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Ni Podemos ni el PP, su propio PSOE frena a Díaz

La andaluza se presentó a las primarias con el aval de ser una ganadora frente a las derrotas de Sánchez. Las bases de su partido han acabado con su imbatibilidad

22 may 2017 / 07:56 h - Actualizado: 22 may 2017 / 08:07 h.
  • Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López votan en las primarias. / Efe
    Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López votan en las primarias. / Efe
  • Susana Díaz sale de Ferraz. / Efe
    Susana Díaz sale de Ferraz. / Efe
  • Celebración en Ferraz de simpatizantes de Díaz. / Efe
    Celebración en Ferraz de simpatizantes de Díaz. / Efe
  • Militantes socialistas votan en Argentina. / Efe
    Militantes socialistas votan en Argentina. / Efe

«La desacredita mucho», la valoración la hace un socialista que ha trabajado con ardor por su candidatura. Susana Díaz ha perdido las primarias socialistas y afronta por vez primera en su carrera política una derrota en las urnas. Y pierde nada más y nada menos que ante los suyos, ante sus compañeros, un fracaso que duele el doble. La andaluza se presentó a estas primarias con el aval de ser una ganadora, «una máquina de ganar elecciones», como decían en su entorno, frente a un «perdedor», un especialista en fracasos electorales. Y esto también duele el doble. El resultado de la consulta a los militantes socialistas ha desactivado uno de los grandes argumentos que se ponían en juego en la competencia entre Susana Díaz y Pedro Sánchez. La secretaría general ha perdido su imbatibilidad, su gran baza, y lo ha hecho en un proceso interno. No ha sido la derecha, no ha sido Podemos, la sevillana ha sido derrotada por la militancia de su propio partido, que no la ha considerado como la persona ideal para dirigir a una organización que estaba en riesgo de ruptura.

Díaz se presentó ante las bases como la adalid de un tiempo nuevo, pero se arrimó a las viejas glorias del partido. Pintó su candidatura de moderna, rodeada de notables del partido, a los que la militancia ya no venera como antes. Las bases no entienden todavía los recortes del gobierno de Zapatero, ni los planteamientos de Felipe González hacia la gran coalición o hacia la abstención a la investidura de Mariano Rajoy. Dos hitos en la historia reciente del PSOE que todavía no han sido bien explicados. Díaz se asoció a ellos, sin contar con los handicaps que podría acarrearle. Sólo con la campaña ya iniciada, su entorno se vio obligada a dar un volantazo y marcar distancia frente a los que se abrazó el día de la presentación de su candidatura en Madrid. Del cartel repleto de estrellas del aquel día en Ifema, al mudo apoyo de Alfonso Guerra a la orilla del Guadalquivir del pasado viernes.

Las bases socialistas siempre han rebatido los dictados del aparato y los barones. Uno de los problemas que ha arrastrado el PSOE en estos últimos años ha sido el divorcio entre la militancia y los dirigentes. Tampoco Díaz ha conseguido «coser» esa fractura. Hay en los socialistas sin cargo una tendencia a ir contracorriente y de nuevo se ha puesto de manifiesto en estos últimos meses. Lo que la andaluza creía que la engrandecía, en realidad ponía más distancia entre ella y los que ayer depositaron su voto en las agrupaciones.

Sánchez se adelantó en dos meses a Díaz en el anuncio de su candidatura. En esas ocho semanas, el madrileño puso otra vez sobre la mesa la catarata de acontecimientos que precipitaron su salida de la secretaría general: el Comité Federal del 1 de octubre y la posterior abstención al gobierno del PP. Mientras señalaba a la andaluza como percutora principal de los hechos que acaecieron en esos días, Díaz se limitaba a señalar que no era el momento, que no tocaba. El silencio y la falta de explicaciones fueron empoderando al exsecretario general, que entendió el cabreo de las bases y adaptó su discurso a lo que los socialistas de toda la vida querían escuchar. No hubo reacción por parte del equipo de Díaz ni siquiera después de que los avales dieran el aviso de que la cosa iba a estar más apretada de lo que se suponía. Al final, todo acaba como casi empezó. El PSOE vuelve a las posiciones del no es no, al de Pedro Sánchez. La secretaria regional andaluza no ha podido combatir contra un posicionamiento ideológico que ardía en las entrañas de muchos socialistas de carné. El no es no era mucho más que un eslogan, era una manera de marcar distancias entre socialistas. Y antes de presentarse con un proyecto para tratar de unir al partido había que cerrar ese debate, pero siguió abierto hasta la misma tarde noche sevillana del duelo en los muelles del Guadalquivir. La andaluza también ha fracasado a la hora de exportar su imagen más allá de Andalucía. Ha pasado los últimos meses con la maleta a cuestas, pero no ha podido mejorar su imagen lejos de su feudo. Aunque no se acaban ahí los problemas, pese a su triunfo en si territorio, el sanchismo se ha abierto paso como una corriente con moderado peso en la comunidad.


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