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El campo y su agroindustria

Innovar entre tierras milenarias de labor

La empresa carmonense Serfica propone la aplicación de nuevas tecnologías aplicadas al campo

26 dic 2016 / 08:00 h - Actualizado: 26 dic 2016 / 08:00 h.
  • Innovar entre tierras milenarias de labor
    Plantación de colza, cultivo alternativo al cereal para favorecer la agricultura de conservación. / El Correo
  • Innovar entre tierras milenarias de labor
    Primer plano de una planta de colza. / El Correo

El campo andaluz es fuente de riqueza. Ha sido motivo de luchas, de espaldarazos y vicisitudes, pero también es hoy en día una oportunidad de aplicar la tan repetida I+D+I.

Carmona siempre ha sido referente en la provincia desde hace más de 5.000 años. Con una extensión de más de 900 kilómetros cuadrados, tierras hay para innovar en su fértil vega. Es tal la extensión que desde lo más alto del alcor se divisa en días claros Osuna, Marchena, Fuentes, Paradas, Arahal o Morón. Un lugar que ofrece innumerables posibilidades.

Hace más de 25 años que Serfica, empresa local gestionada por Francisco Javier Jiménez, se dedica a la comercialización de productos fitosanitarios, asesoría técnica a agricultores así como a la aplicación de modernas técnicas de cultivo. Su fundador afirma que ya entonces «inspeccionábamos y poníamos a punto los pulverizadores para hacer aplicaciones de fitosanitarios de forma correcta. Hoy en día es obligatorio que las máquinas de aplicación (pulverizadores), tengan pasada la inspección técnica para equipos de aplicación de fitosanitarios, Iteaf, que básicamente consiste en lo que ya veníamos haciendo desde entonces». Esos fueron sus orígenes.

Dar un mejor servicio diferenciado con respecto a la competencia, con el objetivo de dar un soporte técnico especializado y fidelizar a sus clientes, «es lo que nos ha hecho introducirnos en el mundo de la innovación agrícola», indica Jiménez. Y su particular empeño es ahora seguir siendo referentes en la innovación.

El concepto de agricultura de precisión es sencillo y se resume en «hacer lo que hay que hacer en aquellas zonas en las que hay que actuar, en el momento que haya que actuar, pero de forma automática». En definitiva, ir al milímetro para aumentar la productividad del campo con el menor número de recursos posibles.

Pero, ¿cómo se lleva a cabo este proceso? Jiménez indica que en primer lugar, «se realiza la toma de datos; justo después realizamos el análisis de los mismos, estudiamos las actuaciones a realizar para, por último, ejecutarlas». Es en la fase de datos, donde comienza la innovación con «tractores guiados por GPS, las imágenes satelitales, aviones tripulados o el último avance: los drones». La aparición de estos instrumentos, indica Jiménez, «ha sido una gran aportación a nuestra agricultura de precisión, pues nos permite llegar a sitios impensables anteriormente».

También se están utilizando equipos de última generación que de forma automática ejecutan las actuaciones en la zonas adecuadas para la aplicación de abonos o fitosanitarios. Desde Serfica están apostando por la «obtención de mapas de rendimiento, de imágenes por satélite, analíticas de suelo, manejo de la cámara de presión o los drones, con nuestros respectivos permisos para ello», indica Jiménez.

Quizás uno de los elementos más interesantes y por los que universidades de otros lugares como Córdoba se han interesado ha sido sin duda la elaboración de mapas de rendimiento, que tan buen resultado les está dando a los miembros de Serfica. Jiménez explica que estos mapas «están elaborados a partir de la información aportada por un monitor de rendimiento instalado en una cosechadora, el cual nos indica cuáles son las producciones obtenidas de forma diferenciadas dentro de una misma parcela».

Con este método, la aplicación del abonado se realiza, también, «de forma diferenciada en la misma zona definida anteriormente por el mapa de rendimiento». Justo después, «se consiguen imágenes aéreas, bien procedentes de satélites, bien procedentes de drones que nos den el mapa con los índices de vigor en las distintas zonas de la parcela, indicativo este que nos da pie a estudiar los motivos de las diferencias zonales, corrigiendo, si es posible, esa situación, en el abonado de cobertera».

Otra de las técnicas llevadas a cabo para aumentar la fertilidad de los suelos es la denominada agricultura de conservación. En ella, según explica Jiménez, «se instauran técnicas de no laboreo a fin de conservar el suelo, aumentar niveles de fertilidad provocado por la aportación de los restos de cultivo del año anterior y posterior siembra sobre estos restos. Consiste en cambiar drásticamente las técnicas tradicionales de cultivo instaladas desde la época de los romanos, con el objetivo final de producir lo mismo con menores costes, algo que en la actualidad está totalmente contrastado».

Los problemas que tiene este sistema «consisten básicamente en tener la maquinaria adecuada y el cambio cultural entre los agricultores. Agronómicamente es una técnica viable», incide Jiménez.

Además de la cámara de presión, citada anteriormente, el cuarto punto fuerte en el que descansa esta I+D+I del campo carmonense y cada vez más, del campo andaluz y español, es el cultivo de la colza. La introducción del mismo en los secanos de Andalucía «viene motivada por la necesidad de tener un cultivo alternativo junto al cereal y que se desarrolla en un periodo del año en que se pueda aprovechar el agua procedente de la lluvia», indica Jiménez.

El fundador y director de Serfica, perteneciente a la cooperativa Seagro, añade que «con este planteamiento no hay muchos cultivos que se amolden a estas circunstancias, si bien es verdad que van apareciendo cultivos como la quinoa, pero que aún le queda mucho por terminar de despegar. La remolacha podría ser otra alternativa, pero no está muy contemplada en los secanos por la propia industria azucarera».

El girasol es la alternativa referente a la colza, pero con un periodo de cultivo que con una media pluviométrica de 158 milímetros, más la reserva que pudiera quedar en el suelo, y sobre todo en determinados terrenos arenosos, «con poco potencial productivo, queda muy limitado, y hace que el agricultor tenga necesidad de una alternativa distinta y es aquí donde entra la colza», dice Jiménez.

Las nuevas variedades con tecnología clearfield (resistencia a determinados herbicidas) «solucionan uno de los grandes problemas que tenía el cultivo, que no era otro que la invasión de malas hierbas en los campos de colza», asevera el ingeniero técnico agrícola. Unido a esto, las nuevas variedades como Omega 9 «aportan un aceite de gran calidad, demandado por la industria, que contrata las producciones de esta colza dando un plus económico y de estabilidad en cuanto al tema de la comercialización del agricultor».


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