sábado, 18 mayo 2019

Manita a modo de calmante (5-1)

Goleada del Sevilla al Standard de Lieja en el primer partido del grupo J de la Europa League. Dobletes para Banega y Ben Yedder, que cuajó una excepcional segunda parte, y golazo de Franco Vázquez. Amadou puso la nota negra al romperse el brazo. Es la cuarta lesión traumática del equipo nervionense en lo poco que va de temporada.

20 sep 2018 / 20:42 h - Actualizado: 21 sep 2018 / 00:01 h.
  • Ben Yedder celebra uno de sus goles. / Manuel Gómez
    Ben Yedder celebra uno de sus goles. / Manuel Gómez

El Sevilla debutó con goleada en la fase de grupos de la Europa League al derrotar al Standard de Lieja por 5-1 en un partido en el que fue de menos a más y en el que se sobrepuso a la grave lesión, esta vez de Amadou, y al empate de Djenepo. No despejó el equipo de Machín muchas dudas en cuanto a juego, pero sí se dio un homenaje de goles a modo de bálsamo tras la tempestad del fin de semana. Victoria contundente y clara. No es poco en Europa, ni mucho menos, pero sigue habiendo cosas preocupantes. Dice el refrán que «a perro flaco todo se le vuelven pulgas». Y el Sevilla está flaco. Tiene un sistema sin encajar del todo y varios jugadores en estado de forma bajo. Por tanto, todo (o casi todo) lo que le puede salir mal le acaba saliendo mal. Estamos a 20 de septiembre y ya acumula varias decisiones en contra del aparentemente infalible VAR. Por si fuera poco, suma ya cuatro lesiones traumáticas. La última, la de este jueves con Amadou de protagonista: el francés se partió el brazo en un aterrizaje aparentemente fácil en el césped, convertido para el Sevilla en puro mármol este año. Fue pronto, en el 11’, justo cuando Banega había abierto la lata de falta directa imparable tras ensayar minutos antes otra algo más adelantada. Estaba cómodo el Sevilla, pero el shock de ver a Amadou salir llorando en camilla, como Escudero y Mercado en las últimas semanas (añadan el pie de Gonalons en un entrenamiento), cortó el ritmo inicial.

Desde ese minuto fatídico hasta que empató Djenepo en un córner rematado en semifallo por un compañero en el primer palo (el apadrinado del exsevillista Frederic Kanouté estaba solo en el segundo), el Sevilla trotó por el césped. Ni defendía del todo bien (Kjaer y Roque Mesa tuvieron que hacer entradas muy a destiempo para evitar ataques peligrosos) ni atacaba con fluidez la meta del controvertido Ochoa. Apostó Machín por Ben Yedder y éste le respondió con un partidazo, aunque más en la segunda mitad. En la primera, los pases a Navas por la derecha eran defectuosos y Arana y Promes por a izquierda ni inquietaban a Fai. Preocupante lo del brasileño (aunque diera una talentosa asistencia a Ben Yedder tras el descanso) pues sigue sin mostrar nada destacable. El holandés, por su parte se perdía en acciones individuales mal ejecutadas y sólo en el tramo final del encuentro pareció despertar. La esperanza eran Franco Vázquez y Banega, aunque intermitentes. Fue el primero quien sacó las castañas del fuego nada más llegar el 1-1, con un golazo desde la frontal del área al palo más alejado. El balón, con rosca, tocó el poste y entró en la red. El descanso iba a ser más placentero...

Y la segunda parte también, pues nada más reanudarse el choque, una larga jugada empezada y terminada por Ben Yedder puso el 3-1. El francotunecino, por el centro, condujo hasta la frontal, se la dejó a Banega, que abrió a Arana y éste, de primeras, puso un pase raso perfecto para que el 9 del Sevilla marcara otro gol para su cuenta personal en el club nervionense. Ya es el cuarto máximo goleador de la historia europea del Sevilla. El tanto, de hecho, espoleó a Ben Yedder, con hambre. Sus conducciones hacia arriba (jugó solo arriba, como peor le viene, pero la presión del Standard no era efectiva) eran más productivas que las de Promes, muy contadas, además. Como Banega y Franco Vázquez tenían más libertad que ante el Getafe, el Sevilla lo notó, pero igualmente flotaba en el ambiente que mucho tiene que mejorar el engranaje general para creer en lo que se ve.

Con media hora por delante, el Sevilla gestionó sus fuerzas (vienen curvas) y el Standard, que acusaba el fortísimo bochorno, se quiso venir arriba con la entrada de Lestienne y Emond. Debía estar atenta la examinadísima defensa del Sevilla. Y lo estuvo. Carriço se fue sin fallos, Kajer no perdió la atención y Sergi Gómez mantuvo la concentración. Eso sí, los problemas para sacar el balón jugado siguen siendo clamorosos. No pasaba apuros atrás (muy pocas intervenciones de Vaclik) y el estiramiento de los belgas permitió espacios para Promes, que no los aprovechó salvo en el tramo final, y sorpresas como la protagonizada por Banega, que presionó a Lestienne hasta que se la robó y asistió a Ben Yedder. El delantero protegió ante un defensor y se la picó con clase a Ochoa para poner el cuarto en el marcador. Todavía hay quien discute al francotunecino en este Sevilla con tantos problemas para marcar desde hace dos temporadas, aunque ayer goleara al Standard.

Y pudo irse con un triplete. Se lo impidió Banega, quien hizo valer su jerarquía a la hora de ejecutar un penalti que le hizo Vanheusden a Franco Vázquez, quien había dibujado un sombrero marca de la casa. El público solicitó que el lanzador fuera el delantero, falto de cariño por parte de Pablo Machín. Después de lo ocurrido en la Supercopa de España y con 4-1 quizás sí hubiese sido el momento para un detalle así. Banega pegó la pelota al poste, imposible para Ochoa.

El último cuarto de hora sobró. Sobre todo le sobró a Nolito. El Standard del mítico Michel Preud’homme se había rendido y Machín refrescó el equipo probando al sanluqueño en la banda de Navas. Volvió a tener la misma entrega, ganas y desacierto que de costumbre, sobre todo fallando con el balón en los pies en el área chica disparando recto hacia el cuerpo del portero. Ha entrado ya en una fase grave de desconcierto psicológico. Quiere, pero no puede. Todo lo contrario que un Ben Yedder que se fue demostrando una vez más que puede, pero apenas le dejan.


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