domingo, 26 marzo 2017
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El año del bloqueo

Resumen. Los partidos políticos no lograron un acuerdo tras los comicios de 2015 y hubo que repetir elecciones en 2016. El «no es no» de Pedro Sánchez ha dejado un PSOE dividido y en manos de una gestora

31 dic 2016 / 06:52 h - Actualizado: 31 dic 2016 / 08:29 h.
  • El año del bloqueo

2016 será recordado como el año del bloqueo político y en el que hubo que recurrir a unas segundas elecciones, y por muy poco no llegaron las terceras, para que el Congreso de los Diputados eligiera un presidente del Gobierno. En esta caso, Mariano Rajoy (PP), que resultó ganador en las dos citas electorales.

Concretamente, el año del bloqueo político con un Gobierno en funciones transcurrió de el 27 de octubre de 2015 cuando se disolvieron las Cortes Generales de cara a las elecciones del 20 de diciembre de ese mismo año hasta que Rajoy fue investido presidente el 29 de octubre de 2016 tras 314 días intentado alcanzar un acuerdo que le permitiera formar Gobierno. Finalmente fue posible gracias a la abstención de buena parte de los diputados del PSOE, una decisión que ha dejado el partido completamente fracturado y en manos de una gestora tras la dimisión del que fue su líder y candidato en las dos elecciones, Pedro Sánchez, y al voto favorable de Ciudadanos y Coalición Canaria. Desde el 20 de diciembre, Sánchez defendió su «No es no» contra el Gobierno de Rajoy hasta que finalmente muchos socialistas defendieron que bajo esa premisa el país estaba abocado a unas terceras elecciones porque la aritmética no daba para más opciones de Gobierno.

Sin embargo, tras las primeras elecciones Sánchez se sometió a dos votaciones de investidura en el Congreso, –ambas con resultado negativo– después de que Rajoy declinase el ofrecimiento del rey, Felipe VI, para que se sometiera él dado que había ganado las elecciones y podría tener los apoyos suficientes.

Lo que intentó el ex líder socialista es alcanzar el palacio de la Moncloa poniendo de acuerdo a Podemos y Ciudadanos, dos fuerzas antagónica que en ningún momento acercaron posturas, aunque el líder de C’s, Alberto Rivera, sí firmó un pacto de Gobierno con los socialistas que finalmente quedó en papel mojado ya que no contaron con el voto de Podemos. Su líder, Pablo Iglesias, rechazó el acuerdo dado que no se le garantizaba una presidencia del Gobierno, como había solicitado a Pedro Sánchez, además de los ministerios de Economía, Defensa, Educación, Justicia, Interior así como el control de Radio Televisión Española.

Como no hubo solución, los españoles fueron llamados de nuevo a las urnas el 26 de junio. El PP volvió a ganar las elecciones e incluso logró 14 diputados más (137). El PSOE, por contra, bajó de 90 a 85 escaños. Podemos, en confluencia con Izquierda Unidas bajo la denominación de Unidos Podemos, alcanzó los 69 escaños y Ciudadanos pasó de 40 a 32 diputados. Con estos resultados en la mano, los acuerdos seguían siendo imprescindibles para que España pudiera tener de nuevo un Gobierno pero Pedro Sánchez insistía en su negativa a Rajoy, que tenía el voto favorable de Ciudadanos, por lo que todo se encaminaba a unas terceras elecciones si no había un cambio de postura en las filas del partido socialista.

Finalmente, y tras un polémico Comité Federal que terminó tumbando a Sánchez como secretario general, el partido quedó en manos de una gestora que se posicionó a favor del desbloqueo político y que los diputados se abstuvieran en la sesión e investidura de Rajoy. Aunque muchos siguieron votando no, las abstenciones fueron suficientes para que el líder del PP fuera proclamado, en segunda vuelta, presidente del Gobierno.

Tras esta crisis, el PSOE ha quedado completamente dividido en torno a Sánchez y a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, quien nunca fue partidaria de Sánchez y se postula como candidata con serias opciones de ser la próxima secretaria general del partido socialista.

Las últimas elecciones también han dejado al mando de un país a un Gobierno sin los apoyos suficientes en el Congreso, lo cual obligará a los populares a negociar punto por punto todas las leyes que quiera sacar adelante con el riesgo de que todas sus iniciativas sean tumbadas una tras otras si no satisfacen al resto de partidos de la Cámara. Y la prueba del algodón de si este Gobierno podrá gobernar será conocer si hay una mayoría suficiente para aprobar los presupuestos del próximo año. Lo verán en el primer trimestre del próximo año.


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