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España se une contra el terrorismo

El sentimiento de unidad queda empañado por colectivos secesionistas que pitaron al Rey y al Gobierno

26 ago 2017 / 22:18 h - Actualizado: 27 ago 2017 / 18:31 h.
  • El rey Felipe; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el presidente catalán, Carles Puigdemont; y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, entre otros, durante la manifestación contra el terrorismo. / Jordi Bedmar (Efe)
    El rey Felipe; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el presidente catalán, Carles Puigdemont; y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, entre otros, durante la manifestación contra el terrorismo. / Jordi Bedmar (Efe)
  • Los Mossos d’Esquadra reciben numerosas muestras de apoyo. / Quique García (Efe)
    Los Mossos d’Esquadra reciben numerosas muestras de apoyo. / Quique García (Efe)
  • Un momento de la manifestación contra los atentados yihadistas en Cataluña. / Marta Pérez (Efe)
    Un momento de la manifestación contra los atentados yihadistas en Cataluña. / Marta Pérez (Efe)
  • Felipe VI y Mariano Rajoy . / D. Crespo (Efe)
    Felipe VI y Mariano Rajoy . / D. Crespo (Efe)

Medio millón de personas desbordaron este sábado el centro de Barcelona en una gran manifestación en contra del terrorismo tras los atentados de la semana pasada, a la que asistieron el Rey –la primera vez que un jefe de Estado va a una cita de este tipo–, el presidente del Gobierno y presidentes autonómicos, entre otras autoridades.

El sentimiento de unidad exhibido por los ciudadanos quedó empañado por colectivos independentistas con el apoyo de la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, ubicados estratégicamente en la protesta para visualizar gran número de banderas independentistas, y para silbar y abuchear al Rey y al Gobierno al principio y al final de la manifestación, cuando la Generalitat busca celebrar un referéndum para forzar la independencia de Cataluña.

Estos colectivos soberanistas se mezclaron con otros que protestaban por la política de la venta de armas, todos ellos con camisetas azules.

Todo ello generó críticas desde el PP, Ciudadanos y plataformas como Sociedad Civil Catalana, que acusaron a los independentistas de tratar de «instrumentalizar» la manifestación. En todo caso, la cabecera de la manifestación bajo el lema «No tinc por» (No tengo miedo) estuvo protagonizada por 75 representantes de los cuerpos de seguridad –Mossos, Policía Nacional, Guardia Civil y policías locales– y de emergencias, así como de entidades ciudadanas que tuvieron un papel destacado el pasado 17 de agosto en los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils (Tarragona), que causaron 15 muertos y más de 120 heridos.

El Rey, nada más llegar a la manifestación, aplaudió a los Mossos d’Esquadra de forma ostensible, en un gesto de apoyo que extendió al resto de cuerpos de seguridad y de emergencias sanitarias, saludando uno por uno a sus representantes allí presentes.

Todo ello acompañado por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont; la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau; los presidentes del Congreso, Ana Pastor, del Senado, Pío García Escudero, y del Parlament, y de la casi totalidad de los miembros del Gobierno del Estado y de la Generalitat de Cataluña.

También asistieron los presidentes autonómicos, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez –quien se saludó con la presidenta andaluza, Susana Díaz, en la recepción previa en el Palau de la Generalitat– y los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y Ciudadanos, Albert Rivera, entre otros muchos dirigentes políticos, empresariales y sindicales.

Justo detrás de la cabecera y antes de las filas destinadas a los políticos y representantes institucionales se ubicó una segunda cabecera con representación ciudadana en la que ha destacado la presencia de familiares de las víctimas de los atentados, que pudieron escuchar cómo un gran número de asistentes coreó el lema de la protesta: «No tinc por».

El lema que protagonizó la protesta contra el terrorismo, inscrito en la pancarta de la cabecera en un austero fondo blanco y letras grandes de color negro, también se coreó de forma reiterada y se pudo leer en diferentes idiomas en pancartas más pequeñas portadas por ciudadanos de múltiples nacionalidades, muchos de ellos turistas.

El Rey, Rajoy, Puigdemont y otras autoridades caminaron por el paseo de Gràcia hacia la plaza de Catalunya flanqueados por jóvenes de diferentes religiones, entre ellos una chica ataviada con el pañuelo islámico.

Para garantizar la seguridad de los viandantes se pudo apreciar a autobuses de la ciudad utilizados para cortar, atravesados, las grandes arterias viarias. Antes de acabar la manifestación se celebró un breve acto en la plaza de Catalunya para concluir la masiva manifestación, protagonizado por la actriz Rosa María Sardà y la portavoz de Ibn Batuta, Míriam Hatibi, que hicieron lecturas de unas poesías en memoria de las víctimas y en contra del terrorismo. Dos violonchelistas tocaron El cant del ocells de Pau Casals.

Dos horas después de la manifestación aún bajaban por el paseo de Gràcia, desde los Jardinets, miles de personas que atravesaban la plaza de Catalunya en dirección a La Rambla, en donde murieron 13 de las 15 víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils. La Rambla se convirtió en una riada de rosas rojas, amarillas y blancas, los colores del emblema de una ciudad que trata de recuperarse del golpe que supuso el atropello masivo.

El emblemático paseo acogió a miles de visitantes que se acercaban a dejar una ofrenda en alguno de los muchos puntos de homenaje situados a lo largo de la avenida, a punto de desbordar la acera repleta de velas, flores y objetos de homenaje.

Las ofrendas florales se multiplicaron con miles de rosas rojas, amarillas y blancas que los manifestantes depositaron en los distintos altares, las cuales fueron donadas por el Gremio de Floristas y repartidas por voluntarios.

Los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana recibieron muchas de estas rosas por parte de los ciudadanos, que convirtieron algunas de las furgonetas de los cuerpos de seguridad en jardines ambulantes repletos de rosas.


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