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Elecciones Municipales 2019

El preocupante entuerto de Barcelona avinagra todo el menú de pactos

Fin al periodo del «nunca jamás». Después de haber exasperado a la ciudadanía durante muchos meses, se abre oficialmente la temporada de baños... de realismo

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
28 may 2019 / 08:53 h - Actualizado: 28 may 2019 / 10:41 h.
  • Ada Colau y Miquel Iceta. / EFE
    Ada Colau y Miquel Iceta. / EFE

Se acabó el periodo del “nunca jamás”. Cambio de argumentario. Comienza la quincena de los pactos. Están de rebajas los 'cordones sanitarios', ahora toca la 'geometría variable'. Después de haber exasperado a la ciudadanía durante muchos meses, queriendo polarizarla con proclamas frentistas hasta un nivel de irreconciliable encono forofero, se abre oficialmente la temporada de baños... de realismo. Al calor de tanto poder en juego (municipal, autonómico y nacional) y teniendo que adaptarse a la escasez de mayorías absolutas porque la sociedad se retrata plural en las urnas. Ni 24 horas han tardado en salir a la palestra algunos dirigentes locales, regionales o estatales de PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos para empezar a borrar las “líneas rojas”, para sugerir excepciones a la regla de no coaligarse con el antagonista, y para esgrimir que no se den por seguros pactos con los afines.

Ya lo dijimos semanas antes del 'superdomingo': lo más importante de todo lo que sucediera en España en la triple cita era el resultado de los comicios en el Ayuntamiento de Barcelona. Es muy preocupante que la dinámica victimista esté haciendo furor en Cataluña, que la aculturación en las escuelas y medios de comunicación subvencionados esté fraguando un pensamiento único, que lo guay sea votar como héroes a Puigdemont y Junqueras en todas las convocatorias a parlamentos y como estrategia de desafección a España y burla a su Estado de Derecho. La victoria de Esquerra Republicana en las municipales barcelonesas, con un neoconverso radicalizado como el ex socialista Ernest Maragall, que quiere convertir el Ayuntamiento en la Generalitat bis para imponer la deriva independentista, es otra muestra del fracaso y pusilanimidad de la Cataluña que se siente española. Ya era momento histórico, ante la permanente actitud de insumisión desde los ayuntamientos que controlan los secesionistas, para haber presentado en mayo de 2019 candidaturas conjuntas entre PSOE, Ciudadanos y PP. Y ya no caben más dilaciones para que en la próxima 'refundación' de Podemos, si Ada Colau y Pablo Iglesias mantienen algo de poder en Barcelona y Madrid tras sus rotundos fracasos, dejen de ser los emperadores de la ambigüedad que favorecen siempre la reaccionaria coartada del secesionismo catalán, puro supremacismo, pura casta, puro uso inmoral de las arcas públicas. Como en la vida a veces hay que elegir entre Guatemala y Guatepeor, es crucial un pacto para que los independentistas no gobiernen el Ayuntamiento de Barcelona.

Los tertulianos que analizan España desde el microcosmos matritense definieron como “pacto a la andaluza” el acuerdo de gobierno de coalición del PP con Ciudadanos, y de investidura del PP con Vox, para que Moreno Bonilla pudiera ser presidente de la Junta de Andalucía sin que en Ciudadanos, ávidos de llevarse bien con el liberalismo europeo de Macron, se sentaran a negociar con la derecha integrista que admira a Marie Le Pen. Pronto lo van a tener difícil para atribuirle denominación de origen “a la andaluza”, “a la riojana”, “a la castellana”, “a la navarra”, “a la madrileña”, etcétera, a la gran variedad de pactos que se intentarán cocinar tras los primeros días de indirectas, tanteos y globos sonda. Tan llamativos como las insinuaciones a dejarse querer en Canarias entre el PSOE y el PP para gobernar juntos y poner fin a 26 años de hegemonía de Coalición Canaria en el poder autonómico. Es más probable que siga la tónica dominante y los regionalistas canarios conserven el mando en plaza jugando a casarse con el mejor postor.

Ciudadanos

La gran novedad en las estrategias de pactos es la decisión de Ciudadanos de asumir áreas de gobierno en cualquier nivel de Administración Pública. Dejan atrás la etapa en que el criterio era apoyar a la lista más votada para dar estabilidad y evitar la repetición de elecciones, ya fuera al PP en Madrid o al PSOE en Andalucía, negociando políticas pero sin ocupar cargos. El partido 'naranja' ha crecido en los últimos cuatro años pero a un ritmo más lento que el de sus expectativas, y su implantación territorial es aún muy desigual. Ahora se van a adentrar en las oportunidades y amenazas que depara ser partido bisagra. Porque lo usual es, en las siguientes elecciones, el incremento en el porcentaje de votos para el partido que encabeza ese gobierno local o regional, al capitalizar a ojos de la opinión pública el balance de gestión, mientras que el socio queda en peor posición electoral.

Si el eje doctrinal a seguir fuera el de la regeneración democrática y la saludable alternancia, Ciudadanos pactaría con el PSOE que Gabilondo y Aguado encabezaran un gobierno de coalición en la Comunidad de Madrid, que ha sido una administración pública gravísimamente afectada por la corrupción sistémica y el capitalismo de amiguetes. Desde el soborno en 2003 a dos parlamentarios socialistas para que el PP de Esperanza Aguirre llegara al poder, a todas las tropelías por las que están en prisión el ex presidente Ignacio González y el ex vicepresidente Francisco Granados. Sin embargo, en el debate nacional ya se pasa por alto el criterio básico de la ejemplaridad y de asumir responsabilidades políticas por la gran cantidad de dinero del contribuyente que se pierde a la hora de vertebrar de modo inmoral la realización de obras públicas y la concesión de servicios. Ahora todos los cabildeos se centran en escrutar qué puede convenir a Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias para fortalecer sus respectivos liderazgos en sus partidos. Y pudiera ser coherente que el PP y Ciudadanos llegaran a acuerdos en la mayoría de las ciudades y regiones donde están en liza diversas opciones de pactos. Pero toda regla tiene su excepción.

Andalucía

En Andalucía, el PSOE sigue siendo el partido que domina más alcaldías, gracias a su notable hegemonía en los pequeños municipios, sobre todo de las provincias occidentales, y el PP confía en los pactos para recobrar la posición preponderante en los municipios de más de 50.000 habitantes. Pudiera ocurrir que, de las ocho capitales de provincia, el alcalde fuera del PP en cinco (Málaga, Almería, Granada, Córdoba y Jaén), dos del PSOE (Sevilla y Huelva) y Cádiz como la república independiente de 'Kichi'. Toda la recomposición de la correlación de fuerzas, influencias y contrapesos va a notarse desde mediados de junio en la estrategia del Gobierno andaluz, que ha de acelerar su toma de decisiones. Mirará de reojo el minuto y resultado de la operación de gran calado en el seno del PSOE para sustituir a la guardia pretoriana de Susana Díaz por los fieles a Pedro Sánchez cuando ambos rivalizaban con liderar el partido. Francisco Toscano, el intocable alcalde de Dos Hermanas, ha sido el heraldo de la purga. Tras el carrusel de elecciones, ahora llevarán a cabo el postergado ajuste de cuentas por haber perdido el gobierno andaluz.


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