jueves, 23 noviembre 2017

Un nuevo Sevilla... ¿también en el Camp Nou?

La mejoría del equipo nervionense, a prueba en un campo donde ha sido apalizado en los últimos años

02 nov 2017 / 22:00 h - Actualizado: 03 nov 2017 / 12:51 h.
  • Messi encara a Nzonzi tras sortear a Mercado en el Barça-Sevilla de la pasada temporada. El argentino le ha hecho 29 goles en 30 partidos (siete dobletes). / Efe
    Messi encara a Nzonzi tras sortear a Mercado en el Barça-Sevilla de la pasada temporada. El argentino le ha hecho 29 goles en 30 partidos (siete dobletes). / Efe

Aún es pronto para darle el alta al enfermo, pero es indudable que el Sevilla ha reaccionado bravamente a su infernal octubre con un trío de victorias final que hace vislumbrar el futuro de manera más apaciguada. Una victoria copera ante el débil Cartagena que sirvió para cortar la racha de tres (duras) derrotas consecutivas y dos triunfos por 2-1 frente a dos equipos difíciles. Uno, el Leganés, por su excepcional estado de forma y ruda defensa; y dos, el Spartak de Moscú, campeón de Rusia, autor de un histórico 5-1 al equipo sevillista ante toda Europa. Por marcador parecen victorias sufridas y apretadas, pero las sensaciones transmitidas por los pupilos de Eduardo Berizzo fueron muy buenas, antojándose ambos resultados como cortos.

Es precisamente el entrenador, principal acusado durante la crisis, el que ha reaccionado de manera clara. «Mantengo mis ideas, pero sé escuchar», dijo hace unos días un Berizzo que ha desterrado el programa de rotaciones extremas, ha retocado el dibujo en la pizarra y ha priorizado el aspecto defensivo sobre el ofensivo, eligiendo, digamos, un Sevilla más parecido al de Unai Emery que al de Jorge Sampaoli. Al menos, hasta enderezar el rumbo y abandonar definitivamente el socavón donde se hallaba.

Una de las cosas que se le exigía a Berizzo, y no sólo de puertas hacia fuera, era que configurara una columna vertebral base sobre la que ir modificando y alternando piezas paulatinamente. Y esta ha llegado. A día de hoy se puede asegurar que es la compuesta por Kjaer y Lenglet en la defensa, Pizarro y Nzonzi en medular y Ben Yedder en la punta del ataque. Claro que Sergio Rico y Banega son titularísimos, así como un Sarabia que tiene que jugar siempre que pueda. El resto de posiciones están más abiertas con hombres como Navas, Nolito o Muriel. Pero ahí está la base de un nuevo Sevilla construido sobre la base de la seguridad defensiva: los dos goles encajados en esta semana debieron ser anulados. El número de ocasiones recibidas ha sido muy inferior al de la semana negra, sobre todo a la contra, ya que en los tres últimos encuentros el Sevilla logró adelantarse en el marcador, aspecto clave.

Sin embargo, aún es pronto para certificar el cambio de manera definitiva. La mejoría ha venido acompañada de un aspecto clave: dos de esos triunfos fueron bajo el calor del Sánchez-Pizjuán. Y ahí el Sevilla cambia. Fuera de casa, incluso en algunos de los partidos ganados en septiembre, se vio a un equipo con poco carácter, muy débil en las dos áreas y derrumbado a la más mínima: cada vez que empezó perdiendo, perdió. Y ahora llega el Camp Nou. No es que se le exija al Sevilla ganar donde casi nadie gana, pero sí que se le debe exigir un mínimo de decoro en cuanto a competitividad, ausente en no pocos años últimamente. Esta es la secuencia de resultados del Sevilla en el campo del Barcelona desde que ganara 1-2 en la Copa en 2010: 4-0, 4-0, 5-0, 0-0, 2-1, 3-2, 5-1, 2-1, 2-0, 3-0 y 3-0. Cinco goles a favor y 33 en contra. Ni una sola victoria, por supuesto.

Una de las desventajas del estatus de grandeza del que disfruta nuevamente el Sevilla es que, en partidos así, aunque los encare en crisis, es siempre muy respetado por el rival, que apenas reserva jugadores o tira de relajación ante los nervionenses. De nuevo estamos ahora en una situación así. El Barcelona espera al mejor Sevilla, ese que le ha hecho sufrir en no pocas ocasiones, sobre todo en las últimas dos finales jugadas (Supercopa de Europa y Copa del Rey, ambas decididas en la prórroga) y en todos los duelos disputados en el Sánchez-Pizjuán. Es el momento clave de la temporada, el de saber hacia dónde tira este Sevilla que quiere resucitar.


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