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Otra manera de construir es posible

Una plataforma se anticipa a Europa y propone edificios con un consumo casi nulo de energía

11 nov 2016 / 09:19 h - Actualizado: 12 nov 2016 / 16:20 h.
  • , casa en construcción en el municipio de Écija. / El Correo
    , casa en construcción en el municipio de Écija. / El Correo

El 40 por ciento del consumo total de energía que se produce en Europa corresponde a los edificios. De ahí que Bruselas aprobase en mayo de 2010 una directiva para contribuir a mitigar el cambio climático que básicamente obliga a los Estados miembros a que los edificios de nueva construcción que se levanten a partir de 2018 (en el caso de los públicos) y de 2020 en el supuesto de obras privadas tengan un consumo energético casi nulo.

Con el retraso que habitualmente acompaña al proceso de transposición de las directivas europeas, ni siquiera la Comisión Europea ha sido capaz de definir aún cuáles deben ser los parámetros que deben regir la nueva edificación, lo que está provocando que los países –que tienen libertad para determinar sus parámetros– tampoco sepan bien a qué atenerse para ir adaptando sus normativas con objeto de cumplir.

Sin embargo, existe una asociación internacional sin ánimo de lucro, la Plataforma de Edificación Passivhaus, que abrió su delegación en Andalucía en el año 2008, y que persigue promover la formación entre profesionales y divulgar que otra manera de construir, sin necesidad prácticamente de consumir energía, es posible. Y defienden que ni es mucho más costoso de construir y que supone un considerable ahorro tanto medioambiental como para el bolsillo.

«Se requiere de un nuevo paradigma de construcción. Antes se trabajaba más rápido y con prisas; ahora se requiere un trabajo más detallista, más concienzudo y para ello es necesaria la formación en toda la cadena de valor», explica Diego Benítez, delegado de la plataforma de construcción sostenible en Andalucía.

Ante la inconcreción de las instituciones, Passivhaus ha optado por adelantarse y marcar sus propios criterios de eficiencia, con los que trata de servir de referencia a aquellos que no quieren que sus proyectos queden obsoletos en apenas pocos años. «Se trata de un estándar que se basa en varios pilares: la mejora de los aislamientos, impedir los puentes térmicos, edificios muy herméticos y con sistemas de ventilación natural». En concreto, explica, los límites marcados establecen un consumo de 15 kw/hora por metro cuadrado de superficie y año tanto en climatización como en calefacción, mientras que fijan en 120 kw/h por metro cuadrado el consumo total de energía primaria del hogar, reseña Benítez.

La primera casa Passivhaus de España se construyó en Granada, pero no es el único ejemplo. En la provincia de Sevilla se pueden encontrar varias muestras de esta construcción responsable. Como el edificio que firma el estudio de arquitectos sevillano Castaño y Asociados y que se convertirá en un centro de Emergencias y Formación Profesional del Samu, proyecto «emblemático» en Gelves de más de 5.000 metros cuadrados que está pendiente de la licencia de obras, explica el arquitecto Juan Manuel Castaño, y que se convertirá en el primer edificio no residencial en certificarse como edificio Passivhaus Andalucía.

Un proyecto de este estudio ha sido galardonado en el III Concurso Iberoamericano Passivhaus, una casa que combina elementos modernos con tradicionales como un patio, una montera que permite la ventilación nocturna y se cierra con vidrio en invierno para permitir la radiación solar.

Gran potencial, además, para los parques de vivienda social porque cumplirían un doble objetivo. «Con este enfoque, más que ahorro, lo que conseguimos es la solución a muchos problemas de humedades y mitigamos la pobreza energética», precisa Castaño, quien cifra en un 70 por ciento el ahorro en la factura energética por apenas un incremento de entre el 3 y el 5 por ciento en la inversión.

Emvisesa, empresa municipal de la vivienda de Sevilla, ya ha mostrado su interés en esta propuesta. En Sevilla no hay un nivel de confort adecuado en los hogares. «Pasamos frío en invierno y calor en verano» porque las construcciones antiguas no se aislaban ni acondicionaban adecuadamente. Lo que no tiene sentido, insiste Benítez, es «consumir poca o ninguna energía a costa de no tener confort», abunda. Hay otras administraciones, como las comunidades de Navarra y del País Vasco, que ya han hecho suyos los estándares de Passivhaus.


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