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Medio ambiente

El uso de pesticidas en las prácticas agrícolas pone en peligro de extinción a los insectos

Los expertos pronostican que más del 40% de las especies de insectos podrían extinguirse en las próximas décadas provocando un “colapso catastrófico”

26 feb 2019 / 08:46 h - Actualizado: 26 feb 2019 / 08:50 h.
  • Las abejas llegan a polinizar una tercera parte de lo que comemos. / El Correo
    Las abejas llegan a polinizar una tercera parte de lo que comemos. / El Correo

Los insectos participan activamente en el ecosistema global del planeta, en gran parte por ser fuente de alimento esencial para muchas especies, por ser responsables de la descomposición orgánica de restos de animales, plantas y humanos, por la aireación del suelo, pero, sobre todo, por su papel vital en la polinización de las plantas.

La polinización consiste en el proceso de transferencia del polen desde los estambres hasta el estigma, donde germinará y fecundará a los óvulos de la flor, pudiéndose llevar a cabo la producción de semillas y frutos. Los insectos, o vectores de polinización, son, en la mayoría de los casos, los encargados de que dicho proceso se cumpla con éxito. La ciencia que estudia a todos aquellos insectos capaces de vincularse directamente con el sistema agrícola y modificarlo, se denomina “entomología agrícola”. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que, “alrededor del 84% de los cultivos para el consumo humano necesitan de los insectos para polinizarlos y aumentar su rendimiento y calidad”. En este proceso, las abejas son las más comunes, llegando a polinizar una tercera parte de lo que comemos, siendo esenciales en cultivos de alfalfa, almendras, manzanas, fresas, pepinos, arándanos, cebollas, calabazas, etcétera...

Pero no solo las abejas son capaces de transportar el polen, también otros insectos como los escarabajos, las moscas, las avispas o las mariposas visitan las flores y colaboran en la fecundación de la planta. Además, otros insectos como las hormigas pueden dispersar con gran éxito las semillas al perderlas en el camino de vuelta al hormiguero.

Desde hace varios años, estudios científicos han demostrado que el uso de algunos pesticidas en las prácticas agrícolas está siendo uno de los principales inconvenientes para la supervivencia y reproducción de los insectos. Ahora, un estudio de la Universidad de Sidney (Australia) publicado en la Revista Científica Biological Conservation, asegura que los insectos están amenazados en todo el mundo y su desaparición podría provocar un “colapso catastrófico”. El estudio señala que la mitad de las especies están disminuyendo rápidamente y una tercera parte está amenazada por la extinción, o lo que es lo mismo, más del 40% de las especies de insectos se extinguirían en las próximas décadas.

Los autores, Francisco Sánchez-Bayo y Kris A.G. Wyckhuys, señalan que, partiendo de que los insectos comprenden alrededor de dos tercios de todas las especies terrestres, nos encontraríamos al comienzo de la “sexta extinción masiva”, la cual afectaría “profundamente” a la vida del planeta. La investigación, que reúne los resultados de 73 estudios parciales realizados por todo el mundo, sobre todo en países desarrollados de Europa y América del norte, concluye que los principales culpables de esta situación son los cambios que se están produciendo en el hábitat y la contaminación, siendo la intensificación de la agricultura en las últimas seis décadas con el uso de pesticidas sintéticos, “la causa fundamental del problema”.

Los investigadores recomiendan cambiar las “formas de producir alimentos”, ya que “los insectos en su conjunto van camino de la extinción en unas pocas décadas” y avisan de que las consecuencias para “los ecosistemas del planeta son, como mínimo, catastróficas, ya que los insectos se encuentran en la base estructural y funcional de muchos de ellos desde su aparición al final del período Devónico, hace casi 400 millones de años”. Y es que, como decía Jonas Salk, microbiólogo descubridor de la primera vacuna contra la Polio, “si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecía toda la vida. Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años, todas las formas de vida florecerían”.

Ya en el año 2016, se hacía público un estudio nacido de la colaboración entre la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el cual mostraba que un tercio de las especies de ortópteros evaluados se encontraban amenazados e incluso en peligro de extinción.

Desde la Revista Science, Wolfgang Wägele, director del Instituto Leibniz de Biodiversidad Animal en Alemania, y sus compañeros de investigación, alertaban en 2017 sobre el descenso generalizado de insectos con el caso de la Sociedad Entomológica de Krefeld (Alemania), donde las visitas al campo constataban que la biomasa de insectos que quedaba atrapada en sus diferentes métodos de captura había disminuido un 80% desde 1989. A su vez, reconocían que establecer información más precisa sobre el declive de las poblaciones es difícil debido a la gran variedad de especies, número de individuos y su distribución.

Según estos estudios, la transformación y destrucción del hábitat es la principal causa de devastación de los insectos polinizadores. La pérdida de insectos es mayor que las que han podido sufrir aves o plantas durante los mismos periodos, lo que podría llegar a crear efectos dominó a lo largo de los ecosistemas.

El caso más estudiado es el de las abejas y los efectos que producen los insecticidas neonicotinoides sobre sus poblaciones. El informe “El Declive de las abejas”, asienta las bases de los principales estudios realizados sobre la utilización de los plaguicidas y su incidencia en la mortandad de las abejas. Las investigaciones realizadas en la abeja melífera muestran que los insecticidas, a dosis altas o bajas, pueden afectar negativamente a los polinizadores, incluso cuando no son el objetivo específico. Según el estudio, los insecticidas tienen varios efectos en las abejas melíferas, tanto fisiológicos y del desarrollo, de movilidad, navegación y orientación, en su comportamiento alimentario, como en su capacidad de aprendizaje para la eficacia del pecoreo.

El año pasado, los 28 países miembros de la UE decidían prohibir totalmente el uso al aire libre de tres insecticidas neonicotinoides utilizados en todo el mundo en cultivos de maíz, algodón, girasol y colza. En ese mismo año, científicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ya habían dictaminado que los tres pesticidas -imidacloprid y clotianidina, fabricados por Bayer, y tiametozam, de Syngenta- representaban “un riesgo para las abejas silvestres y las abejas melíferas”.

El neonicotinode Imidacloprid, ha demostrado en numerosos estudios sus efectos nocivos, incluso en dosis bajas, en el desarrollo de colonias de abejorros y sus reinas. El descenso es significativo, pues se encuentran solamente una o dos en comparación con las catorce de las colonias sin plaguicidas. Este hecho es preocupante ya que las reinas son fundamentales para la supervivencia de la colonia, pues son las únicas supervivientes del invierno y las encargadas de fundar nuevas colonias en la siguiente primavera.

Según Greenpeace, los insecticidas que deberían desaparecer por completo para evitar la exposición de abejas y otros polinizadores silvestres a todas estas consecuencias son imidacloprid, tiametoxan, clotianidina, fipronil, clopirifos, copermetrin y deltametrin.

Para algunos investigadores, la solución a la situación de vulnerabilidad de los insectos viene unida a nuevas prácticas de gestión integrada de abejas e insectos silvestres, que deberán incluir la conservación o restauración de espacios naturales o seminaturales en las tierras de cultivo, la promoción de una gran variedad de usos del suelo, además de los diversos recursos florales y de anidación. Esta “ingeniería ecológica” conservaría a los insectos naturales que, a su vez, ayudarían a reducir las posibles plagas de los cultivos.


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