lunes, 15 octubre 2018
Sevilla FC

Primeros sevillistas en Tánger

A pesar del boicot de parte de la hinchada, alrededor de 3.000 aficionados irán a la Supercopa

11 ago 2018 / 17:16 h - Actualizado: 11 ago 2018 / 17:34 h.
  • El autobús del Sevilla, por las calles de Tánger. / I. A.
    El autobús del Sevilla, por las calles de Tánger. / I. A.

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La final de la Supercopa de fútbol española entre el Sevilla y el Barcelona va a ser un acontecimiento histórico en Tánger. Más allá de la polémica que ha rodeado a esta final, la ciudad marroquí, en plena transformación urbana, no termina de desprenderse del aura de nostalgia y malditismo que siempre le han acompañado. Nadie ha explicado todavía cuánto dinero ha pagado Marruecos –al Barça, al Sevilla y a la RFEF– para llevar el partido a Tánger, pero se trata de una apuesta de futuro en términos de promoción para la ciudad.

No es una marea roja ni mucho menos, sino un goteo de sevillistas sin, de momento, mostrar sus coloridas bufandas y camisetas. La afición sevillista inició este sábado por la mañana, desde bien temprano, su peregrinaje a la ciudad de Tánger a través del ferry de Tarifa, cuyo ayuntamiento ha habilitado una bolsa de aparcamientos para la afición. Dicen que serán alrededor de 3.000 los que finalmente viajen desde varios puntos de Andalucía. El grueso de la expedición nervionense se espera para el mismo domingo, horas antes de la disputa de la final ante el Barcelona. De momento, el color rojiblanco lo está poniendo el autobús del Sevilla, que llegó al mediodía, como varios de los aficionados, por vía marítima y ya se le vio por las calles de la cuidad marroquí.

El año pasado visitaron Tánger 312.074 turistas extranjeros y casi otros tantos nacionales, un récord en los últimos años pero muy lejos de los 2,5 millones que visitaron Marrakech, la joya de la corona del turismo marroquí. Con un paseo marítimo y un puerto deportivo recién inaugurados, además de un nuevo museo arqueológico (pomposamente llamado «de civilizaciones mediterráneas»), la ciudad quiere apostar ahora por una idea de modernidad que le sacuda el polvo de esa imagen de antro decadente que muchos occidentales vienen a buscar. Tánger se ha convertido en poco tiempo en uno de los motores económicos del país gracias a su cercanía al megapuerto de TángerMed y de la planta de montaje de Dacia-Renault, y el hecho de saberse preferida por el rey Mohamed VI hace que todos sus sueños sean grandes, a veces megalómanos.

Por Tánger pasaron los Rolling Stones, Jimmy Hendrix y U2; Paul Bowles la llamaba «ciudad de ensueño» y aquí invitó a sus amigos beatniks, a lo que fue «su patio de recreo –como la definía recientemente la revista marroquí de historia Zamane–: un lugar único en el mundo, en África pero al lado de Europa, donde se codeaban espías y prostitutas y donde todo estaba permitido: la homosexualidad y las drogas». Y también se jugó en el estadio Ibn Batouta la final de la Supercopa de Francia el pasado año entre el PSG y el Mónaco.


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