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«Nos piden que seamos más competitivos, pero no nos dan las armas»

Junto a su hermano Carmelo, crearon a principios de los años 2000 la única empresa que en España fabrica vaso de foam, los que se usan para transportar café. Ahora están intentando llevar su producto estrella a países como Portugal, Israel y Francia

19 mar 2017 / 09:15 h - Actualizado: 19 mar 2017 / 09:16 h.
  • Luis María y Carmelo Gómez, fundadores de Gallegoplast. / El Correo
    Luis María y Carmelo Gómez, fundadores de Gallegoplast. / El Correo

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{¿Cómo nació Gallegoplast?

—La empresa como tal nació en el año 2003, pero mi hermano y yo arrancamos con la empresa familiar en los años 80. Al principio nos dedicábamos a fabricar y vender fregonas y bayetas a almacenes. Poco a poco lo fuimos dejando y a principios de los 90 empezamos a trabajar el cuadro de decoración, hacíamos portafotos y espejos, y ya en 2003 pensamos en ampliar la empresa y optamos por diversificar. Vimos una oportunidad en el desechable y fundamos lo que hoy en Gallegoplast, aunque nuestros productos los comercializamos bajo la marca Campisol.

¿Qué productos fabrican?

—Empezamos fabricando con el vaso de tubo y otros productos de un solo uso y en 2014 abrimos una nueva línea con el vaso de foam. En Andalucía somos los únicos que fabricamos vasos y platos de plástico, y el vaso térmico, los únicos a nivel nacional. Nos está abriendo muchas puertas y nos ha ayudado a vender más platos, porque no hay tanta competencia, la que tenemos es la que entra por importación.

Intentan mantener viva la industria del desechable en España.

—Esa es nuestra lucha. La mayoría de empresas ha cerrado. En España, sólo quedamos tres fabricantes: uno en Barcelona, otro en Zaragoza y nosotros.

A nivel mundial, ¿dónde está su competencia?

—Viene mucho de Turquía. Entra sin aranceles, con bajo peso y muy barato, y no se le exigen los registros sanitarios que nosotros tenemos que pasar. Deberían de proteger un poco más la industria nacional, a los que fabricamos aquí. Pero, ¿quién le exige los controles? Aunque tenga la documentación de aduanas, pasan. Los chinos han estado muchos años tirando precios, pero ahora están más caros. Ahora mismo los chinos europeos son los turcos. La mano de obra también es más barata. Y aquí, por ejemplo, el coste es mayor, la luz cada vez la suben más, debería de aplicarse una tarifa eléctrica para la industria. Sin embargo, es más caro. Y en los escandallos, ahora mismo, la parte eléctrica influye mucho. Se habla mucho de que la industria tiene que ser más competitiva pero no nos dan las armas para serlo. Te suben los impuestos, la electricidad, el transporte...

Mientras tanto, ¿cómo hacen frente al coste eléctrico?

—Uno de nuestros proyectos es intentar aplicar nuevas tecnologías y utilizar máquinas de bajo consumo.

¿En qué consisten los registros sanitarios?

—Todo producto que tenga contacto con alimento requiere una seguridad, unos materiales específicos de uso alimentario, te exigen unos análisis migratorios para ver qué cantidad de material se traspasa al alimento. Nosotros, por ejemplo, estamos un 80 por ciento por debajo de lo que permite la ley. Son productos autorizados porque los análisis demuestran que no alteran el producto ni entraña un perjuicio para la salud. Por ejemplo, en el poliestireno expandido (con lo que se fabrica el vaso es térmico o de foam) la migración es cero.

¿Cómo les afectó la crisis?

—Como la empresa era de reciente creación fuimos abriendo mercado poco a poco. Lo mismo crecíamos un 3 ó 4 por ciento al año. Ahora, desde 2014 hasta hoy, venimos creciendo un 15 por ciento anual. Por ejemplo, sí lo notamos en la parte de los cuadros. Como cayó la construcción dejaron de venderse portafotos y cuadros.

¿Quiénes son sus principales clientes?

—Los cash&carry, los supermercados, almacenes de bebida.

Además de comercializar sus productos con la marca Campisol, ¿trabajan también para marca blanca?

—Si el cliente nos lo pide, se lo fabricamos con su propia marca. También sin ningún tipo de referencia. Pero pesa más nuestra marca.

¿Han salido al extranjero?

—Desde hace tres años estamos trabajando para abrirnos mercado fuera, por lo menos, los más cercanos. En Extenda nos asesoraron y actualmente exponemos en Holanda en la PLMA y allí hicimos varios contactos. Hemos empezado a exportar a Portugal y a Israel. En Francia estamos a punto de cerrar una operación.

¿Se ha quedado pequeño el mercado español?

—No es pequeño, sobre todo si se tiene en cuenta todo lo que entra de importación, pero apostamos por exportar porque el vaso de foam, ni en Portugal ni en Marruecos se hace. Además queríamos apostar por mercados que apreciaran la calidad, aquí se venden los platos de Turquía que pesan 2 gramos, que para que te aguante el peso de un plato de paella tienes que utilizar tres o no resiste el calor y se derrite al echar un filete, pero nos los nuestros pesan 8. Nuestra diferencia está en la calidad, y nuestros clientes la aprecian. Es mayor la diferencia de calidad que en el precio, a lo mejor solo varía en un 15 por ciento, pero hablamos de paquetes que valen 30 céntimos, eso no es diferencia y el consumidor lo agradece. Pero sobre todo queremos salir con el vaso de foam.

Si traducimos la empresa en números...

—Ahora mismo tenemos 16 trabajadores, más una red comercial de diez personas. Y 2016 lo hemos cerrado con una facturación por encima de los 2,5 millones de euros.

¿Por dónde pasa el futuro de la empresa?

—Uno siempre tiene ideas en la cabeza. Lo más próximo es seguir ampliando la gama de foam, con más modelos. ~


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