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España y Grecia avanzan en la marca europea de algodón

Europa representa solo el 1,5% de la fibra mundial pero goza de buena fama en el mercado internacional

19 feb 2018 / 07:19 h - Actualizado: 19 feb 2018 / 07:19 h.
  • El responsable de socios de Better Cotton Iniciative, Corin Jones, durante la presentación del certificado en el Foro Agrícola del Instituto de Estudios Cajasol. / Jesús Barrera
    El responsable de socios de Better Cotton Iniciative, Corin Jones, durante la presentación del certificado en el Foro Agrícola del Instituto de Estudios Cajasol. / Jesús Barrera

El algodón europeo quiere reforzar su valor en el mercado. A pesar de representar un 1,5 por ciento de la producción mundial, los algodoneros de Grecia (que representan el 80 por ciento de la fibra europea) y de España se sitúan entre los diez principales exportadores. Una posición que defienden desde la calidad de la fibra y unos métodos de producción que apuestan por la mejora del medio ambiente y la rentabilidad del cultivo. Por ello, el sector aboga por la creación de una marca europea que dé a conocer los rasgos identitarios del algodón y refuerce su valor en el mercado, tal y como defendieron en el Foro Agrícola sobre El sector algodonero español: una apuesta continuada por la sostenibilidad, que organiza el Instituto de Estudios Cajasol.

Como principales productores en el continente, una representación del sector algodonero griego defendió en el foro la importancia de trabajar «en armonía» para que sus reclamaciones sean atendidas, apuntó el presidente de la Interprofesión del Sector Algodonero de Grecia, Vasili Markou. Aunque en comparación con otros países, como India (con más de 11 millones de hectáreas), Europa es sólo una pequeña pieza del puzzle, este cultivo no sólo tiene una posición destacada en el comercio internacional, sino que es «tremendamente importante para las economías locales», apostilló el vicepresidente de la Asociación de Desmotadores de Grecia, Antonios Siarkos.

Con más de 150 años de historia, para el país heleno, el algodón es hoy un producto «estratégico», a pesar de que en los años 80 se importaba gran parte de la fibra y en los 90 la mayoría se quedaba en la industria local. En la actualidad, Grecia exporta la práctica totalidad de la producción de algodón; de hecho, es el tercer producto más vendido en el exterior. Por tanto, «es un multiplicador económico, genera empleo de calidad y unas prácticas sostenibles», apuntó Markou. Un patrón que se repite, a menor escala, en España, principalmente en Andalucía, donde se produce el 90 por ciento de la fibra nacional.

La principal diferencia con otras regiones productoras es la ausencia de variedades modificadas genéticamente. Europa prohíbe la producción de transgénicos, a pesar de que no pone trabas a la entrada de este tipo de cultivos. Otro punto a favor del algodón europeo es su método de recolección, totalmente mecanizado, garantizando así las condiciones laborales del trabajador. Además, la Política Agraria Común obliga a los agricultores a ejercer prácticas respetuosas con el medio ambiente por lo que garantiza la sostenibilidad de este cultivo.

Con estas cartas sobre la mesa, productores griegos y españoles apuestan por la creación de una marca de algodón colectiva que ayude a «mejorar el valor» y a «impulsar la conciencia de los rasgos identitarios de la fibra europea» en el mercado internacional, explicó Siarkos. Tras varias reuniones entre ambos países y determinada la fórmula del marchamo de calidad, el siguiente paso es definir todas esas particularidades en un dossier y registrar la marca en la Oficina de Propiedad Intelectual Europea.

BETTER COTTON

Mientras tanto, la defensa de esa calidad pasa por unirse a la iniciativa Better Cotton (BCI), un proyecto impulsado por productores, desmotadores, exportadores e industria textil que certifica la fibra producida bajo parámetros de sostenibilidad y con respecto a los derechos laborales. Grandes marcas como Ikea, Asos, Adidas o Nike forman parte de esta iniciativa, por lo que se comprometen a que sus prendas estén tejidas con algodón BCI.

Con este certificado, los miembros de la iniciativa promueven un cultivo del algodón libre de trabajo infantil y en el que se acabe con la pobreza del pequeño agricultor. Además, defiende una producción libre de pesticidas y que luche frente a la pérdida de suelo, un problema bastante acusado en España, según detalló el responsable de socios de BCI, Corin Jones. El cumplimiento de estos requisitos por parte de los algodoneros europeos no va a ser complicado, pues españoles y griegos ya producen «bajo los estándares de calidad que promueve BCI, a pesar de no estar reconocidos», recuerda el responsable estatal del sector algodonero de COAG, José Luis Ibáñez.

Por eso, formar parte de Better Cotton es uno de los pasos que debe dar la fibra española para conseguir ese valor añadido. En opinión de Ibáñez, este certificado puede repercutir favorablemente en los productores. De hecho, según algunas estimaciones de la iniciativa, podría incrementar el precio de la fibra hasta un 10 por ciento.

INDUSTRIA TEXTIL

El papel de la industria textil es fundamental en la revalorización de un sector algodonero sostenible y de calidad. En este sentido, el vicepresidente de la Asociación de Desmotadores de Grecia, Antonios Siarkos, insistió en la necesidad de que productores de fibra y marcas estrechen lazos para dar a conocer las bonanzas del algodón europeo. «Los consumidores europeos son más conscientes de la calidad, están más preocupados por las cuestiones medioambientales» y no hay que olvidar que Europa es «el segundo mercado de consumo de textiles acabados», puntualizó.

Por todo ello, no sólo es importante la defensa de una marca europea, sino que se debe trabajar para que «ésta sea conocida y demandada por el consumidor», ya que le aportaría un mayor valor a la materia prima y «redundaría positivamente en los productores», hizo hincapié Siarkos.

EN ANDALUCÍA

La producción española de fibra se concentra en Andalucía, donde este cultivo representa un 3 por ciento del producto agrario, lo que se traduce en un negocio de 300 millones de euros, 600.000 jornales y más de 2.500 empleos fijos. No sólo es importante la producción, también la transformación que hacen las ocho desmotadoras que sobreviven en la comunidad y que tienen una capacidad para 300.000 toneladas.

El algodón andaluz vive en un constante proceso de adaptación, siempre dirigido por las normas europeas. En este sentido, el portavoz de UPA-Andalucía, Miguel García, desgranó que el mayor logro del sector era haber conseguido una mayor producción con menos recursos, dado que la fibra andaluza se produce con un 60 por ciento menos de fitosanitarios y un 40 por ciento menos de fertilizantes y de agua. Logros que se unen a la eliminación total del plástico. Por eso, García fue contundente al reclamar que el único camino que tiene el algodón es «vigilar la calidad», dado que no se puede competir con otros países «ni en precio ni en volumen de producción».

Las siguientes metas son las de la investigación y la innovación. De ahí que el presidente de la Asociación Interprofesional del Sector Algodonero, Dimas Rizzo, insistiese en la necesidad de probar nuevas variedades «con una mayor resistencia a plagas (cada vez más frecuentes a causa del cambio climático), con menos necesidades hídricas (ante los problemas de agua a causa de la sequía) y más productiva».

No obstante, el reto a corto plazo del sector es terminar de cuajar la interprofesional para poder defender los intereses de los algodoneros ante la futura reforma de la Política Agraria Común. El arranque definitivo de la asociación, que se creó hace dos años, está a la espera de llegar a un consenso con las cooperativas en relación a la representación de los agricultores.

TURQUÍA, PRINCIPAL DESTINO

India, China y Estados Unidos copan el 60 por ciento de la producción total, liderando así el sector. Con más de 11 millones de hectáreas dedicadas al cultivo, India es la principal productora, sin embargo, sus rendimientos no son tan buenos, ya que la producción se asemeja bastante a la china, con algo más de 3,5 millones de hectáreas. Sin embargo, con poco más de 300.000 hectáreas en conjunto, Grecia y España han sabido colocar su fibra en los mercados internacionales. Mientras que los helenos destinan gran parte a Turquía (40 por ciento) y Egipto, el algodón cultivado en Andalucía se destina a Vietnam, Indonesia y Pakistán.


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