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La aventura del misterio

Druidas e ídolos misteriosos en Valencina de la Concepción

Proseguimos la ruta por los lugares megalíticos en Sevilla, con parada en los dólmenes de esta localidad del Aljarafe

10 sep 2016 / 14:37 h - Actualizado: 10 sep 2016 / 14:48 h.
  • Dolmen de la Pastora, en Valencina. / El Correo
    Dolmen de la Pastora, en Valencina. / El Correo

Nuestra ruta por los lugares de poder en Sevilla comienza por el Aljarafe sevillano. Allí nos detendremos en la localidad de Valencina de la Concepción, a poco menos de 6 kilómetros de la vieja Híspalis. De gran belleza y desde donde podremos contemplar una exquisita vista de Sevilla hemos de encontrar su origen en la Edad del Cobre, de la que se han encontrado enterramientos realizados con grandes piedras tipo dolménico. Son los llamados dólmenes de Matarrubilla, La Pastora y Ontiveros, su datación se enmarca hacía los 3000 a.C. y son de los más impresionantes lugares de poder del territorio español. El de Matarrubilla, tiene una peculiaridad que la hace especial: tiene una cámara de bloque de piedra negra que era utilizada para las ofrendas a sus dioses. Cultos donde se invocaba al más allá o a los poderes sobrenaturales, creencias más allá de la muerte.

No sabemos bien que impulsó a aquello hombres de la Edad de Cobre a erigir tan importantes monumentos pero sin dudas algo muy importante, de nuestra física o no, encontraron en este paraje. Aquellos hombres del Calcolítico tenían su hábitat en el fértil valle del Guadalquivir, allí se establecieron como comunidad agrícola y el río que les dio la vida también les daría el conocimiento. Cerca de ellos las colinas del Aljarafe, desde donde se divisaba y dominaba todo un paisaje indescriptible, el lugar reunía todos los condicionantes que un asentamiento de hombres primitivos podría desear.

Allí, erigirían su primer elemento de marcación como lugar de poder. Hacía el 1500 a.C. levantaron el dolmen de La Pastora. En torno a él los arqueólogos hallaron restos de un importante contingente poblacional: un poblado, fosos, silos, restos de cabañas, entre otros, que evidencian el asentamiento en la zona de un importante centro de poder territorial.

En Valencina de la Concepción encontramos igualmente el llamado ídolo de placa e ídolo antropomorfo, datado hacia el 3000 al 2100 a.C. Se trata de una pieza enmarcada dentro de un ajuar funerario. En este mismo enclave se han encontrado restos de una importante necrópolis. Allí tenemos de forma destacada los dólmenes de gran tamaño caracterizados por presentar una cámara o tholos de tendencia circular. Estos están precedidos por un corredor que en algunos casos destaca por sus amplias dimensiones en cuanto a su longitud, superando los cuarenta metros.

También en la zona encontramos los dólmenes de Matarrubilla (datados hacia 1800 a.C.), La Pastora y Ontiveros (ambos de hacia 1500 a.C,) y el de Montelirio, con importantes aportaciones en ajuar funerario y elementos de ornamentación.

Se les llama los Gigantes de Valencina y nos muestran un amplio repertorio de las técnicas de la arquitectura megalítica. En su construcción destaca el empleo de ortostatos de gran tamaño, igualmente el uso de mampostería de pizarra para la realización las paredes. Innovaciones como las cubiertas adinteladas hasta la falsa cúpula realizada por aproximación de hiladas. Pero sobre todo hemos de destacar que esta superestructura tumular se hallaba en perfecta comunión con el paisaje camuflando a los ojos del ser humano.

El dolmen de Matarrubilla se erige hacía el 1800 a.C. Destaca por su largo corredor de más de 30 metros de longitud que alcanza la cámara que lo remata. El monolito pétreo se trata de una mesa de ofrendas, y la reflexión la dejamos en una cita sobre este mismo dolmen: “No puede dejar de reflexionar sobre el tipo de ceremonias que, hace más de cuatro mil quinientos años realizarían allí aquellos seres humanos que en la penumbra del interior del dolmen lloraban a sus difuntos. El culto a los muertos, la creencia en la segunda vida”.

Lugares mágicos donde la energía vital de la persona, sin saber cómo, se viene a lo más alto, como si tuviera el poder de regenerarnos. ¿Casualidad?


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