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Flores rojas, blancas y amarillas en memoria de las víctimas

Solidaridad, también con la comunidad islámica, y muestras de indignación por parte de quienes han denunciado la politización de la marcha

26 ago 2017 / 20:50 h - Actualizado: 26 ago 2017 / 21:00 h.
  • La actriz Rosa María Sardá (d-fondo) durante la lectura de un manifiesto al finalizar la manifestación contra los atentados yihadistas en Cataluña. / Alejandro García (Efe)
    La actriz Rosa María Sardá (d-fondo) durante la lectura de un manifiesto al finalizar la manifestación contra los atentados yihadistas en Cataluña. / Alejandro García (Efe)
  • El Rey Felipe VI, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (7i), y el de la Generalitat, Carles Puigdemont (7d), y miembros del Gobierno y el Ayuntamiento de Barcelona. / Andre Dalmau (Efe)
    El Rey Felipe VI, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (7i), y el de la Generalitat, Carles Puigdemont (7d), y miembros del Gobierno y el Ayuntamiento de Barcelona. / Andre Dalmau (Efe)

La Rambla de Barcelona, lugar de uno de los dos atentados del pasado 17 de agosto en Cataluña y en donde murieron 13 de las 15 víctimas, ha sido una riada de rosas rojas, amarillas y blancas, los colores del emblema de una ciudad que trata de recuperarse del golpe que supuso el atropello masivo.

Dos horas antes de la manifestación en el paseo de Gràcia, donde ha desfilado medio millón de personas, el emblemático paseo de La Rambla acogía a miles de visitantes que se acercaban a dejar una ofrenda en uno de los muchos puntos de homenaje situados a lo largo del paseo, algunos a punto de desbordar la acera repletos de velas, flores y objetos en homenaje a las víctimas.

Las ofrendas florales se han multiplicado con los miles de rosas rojas, amarillas y blancas que los manifestantes han ido a depositar en los distintos ‘altares’, donadas por el Gremio de Floristas y repartidas horas antes de la marcha por voluntarios.

La marcha antiterrorista, que ha comenzado a las 18.00 horas, ha desembocado en la plaza de Catalunya, pero los manifestantes han continuado desfilando hacia La Rambla, lugar donde la semana pasada fallecieron 13 de las 15 víctimas de los atentados, lo que ha resultado en un emotivo homenaje multitudinario.

Por el paseo han desfilado representantes de los servicios de emergencia y del cuerpo de Bomberos de la Generalitat, así como grupos pertenecientes a diferentes religiones, quienes han sido aplaudidos a lo largo de su trayecto por la emblemática calle.

Familias, amigos, grupos de turistas o visitantes de otras localidades, muchos de ellos equipados con pancartas y luciendo camisetas con consignas de paz, los han acompañado hacia el altar improvisado sobre el mosaico de Miró, lugar donde se detuvo la furgoneta después de atropellar a decenas de personas, hoy ya convertido en un símbolo de La Rambla y de los atentados.

Un grupo de veinte personas con camisetas azules se ha desplazado desde municipios de fuera de Barcelona para mostrar «todo el apoyo posible a las víctimas», y han explicado que vecinos de muchas localidades catalanas se han organizado de la misma manera para asistir a la manifestación.

Muchos de los asistentes también han dirigido sus mensajes de solidaridad hacia la comunidad musulmana, que es «seguramente la más afectada por hechos como este», cuenta María, que levanta con orgullo una pancarta de «No a la islamofobia».

La joven, acompañada de su padre, ha venido a apoyar a las víctimas, pero también a denunciar que «mucha gente ha reaccionado mal contra una comunidad que no tiene la culpa de los atentados».

Muchos ciudadanos han regalado también rosas a los Mossos d’Esquadra, en un gesto de afecto por su trabajo ante los atentados, y se ha podido ver al presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, fotografiarse con varios agentes de la policía catalana para reconocer su labor.

Junto a las muestras de apoyo, no han faltado las de indignación, como es el caso de Agnés, una chica que ha venido con su familia «para denunciar el terrorismo aquí y en todo el mundo», pero ha salido decepcionada de una marcha que, declara, «ha sido totalmente politizada», en alusión a la gran cantidad de banderas independentistas que se han situado estratégicamente detrás de la cabecera de los políticos y representantes institucionales.

«Nos ha molestado la gran cantidad de banderas que la gente ha traído”, ha explicado la joven, que ha insistido enérgica en «que no estamos aquí para hacer política», sino «para protestar contra el terrorismo».


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