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Sevilla Al Minuto

¿Me tengo que aguantar por ser mujer?

La vergüenza hace sentir culpables a las mujeres que sufren acoso sexual

06 nov 2017 / 23:32 h - Actualizado: 07 nov 2017 / 07:50 h.
  • ¿Me tengo que aguantar por ser mujer?

Ya estamos otra vez. Parece ser que una vez más tenemos que tomarnos como algo normal el hecho de que cada día nos levantemos con un nuevo caso de abuso hacia la mujer. Sea del tipo que sea. Durante estas semanas hemos escuchado y hasta contado el grandísimo número de actrices que han denunciado al famoso y mediático productor de cine Harvey Weinstein por el escándalo de abusos y acoso sexual. La primera denuncia produjo un efecto dominó que hizo que Angelina Jolie, Asia Argento, Lucia Evans o Rose McGowan, entre otras muchas, desfilaran detrás y denunciaran incluso violaciones. Llegados a este punto la Academia de Hollywood ha decidido expulsar a este individuo de dicha institución.

El machismo existe en todas las profesiones y en todos los sectores, y es una obviedad. Además, no hace falta cruzar el charco para comprobar cada día la vergüenza que supone que los medios de comunicación tengan que contar tantas historias de este tipo.

No obstante, lo que a gran parte de las mujeres nos preocupa hoy en día es que siga dando miedo y vergüenza la necesidad de denunciar el caso, principalmente porque no te crean. Muy distinta ha sido por ello la tesitura de Teresa Rodríguez que denunció ante la Fiscalía un hecho bastante menor pero igualmente alarmante y denunciable. Pero no todas las mujeres cuentan con ese altavoz.

Sigue siendo una muy ardua tarea alzar la voz para denunciar algo así. Las últimas en protagonizar un escándalo que sin embargo no es nuevo han sido las más de treinta mujeres que dicen haber sido víctimas en la consulta del psiquiatra sevillano Javier Criado.

Y es que, aún muchas personas que dadas las demasiadas ideologías nuevas que han surgido y que en ocasiones imperan, culpan a un exceso de victimismo al feminismo que a veces debe salir a flote para apoyar a muchísimas mujeres. Me cuesta creer que las que protagonizan este último caso que describo estén mintiendo. Me cuesta trabajo pensar que las lágrimas de una de ellas el otro día a las puertas de los juzgados del Prado de San Sebastián fueran derramadas por teatro y por ganas de aguarle la fiesta a alguien treinta años después.

Qué triste. Qué pena da tener que estar todavía dando explicaciones y aguantando barbaridades por ser mujer, y por el hecho de temer que no crean tu relato. Cuánto falta por aprender y cuánta igualdad queda por repartir.


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