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Marcaje al empresario

«La gente cada vez valora más el producto fabricado en España»

La firma de triciclos eléctricos bikelecing conquistado a grandes firmas con su apuesta por la movilidad sostenible

02 jun 2017 / 14:25 h - Actualizado: 04 jun 2017 / 08:22 h.
  • Víctor Puig comparte sociedad en Bikelecing con Diego Jiménez. / Teresa Roca
    Víctor Puig comparte sociedad en Bikelecing con Diego Jiménez. / Teresa Roca

—Su historia con la bicicleta viene de lejos...

—El nexo de unión con Diego Jiménez, el otro socio de Bikelecing, es la bicicleta. Nos conocemos desde pequeños y siempre montábamos juntos en bici. Pero nos separamos porque estuve viviendo fuera muchos años. Empecé a estudiar ingeniería cuando era mayor y cuando acabé la carrera me volví a encontrar con él. Por entonces, Diego estaba haciendo trabajos de soldadura y nos planteamos hacer una bicicleta de descenso. Lo hacíamos por hobby y como cada uno trabajaba por su cuenta no le dedicábamos el tiempo para buscar negocio.

—Entonces, ¿cómo se convierte esa afición en negocio?

—En 2013, por casualidad, un directivo de Lipasam fue a ver a Diego a su tienda, donde vendía triciclos de otro fabricante. Estuvo muy hábil y le explicó que tenía un amigo ingeniero y que habíamos hecho una bicicleta. En aquel momento no éramos socios, pero le dijo que si quería le hacíamos un triciclo a medida, y así fabricamos un prototipo. Entonces ya no valía ser dos amigos que fabricaban por afición, tuvimos que constituir la sociedad. Hasta la fecha Diego soldaba en el lavadero de su abuela y yo diseñaba en mi casa.

—Desde aquel primer pedido, ¿cómo ha crecido Bikelecing?

—Actualmente tenemos tres líneas de negocio. Por un lado están los productos BKL. Como BKL Prolimp, el de limpieza que utiliza Lipasam; o BKL Box, que lo están usando para prestar servicio empresas como Seur, DHL y que está en prueba para Correos. Dentro de esta misma línea también tenemos el modelo Worker, que se usa para el mantenimiento de plantas industriales; así como el triciclo Casual, para el uso particular; y el BKL Tour, un moderno de tuk-tuk, de los que ya hay diez funcionando en Sevilla. La segunda de las líneas es BKL Custom, en la que el cliente nos dice qué quiere y nosotros se lo hacemos a medida. Por ejemplo, ahora estamos haciendo cinco triciclos para la fábrica de Heineken en Sevilla, estos vehículos se basan en el modelo Worker, pero con un cajón trasero personalizado. También hemos fabricado uno adaptado para el transporte de barriles de cerveza de Cruzcampo, otro para repartir pan o uno para la recogida de cartones. La última de las líneas de negocio es BKL Factory, en la que ofrecemos un servicio de consultoría, ingeniería y ensamblaje a aquellas personas que tienen una idea pero no tienen los recursos para desarrollarla. En ese caso, firmamos un acuerdo de confidencialidad para proteger la idea del cliente.

—¿Qué línea de las tres tiene más peso en la facturación?

—BKL, con un 60 por ciento. No obstante, muchas grandes empresas quieren un producto personalizado, por eso BKL Custom ronda el 30 por ciento del volumen de negocio. La que menos peso tiene es la línea Factory, sobre un 10 por ciento.

—¿En qué ciudades circulan ya sus vehículos?

—Por Barcelona, Valencia, Córdoba, Granada, Tenerife, Hernani (País Vasco)... Próximamente entregamos dos triciclos a Madrid. También estamos en la ciudad portuguesa de Seixal y en Londres.

—¿Cuándo se produjo su salto al extranjero?

—El año pasado enviamos por primera vez a Portugal y Londres. Ahora estamos trabajando para expandirnos y este mes estaremos presentes en una feria en Holanda para mostrar el producto. Nuestro objetivo es llegar a los mercados alemán y holandés; luego, en función de los resultados, veremos si podemos abarcar otros mercados.

—¿Hay competencia china en este mercado?

—Sí, pero no hay que tenerle miedo. Que estén es bueno y nosotros tenemos que demostrar que tenemos un producto muy competitivo en términos de calidad, plazo, servicio y adaptado a la demanda concreta de nuestros clientes. Creemos que la gente cada vez valora más el producto fabricado en España. Aunque, es verdad, que ahora el producto chino no es malo, no es como antes, pero la gente valora nuestra calidad y servicio posventa. No es sólo comprar y usar, también hay que mantener. Lo que sí es cierto es que cuesta ser competitivo; en China trabajan con mucho más volumen y la realidad es que los estatutos de los trabajadores no están globalizados. Pero tenemos un producto que nos diferencia, de mucha calidad y prestamos un buen servicio adaptado a las necesidades de nuestros clientes.

—¿Cree que habrá una burbuja de la movilidad sostenible o realmente hay una mayor concienciación?

—Nosotros esperamos que haya un crecimiento en los próximos años. Hoy en día las empresas están más concienciadas con el medio ambiente y, sobre todo, cada vez hay más restricción en materia de movilidad, prohibiendo el acceso a los centros históricos de las ciudades. Cada vez hay más demanda. En 2017 hemos notado que suena mucho el teléfono, la gente se interesa y pregunta. Y ojalá podamos transformar todas esas llamadas en ventas.

—¿Cómo ha evolucionado el negocio desde que empezaron?

—El crecimiento ha sido muy lineal, en torno a un 10-15 por ciento anual. Creemos que lo estamos haciendo bien y para este año queremos cerrar con un crecimiento del 25 por ciento.


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