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Ejemplos de cómo ser una pyme
y no quedarse en el intento

Oportunidades. Aertec, Sima, Castillo de Canena y Hoteles Holiday World exponen sus experiencias y las pistas acerca de cuáles han sido las decisiones acertadas y sus temores

12 nov 2016 / 19:11 h - Actualizado: 13 nov 2016 / 09:30 h.
  • Javier García Marina, Rosa Vañó, María Francisca Peñarroya y Antonio Gómez Guillamón, ayer junto al moderador Antonio Villafuerte. / El Correo
    Javier García Marina, Rosa Vañó, María Francisca Peñarroya y Antonio Gómez Guillamón, ayer junto al moderador Antonio Villafuerte. / El Correo

Da vértigo. Asomarse al día a día tras una larga crisis que se ha llevado por delante a numerosas empresas y ver que la realidad conocida cambia casi al instante. Hay que adaptarse sí, pero los desafíos que se abren son enormes y la mayoría del tejido empresarial (99,9 por ciento) son pymes, para lo bueno y para lo malo. Lo bueno: la flexibilidad, la resistencia y la capacidad de recuperación; lo malo: el tamaño, la adaptación a la tecnología, la competencia, la gestión y cómo atraer o retener el talento.

Tamaña proeza es posible y también lo es crecer, como se constató ayer en la mesa redonda Las pymes ante las oportunidades (y retos) de un nuevo entorno, y como reflejaron las empresas andaluzas Aertec, Sima, Castillo de Canena y Hoteles Holiday World. Una ponencia de la que tomar buena nota. He aquí algunas de ellas.

La ingeniería aeronáutica y consultoría Aertec Solutions, que arrancó en 1997 con dos socios y hoy tiene 500 trabajadores, considera «la especialización» la clave de su éxito. «Hay que elegir una materia, cuando empezamos a diversificar con la crisis vimos que estábamos perdiendo el enfoque», señaló Antonio Gómez Guillamón, consejero delegado, que subrayó además la importancia de una buena «organización» en la empresa. La creación de una «marca», que fuera fácilmente reconocida e identificable (tarea que facilitó el marketing digital), y la innovación continua adelantándose al cliente en tecnologías clave fueron sus recetas. Su principal preocupación es encontrar un perfil de personal «internacional», esto es, con experiencia fuera, sin miedos ni complejos y que sepa gestionar las barreras culturales.

La granadina Sima, fabricante de maquinaria ligera para construcción, cuenta que su secreto para sobrevivir ha sido «la exportación». Pero no hacerlo por necesidad del parón nacional, sino en los buenos tiempos, en los años 90, «cuando había tiempo y dinero, sobre todo, dinero». Porque no es algo ni sencillo de hacer ni que dé rendimientos inmediatos, explicó Javier García Marina, consejero delegado, sino «una carrera de fondo». Otra clave que esbozó es no dejar de darle vueltas a la cabeza. «Tras comprar muebles en Ikea en Málaga me di cuenta de que podía aplicar el mismo concepto de almacenamiento de la maquinaria como si fuera un mecano». Gracias a ello, ha reducido el volumen a transportar un 33 por ciento. El objetivo que se marca para crecer es que la mitad de sus ventas procedan del canal online y desembarcar en EEUU.

Cuando tienes que competir con otras 30.000 marcas, está claro que lo importante de verdad es «diferenciarse». El aceite de oliva virgen extra Castillo de Canena optó por la innovación tanto en el producto de alta calidad como en el diseño de los formatos, con botellas de colores. Y ver dónde está su mercado. «Veíamos que en España no estaba, así que salimos fuera». El 80 por ciento de su producto es internacional y se vende en 52 países. «La decisión de exportar fue en nuestro caso difícil pero necesaria», precisó su cofundadora, Rosa Vañó. Lo que más le preocupa es además de hacer bandera del consumo –solo lo compra un 3 por ciento de la población mundial– es «fidelizar» al cliente. Por eso, «cuando nos llama alguien pidiendo cosas peregrinas, la primera respuesta es sí. Luego ya veremos cómo lo hacemos». Así, se marca como meta «estar en todas las cocinas de los mejores chefs del mundo y en las despensas de las personas que demandan los productos de más calidad».

Cumplir hoy cincuenta años siendo empresa, y más familiar, no es tarea sencilla. La visión internacional es responsable en buena medida de su mayor éxito: «seguir vivos». Pero no. Lo fue la diversificación. De vender promociones de la Costa del Sol en el extranjero en los años 70 al negocio hotelero, convirtiéndose Holiday World en el primer hotel en ofrecer en ese destino el todo incluido en 2004. «Ahora trabajamos en corregir la estacionalidad», indicó María Francisca Peñarroya, consejera delegada de estos hoteles. La fidelización del cliente y cómo captarlo es una de sus preocupaciones y se fija como reto la digitalización, pero no como adaptación de las herramientas, «sino como cambio de modelo de negocio. La idea es ser referente de turismo digital», precisó.


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