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La recepción de los Reyes por la Fiesta Nacional cumple 30 años

La primera edición dejó como fotografía el hecho de que Felipe de Borbón fue uno de los soldados que marchó por el Paseo del Prado

12 oct 2017 / 11:04 h - Actualizado: 12 oct 2017 / 11:38 h.
  • Un operario ultima los detalles en la tribuna de autoridades. / Efe
    Un operario ultima los detalles en la tribuna de autoridades. / Efe

La recepción en el Palacio Real que cada 12 de octubre ofrecen los Reyes después del desfile para festejar la Fiesta Nacional cumple este año su 30 aniversario, en los que ha mantenido su vocación de ser punto de encuentro con autoridades del Estado, representantes políticos y otros cargos públicos.

La celebración oficial del 12 de octubre se instauró por ley en 1987, cuando se estableció la jornada como la Fiesta Nacional de España, si bien ya a finales de 1981, a través de un real decreto, se dio tal consideración junto al del Día de la Hispanidad.

Para dar realce a la festividad, se acordaron dos actos institucionales: un desfile militar y una posterior recepción en el Palacio Real, en la que los Reyes recibirían a las principales autoridades, cargos públicos y autonómicos y embajadores.

La primera edición de la Fiesta Nacional dejó como fotografía el hecho de que Felipe de Borbón, entonces heredero a la Corona, fue uno de los soldados que marchó por el Paseo del Prado como abanderado de la Academia General de San Javier.

Ya por la noche, tuvo lugar la primera recepción en el Palacio Real, con don Juan Carlos y doña Sofía, el Príncipe de Asturias y las infantas Elena y Cristina, después de un almuerzo de los Reyes con embajadores iberoamericanos.

Varios centenares de invitados acudieron al Palacio Real, con el jefe del Gobierno, Felipe González a la cabeza, y un amplio abanico de representantes institucionales.

Entre ellos, el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y el lehendakari, José Antonio Ardanza, que en años siguientes, como algunos de sus sucesores, dejarían de acudir a la cita al no compartir el espíritu de la festividad.

La única ocasión en 30 años en los que no hubo recepción en el Palacio Real fue en 1992, puesto que la Fiesta Nacional, incluido el desfile, se trasladó a Sevilla al coincidir con la clausura de la Expo de Sevilla.

Aunque la cifra de invitados en la recepción en palacio ha oscilado según los años, en la mayoría de ocasiones ha superado el millar de personas, si bien en ocasiones, más que las presencias fueron noticia las ausencias.

Felipe González faltó a la recepción en tres ocasiones: en 1989 y 1995 por estar enfermo y en 1996 por “estar bastante ocupado” con citas oficiales y del PSOE, como alegó entonces.

En 2008, el que no estuvo fue el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien se ausentó para preparar una reunión de los mandatarios europeos en París al poco de estallar la crisis económica.

Cinco años antes, el ausente fue Felipe de Borbón, que estaba de regreso de un viaje oficial en Estados Unidos, mientras que en 1997, lo fueron la infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, al estar de luna de miel.

No obstante, la ausencia que más ‘dio que hablar’ en los corrillos de la recepción fue la de doña Letizia en 2005, al estar en la recta final del embarazo de la princesa Leonor, aunque por entonces no se sabía aún si sería niño o niña.

Al año siguiente, la Princesa de Asturias tampoco acudió al Palacio Real al estar de nuevo embarazada y preferir guardar reposo.

Durante varios años, los Reyes, como anfitriones de la ceremonia, estuvieron rodeados del resto de miembros de la Familia Real en el salón del Trono.

La presencia en bloque se rompió con la separación de la infanta Elena de Jaime de Marichalar, que hizo que éste no asistiera al acto en 2008.

Tres años después, sería la última Fiesta Nacional para la infanta Cristina y Urdangarin, al que en diciembre de 2011 se le apartó de las actividades de la Corona poco antes de ser imputado en el caso Nóos.

La primera vez que el Príncipe de Asturias presidió la Fiesta Nacional fue en 2013, debido a que don Juan Carlos, todavía Rey, estaba convaleciente de una operación de cadera.

Fue un estreno que ya no se vio interrumpido al año siguiente, ya como Felipe VI, tras la abdicación de su padre tres meses antes.

Con el nuevo reinado, se amplió el espectro de invitados y la recepción se abrió a diversos colectivos sociales, entre ellos, el de los gais y lesbianas.


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