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Sanidad

Estimular el cerebro para quitar el hambre

Ensayan una terapia que aplica corrientes eléctricas en las áreas que regulan el autocontrol y la sensación de saciedad

16 mar 2017 / 22:50 h - Actualizado: 16 mar 2017 / 22:50 h.
  • La doctora Raquel Viejo, miembro del equipo, coloca los electrodos usados a un voluntario. / El Correo
    La doctora Raquel Viejo, miembro del equipo, coloca los electrodos usados a un voluntario. / El Correo

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El cerebro es el órgano clave que regula las conductas humanas y cada zona del mismo influye en distintos ámbitos del comportamiento. Basándose en ello, un equipo de investigadores de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) ha analizado qué partes del cerebro controlan la necesidad de ingerir alimento y la sensación de saciedad a partir del estudio de la actividad cerebral de pacientes obesos con el objetivo de alterar dicha actividad cerebral en su beneficio. Es la primera vez que se investiga el uso de la estimulación cerebral como terapia frente a la obesidad y transtornos alimentarios como la anorexia o la bulimia, un proyecto pionero que hoy se presentará en el Congreso de Obesidad y Complicaciones Metabólicas que se celebra Sevilla.

Según explica la doctora Elena Muñoz Marrón, una de las investigadoras que dirige el proyecto, la terapia se basa en aplicar una corriente eléctrica de «intensidad muy bajita que la persona casi no nota» en dos áreas concretas cerebrales en las que se han constatado que los pacientes obesos presentan «alteraciones neuronales» buscando en cada una de ellas un efecto. Se trata del córtex prefrontal dorsolateral, un área que se encarga del autocontrol y que en los pacientes con obesidad tiene baja actividad, lo que provoca que coman de manera impulsiva, y del cerebelo, cuya actividad baja cuando una persona se siente saciada, algo que en las personas obesas tarda más en ocurrir. La terapia por tanto aplica la corriente eléctrica para aumentar la actividad en la primera zona, y con ello fomentar el autocontrol y reducir la impulsividad, y reducirla en el cerebelo, para que la sensación de saciedad llegue antes. La combinación de ambos efectos «hace la regulación de la ingesta más fácil», explica la doctora Muñoz.

Para aplicar la corriente en estas dos zonas cerebrales se utiliza un estimulador portátil y se colocan sobre la cabeza del paciente dos electrodos, un ánodo en la zona del córtex prefrontal y un cátodo en el cerebelo, de forma que la corriente provoque un efecto distinto en cada área: en la primera aumentando la actividad neuronal y en la segunda disminuyéndola. Si bien Muñoz subraya que las combinaciones son múltiples según las necesidades del paciente, pues se puede actuar sólo en una zona o buscar el efecto contrario en cada una de ellas. Por ejemplo, en pacientes con trastornos alimentarios como la anorexia donde «en el córtex prefrontral lo que hay es un exceso de autocontrol, ahí lo que habría es que disminuir la actividad».

En el congreso se expondrán hoy las pruebas piloto realizadas con un grupo de ocho pacientes del Hospital Sagrada Familia de Barcelona en una fase piloto. Se les aplicaron dos sesiones, una de estimulación real y otra placebo, tras las cuales se evaluó el estado de ánimo de los pacientes y su apetito. Según Muñoz los resultados indican que hay que ajustar más la zona del cerebelo sobre la que se aplica la corriente pero es una línea de investigación «prometedora» para utilizar la estimulación cerebral no invasiva en la atención a pacientes con obesidad como «un tratamiento más que no excluye otros».

Y es que una de las incógnitas aún no resueltas es cuánto tiempo se mantendrán los efectos de la aplicación de la corriente eléctrica en la actividad neuronal modificada. «Creemos que con dos semanas de tratamiento con dos sesiones diarias de 20 minutos los efectos se mantendrían de tres a seis meses con medidas de seguimiento», afirma Muñoz. No obstante, hace hincapié en que cualquier cambio en la actividad cerebral «para que se mantenga tiene que tener un correlato de conductas, como ocurre en el tratamiento de la depresión, donde junto a la medicación que actúa sobre la actividad cerebral, se utiliza la psicoterapia o el ejercicio físico».

Tras realizar un primer ensayo con ocho pacientes con obesidad leve y sin contraindicaciones frecuentes en éstos, como la diabetes o la hipertensión, el equipo de investigación de la UOC prepara una segunda fase con un grupo algo más amplio de personas con obesidad mórbida y ampliarlo también a pacientes con trastornos alimentarios como la anorexia.

El equipo quiere profundizar en una línea de investigación que «es muy incipiente» ya que «a nivel mundial hay sólo unas diez o doce investigaciones» sobre el uso de la estimulación cerebral no invasiva, que se emplea en otras patologías, para tratar la obesidad y los trastornos alimentarios. Y según Muñoz, ninguna hasta ahora apuesta por combinar la aplicación de la corriente eléctrica en dos áreas neuronales ya que «casi todas se centran sólo en el cortex prefrontal». También hay ensayos con estimulación profunda que supone implantar un electrodo al paciente mediante una intervención quirúrgica.

Todas las investigaciones están aún en un nivel muy experimental pero Muñoz defiende que la aplicación de la estimulación cerebral no invasiva (sin cirugía) en este ámbito tiene «gran potencial» porque es indolora para el paciente, no tiene efectos secundarios y el coste es bajo. Se aplica con un estimulador de pequeño tamaño, portable, que funciona con pilas de 9 voltios para generar la corriente y cuyo precio es de unos 6.000 euros, por lo que «muchas clínicas lo podrían tener».

La investigación está liderada por los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, en el que participan junto a Muñoz los doctores Raquel Viejo Sobera, Diego Redolar Ripoll y Pilar García Lorda. También participan el doctor Guillem Cuatrecasas, del Servicio de Endocrinología de la Clínica Sagrada Familia y los doctores Miguel Alonso y Greta Magerowski, de la Harvard Medical School.


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