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Marcaje al empresario

«Sea la hora que sea en el mundo, estamos trabajando»

La unión de la tradición con la más actual de las vanguardias sitúa a la cabeza de las pinturas y morteros de cal a esta empresa oriunda de El Viso del Alcor. Un proyecto que nació en plena crisis y que ya está presente en más de un centenar de países

14 may 2016 / 20:24 h - Actualizado: 14 may 2016 / 22:25 h.
  • Antonio León e Isidoro Gordillo en la sede de Graphenstone, ubicada en El Viso del Alcor. / M. M.
    Antonio León e Isidoro Gordillo en la sede de Graphenstone, ubicada en El Viso del Alcor. / M. M.

sevilla

{¿Cómo y cuándo nace Graphenstone?

—Parte de la idea de poner de nuevo la cal en el mundo y darle la importancia que tenía. Nuestra ilusión era que la cal y los morteros tuvieran el valor de antaño, pero nos encontramos que se habían perdido los aplicadores y muchos conocimientos. Empezamos a investigar la manera de facilitar la aplicación pero con unas pautas muy marcadas: nada de síntesis, nada de resina y nada de componentes químicos. Por mucho que se investigaba teníamos una pintura pero no conseguíamos tener esa estructura, esa fuerza que le hacía falta. Entonces tropezamos con el grafeno, que era un material muy novedoso y con el que ya se podía trabajar industrialmente. Corría el año 2008.

—¿Qué valor ofrece el grafeno a sus productos?

—La base es cal artesanal en horno de leña que luego armamos estructuralmente con grafeno para darle más fuerza. En un principio probamos con fibra de carbono pero no llegábamos donde queríamos y fortuitamente nos topamos con el grafeno. A partir de ahí, conseguimos que una empresa española, Graphenano, nos enviara muestras para probar. Tras muchos ensayos, creamos un producto totalmente nuevo. Hemos ido desarrollando un material único y novedoso que puede ser competitivo con los mejores productos de su categoría, que llevan en el mercado más de doscientos años.

—¿Dónde está la diferencia?

—La cal le aporta transpirabilidad, durabilidad y conducción térmica. Sin embargo, dicho componente tenía algunas carencias que se han suplido con el grafeno, el cual crea una especie de malla protectora que hace de este material uno de los más fuertes del mundo.

—¿Qué productos tienen en cartera?

—Hay dos secciones: una de pintura y otra de morteros. Además contamos con una de concentrados para desarrollar otros productos en distintos sectores de la industria, como la naval, la química, etc...

—¿Les costó posicionar un producto tan novedoso?

—Graphestone se presentó en 2013 y la noticia empezó a correr rápidamente. Nos fueron llamando de diferentes países e iniciamos los procesos de certificación del producto porque no podías colocarte en algunos países sin el valor de las certificaciones. Esa ha sido nuestra prioridad.

—¿Actualmente a qué países exportan?

—Hoy día estamos en 58 países comercializando con stock y en 63 con distribución. Nuestros representantes trabajan desde Australia hasta Chile y tenemos oficinas propias en Tokio, Seúl, Panamá, Dubai, Munich, Dallas y China.

—¿Qué supone el mercado exterior en cuanto a ventas?

—En torno a un 80 por ciento de las ventas son al extranjero, y seguimos creciendo porque el mundo cada vez es más grande.

—¿Cómo ha sido la proyección de la empresa?

—En el año 2013, cinco años después de arrancar, teníamos una facturación de 200.000 euros y el año pasado lo cerramos con dos millones. La previsión para este año es de cinco millones de euros. En cuanto a números de trabajadores, comenzamos con uno, en 2013 éramos tres y ya somos 38. Lo que más nos enorgullece es que desde las siete de la mañana en Australia hasta las diez de la noche en Chile hay personas trabajando en Graphenstone. Sea la hora que sea hay gente trabajando en el proyecto.

—¿Qué tipo de obras se han hecho con Graphenstone?

—Al principio las obras que hacíamos eran españolas, pero ahora estamos haciendo tiendas a una multinacional con la que hemos llegado incluso a Broadway. También hemos hecho actuaciones en Cartagena de Indias, en el casco histórico de Bogotá o campos de fútbol en Bélgica. Ahora vamos a empezar proyectos en Estados Unidos y colegios en China, porque el gobierno de allí está apostando por aires puros, algo que le ofrecen nuestras pinturas por ser ecológicas.

—¿Fue difícil emprender en tiempos de crisis?

—Nos hemos dado cuenta de que creyendo en nosotros era posible. Es un orgullo ver crecer un proyecto en el que hemos apostado tanto. Bendita crisis, porque gracias a ella nos dimos cuenta que había que romper con lo que había y buscar otras alternativas. Éramos un calero y un químico que teníamos las fábricas paradas, teníamos tiempo para dedicarle, no teníamos deudas y buscamos otros recursos.

—¿Cuáles son sus previsiones de futuro?

—Nuestro objetivo es cerrar 2020 con una facturación de 100 millones de euros. En términos laborales, nos gustaría crear unos cincuenta puestos de trabajo. Es un objetivo lógico porque es un producto nuevo, joven y la obra nueva se está reanimando. ~


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