sábado, 16 febrero 2019
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Podemos e IU no ven fracaso en la pérdida de 222.000 votos

Maíllo se reafirma en la unidad pese a la huida masiva de simpatizantes de su formación

27 jun 2016 / 21:30 h - Actualizado: 27 jun 2016 / 23:51 h.

La estrategia de Pablo Iglesias era un sorpasso en dos fases, igual que hizo Felipe González, primero en las elecciones del 79, y segundo, con la histórica victoria socialista del 82. De la primera a la segunda fase, y como única novedad entre el 20D y el 26J, Iglesias y el líder de IU, Alberto Garzón, consumaron la confluencia política bajo las siglas de Unidos Podemos. El objetivo era sumar el millón de votos que logró IU hace seis meses, y que se tradujo sólo en dos escaños. Sumando fuerzas esperaban sortear el alto listón que la ley d’Hont impone a los partidos pequeños, y que blinda el bipartidismo. En Andalucía, desde el principio, los dirigentes de Podemos e IU, Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, acogieron la confluencia con entusiasmo, incluso la llevaron más allá sugiriendo que seguirán juntos en las autonómicas. En el 20D, la formación morada se quedó a 300.000 votos del PSOE, casi la misma cantidad de sufragios que había logrado IU en Andalucía (257.019). Este territorio, donde la coalición de izquierdas tiene gran arraigo –está presente en 69 gobiernos municipales– serviría a Podemos para ir más allá de los núcleos urbanos, y penetrar en zonas rurales.

Pero no ha sido así, sino todo lo contrario. Por separado, Podemos e IU lograron casi un millón de votos el 20D. Juntos han recabado ahora 787.000 sufragios, 38.900 más de lo que obtuvo la formación morada en solitario hace seis meses. ¿Dónde están los otros 222.331 votantes? La primera explicación que emerge es que la mayoría eran votantes de IU que han desertado porque nunca creyeron en la confluencia. Así lo han interpretado los cuadros medios comunistas que demonizaron el pacto con Podemos, como la líder provincial de Almería, Rosalía Martín, que no quería al exJemad del partido morado, Julio Rodríguez, encabezando la lista por Almería, y al final no ha salido (única provincia andaluza donde pierden un escaño).

Pero Rodríguez y Maíllo, lejos de hacer autocrítica, se han reafirmado en su alianza. Es más, Rodríguez reinterpretó ayer el sorpasso como una oscura estratagema del PSOE. «¿Y si el sorpasso era un invento para fabricar un supuesto fracaso? Qué cosas. 71 diputados del pueblo. Estoy orgullosa», escribió en su cuenta de Twitter. Podemos logró 11 escaños el domingo, uno más que en el 20D, aunque de ellos, dos los ocupan candidatos de IU: Miguel Ángel Bustamante, número tres por Sevilla, y Eva Ruiz, número dos por Málaga. IU, con 257.019 votos hace seis meses, no obtuvo escaños. Ahora celebra que tiene dos diputados en el Congreso, aunque el coste puede haber sido la pérdida de 200.000 simpatizantes que no querían que su formación se diluyese bajo las siglas de Podemos. Es la primera vez que la ley electoral traduce la pérdida de votos a IU en escaños. Y la primera que lo celebra.

La estrategia de Pablo Iglesias era un sorpasso en dos fases, igual que hizo Felipe González, primero en las elecciones del 79, y segundo, con la histórica victoria socialista del 82. De la primera a la segunda fase, y como única novedad entre el 20D y el 26J, Iglesias y el líder de IU, Alberto Garzón, consumaron la confluencia política bajo las siglas de Unidos Podemos. El objetivo era sumar el millón de votos que logró IU hace seis meses, y que se tradujo sólo en dos escaños. Sumando fuerzas esperaban sortear el alto listón que la ley d’Hont impone a los partidos pequeños, y que blinda el bipartidismo. En Andalucía, desde el principio, los dirigentes de Podemos e IU, Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, acogieron la confluencia con entusiasmo, incluso la llevaron más allá sugiriendo que seguirán juntos en las autonómicas. En el 20D, la formación morada se quedó a 300.000 votos del PSOE, casi la misma cantidad de sufragios que había logrado IU en Andalucía (257.019). Este territorio, donde la coalición de izquierdas tiene gran arraigo –está presente en 69 gobiernos municipales– serviría a Podemos para ir más allá de los núcleos urbanos, y penetrar en zonas rurales.

Pero no ha sido así, sino todo lo contrario. Por separado, Podemos e IU lograron casi un millón de votos el 20D. Juntos han recabado ahora 787.000 sufragios, 38.900 más de lo que obtuvo la formación morada en solitario hace seis meses. ¿Dónde están los otros 222.331 votantes? La primera explicación que emerge es que la mayoría eran votantes de IU que han desertado porque nunca creyeron en la confluencia. Así lo han interpretado los cuadros medios comunistas que demonizaron el pacto con Podemos, como la líder provincial de Almería, Rosalía Martín, que no quería al exJemad del partido morado, Julio Rodríguez, encabezando la lista por Almería, y al final no ha salido (única provincia andaluza donde pierden un escaño).

Pero Rodríguez y Maíllo, lejos de hacer autocrítica, se han reafirmado en su alianza. Es más, Rodríguez reinterpretó ayer el sorpasso como una oscura estratagema del PSOE. «¿Y si el sorpasso era un invento para fabricar un supuesto fracaso? Qué cosas. 71 diputados del pueblo. Estoy orgullosa», escribió en su cuenta de Twitter. Podemos logró 11 escaños el domingo, uno más que en el 20D, aunque de ellos, dos los ocupan candidatos de IU: Miguel Ángel Bustamante, número tres por Sevilla, y Eva Ruiz, número dos por Málaga. IU, con 257.019 votos hace seis meses, no obtuvo escaños. Ahora celebra que tiene dos diputados en el Congreso, aunque el coste puede haber sido la pérdida de 200.000 simpatizantes que no querían que su formación se diluyese bajo las siglas de Podemos. Es la primera vez que la ley electoral traduce la pérdida de votos a IU en escaños. Y la primera que lo celebra.


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