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Adictos al móvil

El psicólogo Andrés M. Joison analiza la adicción a las tecnologías en su nueva publicación ‘Navegar en el inconsciente. Un camino a la creatividad’

10 abr 2018 / 09:54 h - Actualizado: 10 abr 2018 / 09:57 h.
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La palabra adicto proviene del latín addictus, que significa esclavo, y precisamente sobre las esclavitudes que imponen las nuevas tecnologías trabaja el psicólogo argentino afincado en Sevilla Andrés M. Joison. Tras una trayectoria analizando lo que acarrea cualquier tipo de adicción en las personas, el presidente de la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud y Psicoterapia, el pasado viernes acudió a Sevilla al minuto para anunciar que pronto verá la luz la que es su segunda publicación. Después del éxito de De la adicción a la autonomía, Joison vuelve con Navegar en el inconsciente. Un camino a la creatividad.

—Usted trata de estudiar adicciones que a veces pasan desapercibidas como a una situación emocional o a un objetivo. ¿Cómo es ese adicto?

—Una adicción se puede dar a cualquier sustancia, vínculo u objeto, siempre y cuando estos elementos nos controlen y nos regulen de forma exógena. Esto quiere decir que dicha cosa regula nuestros ritmos de forma artificial haciéndonos perder la noción de nosotros mismos. Por así decirlo, pierdes tu brújula y por lo tanto el control de tus propios afectos y la posibilidad de desarrollar tu creatividad y tu imaginación. Una persona adicta tiene dificultades para alcanzar sus sueños y proyectos porque es incapaz de recordarlos. Y atención porque una afición o un trabajo puede ser también adictivos.

—En estos tiempos vemos muchos casos de jóvenes enganchados a sus teléfonos móviles. ¿Se puede considerar una adicción?

—Sí. Ya lo he contado en otros medios porque es un tema realmente alarmante. No veo que las autoridades le den la importancia que tiene, pero estamos ante algo creciente que produce una verticalización en el cerebro de la identidad. Eso significa que el individuo solo hace un ejercicio cerebral de arriba abajo, porque solo se centra en una pantalla. Se queda sin la capacidad de explorar, lo que supone una epidemia de narcotización tecnológica.

—¿Hay adicciones más preocupantes que otras?

—Las adicciones químicas como la heroína es muy dañina, claro, porque destruye el cerebro. Pero a veces va en relación con el sufrimiento de cada ser humano. Lo que al menos yo intento dejar claro a mis pacientes es que no los voy a convencer de nada, pero cuando ellos ven perciben que están siendo esclavos de una droga o de un sistema se dan cuenta de que son los primeros que quieren librarse de ello. Y se curan. La dependencia es la terapia y suele acabar en la autonomía.

—¿Qué nos vamos a encontrar en su segunda publicación?

—Aludo a la navegación porque se asemeja al concepto de navegar internet y con las tecnologías porque precisamente eso bloquea la creatividad. Las nuevas tecnologías, al igual que otras adicciones, nos bloquean las coordenadas y nos impiden ver hacia dónde nos dirigimos. Por ello he tenido pacientes que han perdido el norte y la identidad, y en el proceso de recuperarlos han descubierto el gusto por el arte o la medicina. Lo importante es descubrir qué sentido tiene para la persona vivir.


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