la puerta de la esperanza en las oficinas del Sevilla, que ya le presentó una jugosa oferta al galo hace muchas semanas.

En el caso de Nzonzi, sus recientes peticiones de salir hacen que sea el candidato ideal a enfilar la puerta de salida. Su nivel está muy por encima de su cláusula, considerada una auténtica ganga por los grandes clubes de Europa (el Arsenal de Unai Emery ya le ha echado el ojo). Y no menos jugosa es la situación de Ben Yedder: sólo 30 millones cuesta uno de los futbolistas más destacados de la Champions League y que suma en dos temporadas nada menos que 40 goles.

Pero hay más futbolistas cuyos contratos quiere actualizar el Sevilla más pronto que tarde. Uno de los más urgentes es el de Pablo Sarabia. Sin ser la estrella del equipo, el madrileño lleva dos campañas muy regulares y más que fructíferas. Su cláusula es de sólo 18 millones. Escudero, que llegó a sonar como seleccionable por Lopetegui el curso pasado, ha bajado enteros, aunque su cláusula, en caso de recuperar el nivel, también es apetecible: 20. Los casos opuestos son los de Muriel y Correa, con precios más que aceptables (50 millones), sobre todo viendo sus rendimientos.

Sin actualizar

Las grandes ventas del Sevilla se han movido recientemente en la misma horquilla que en la década pasada, cuando Daniel Alves (35 millones), Reyes (24), Baptista (25) o Sergio Ramos (27) dejaron el club de Nervión. Gameiro salió por 32 millones (2016), Krychowiak por 27,5 (2016), Iborra por 14,5 (2017), Vitolo por 37,5 (2017), Jesús Navas (2013), Alberto Moreno (2014), Rakitic (2014) y Aleix Vidal (2015) por 18, Negredo por 25 (2013) y Bacca por 30 (2015).

La comparativa

El caso es que los clubes del tamaño del Sevilla o que compiten por lo mismo que los nervionenses (algunos incluso por menos) sí han dado ese paso. El Valencia, el más equiparable, lleva tiempo habiendo saltado del escalón de los 25-30 millones (Mata, Silva, Soldado...) al de los 45-50 por sus estrellas (Villa fue el primero, pero le siguieron recientemente Otamendi, Andre Gomes y puede que este verano Rodrigo, al que ya ha tasado en 60 millones pese a su cláusula de 120). El Athletic, de aspiraciones menores que el Sevilla pero con fichas muy superiores, vendió recientemente a Laporte por casi 70 millones al Manchester City y ha fichado este domingo a Dani García (Eibar), al que ha blindado con dicha cantidad en su cláusula resolutoria.

El Sevilla ha introducido la costumbre de no dejar fijas las cláusulas de rescisión unilateral de los contratos por parte de los futbolistas y entrenadores. De esta forma, según el momento del verano, el precio oficial puede oscilar, creciendo a medida que el plazo de fichajes se acerca a su fin. No es lo mismo que un jugador se vaya a mediados de junio que a finales de agosto, cuando el margen de reacción del club es mucho menor. Emery y Sampaoli, que se fueron por propia voluntad al PSG y a la selección argentina, tenían dicha actualización prefijada.

España, en desventaja

Por si fuera poco, en el fútbol español imperan las cláusulas de rescisión en los contratos, aspecto que no se da en la inmensa mayoría de los países del extranjero. De esta manera, un club de fuera puede fichar a un jugador de un equipo español sin ni siquiera sentarse a negociar y prácticamente sin avisar. Al revés es imposible (que se lo digan al Real Madrid ahora que busca fichar al entrenador del Tottenham, Mauricio Pochettino), salvo en Holanda, Brasil y China. En España rigen desde los años 80, cuando se instauraron para proteger los intereses de los futbolistas y que no quedaran maniatados al antojo de los clubes. Eso sí, diversos precedentes ya han dejado claro que son contrarias a derecho las cláusulas desorbitadas. Un debate que, por ahora, no tiene fin y que deja en desventaja a los equipos de la Liga, incluso a los más poderosos, como se pudo comprobar el verano pasado con la salida de Neymar del Barcelona.


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