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«El carnaval de Cádiz no tiene fronteras»

Las redes sociales consiguen subir a un senegalés a las tablas del concurso del Gran Teatro Falla

09 feb 2018 / 20:00 h - Actualizado: 09 feb 2018 / 20:00 h.
  • Makhtar Diop entre los componentes de la chirigota No te quemes todavía. / Mer Cruz
    Makhtar Diop entre los componentes de la chirigota No te quemes todavía. / Mer Cruz

Si le buscas en Facebook y solicitas amistad te encontrarás que ha superado el límite de amigos que establece esta plataforma social. La historia de este senegalés enamorado de la tacita de plata daría para escribir un libro, una vida donde la crudeza y la esperanza siempre han ido de la mano. Una vida llena de contrastes que finalmente le ha demostrado que los sueños, a veces, también se cumplen.

Makhtar Diop, más conocido por Macario (@matarmacario1), es un joven africano que se hizo popular en las redes sociales (llegó a ser trending topic) durante las preliminares del COAC, tras pegarse un baile muy peculiar en el gallinero del Gran Teatro Falla. Su actuación se volvió viral y logró que, unos días más tarde, volviera al mismo teatro gaditano pero esta vez como protagonista de la presentación de la chirigota del Bizcocho, No te quemes todavía. «Ya había cumplido el sueño de pisar el Falla, pero ¿actuar en sus tablas? Buff...», admite con emoción este profesor de baile latino que llevaba años intentando sacar alguna entrada para el concurso de carnavales. «Me metía y metía en internet cada noche sin éxito nunca. Este año mis amigos gaditanos Laura y Miguel, que me lo habían prometido desde el año anterior, por fin, consiguieron una entrada para mí y otros amigos bailarines».

Macario, afincado en Torre del Mar (Málaga), llegó al teatro ese día hasta nervioso: «No me lo creía, llevaba años viéndolo online, y ya estaba ahí... increíble». ¿Y por qué te arrancaste a bailar? «El público tan maravilloso y cálido hizo que me sintiera como en casa y ahí salió Macario (risas)». Después fue todo rodado... del anonimato a la popularidad en cuestión de minutos. «A continuación, con mucha coincidencia, sale una de mis chirigotas preferidas, la de Antonio Álvarez, y para mi sorpresa ¡salen disfrazados de africanos y cuentan mi historia! Al completo, Senegal, patera, venta... todo era mi historia y ahí me vine más arriba», recuerda con entusiasmo este inmigrante de 31 años de edad. «Tras su actuación, contactaron conmigo, los conocí y al día siguiente me proponen salir con ellos en el próximo pase. ¡No me lo podía creer! Eso era algo que ni me atrevía a soñar. Estuve en San José de la Rinconada (Sevilla) con ellos ensayando, esta vez los conocí a todos, y mi mujer y yo pasamos un gran día rodeado de buena gente, mucho arte, muchas risas, conocimientos nuevos. Tenía que cantar una frase, ¿cómo lo hacía? (risas) Ellos me enseñaron algo». Y llegó cuartos de final... y su intervención fue todo un éxito demostrando valentía y desparpajo a partes iguales. «Me sentí muy feliz y viví mil sensaciones que no puedo ni explicar», reconoce.

Durante la entrevista me impresiona su eterna sonrisa, ni un solo segundo sin dejar de bromear, incluso bailar. «Así soy yo», admite. Macario es de esas personas transparentes, sin antifaz, que transmiten felicidad, aunque paradójicamente su vida no haya sido un camino de rosas. Salió de Senegal en junio de 2006 junto a su hermano. Gracias a él, vendedor de arte y esculturas antiguas, pudieron costear el viaje –si así se puede llamar– en patera hacia España, buscando «una vida mejor» para ayudar a su familia. La travesía duró 11 largos días de odisea en el mar junto a 111 personas más: «Los últimos seis días ya no teníamos ni agua, ni comida para sobrevivir, teníamos que beber mezclando lo poco que nos quedaba con el mar. En el largo trayecto vimos paisanos con su chaleco flotando sin vida, momentos muy duros porque no se puede parar ni hacer nada, tú solo continúas la marcha buscando un destino o alguna orilla... y por fin la encontramos, no sabíamos dónde estábamos, más tarde nos enteramos que eran las Islas Canarias. Tiempo después llegué a Torre del Mar, donde actualmente resido». ¿Cómo fueron los primeros meses en España? «Muy duros, de vendedor ambulante y buscándome la vida como podía. En el mercadillo conocí a una amiga, Nicole Quesille, que me invitó a bailar salsa para que conociera gente... al principio me costó bastante. Conocí a muchas personas y a partir de ese momento empezaron a confiar en mí para que animara las noches latinas», explica al tiempo que recuerda que en esta etapa «conocí también a la que es hoy mi mujer (Pilar López Ruiz, apodada Pili Xikitilla) y la madre de mi hijo de tres meses llamado Bay Modu Diop López».

En relación a determinadas críticas que recibió la agrupación del Bizcocho sobre su humor negro Macario se muestra muy convencido: «En esta pedazo de chirigota no hay racimo ninguno. Ellos solo cuentan una historia, que es real, que es vivida por mí en primera persona... no creo que nadie deba sentir racismo, no lo hay. ¡Esto es Carnaval, señores! El Carnaval de Cádiz no tiene fronteras, ni color, es igual que el amor», subraya regalándome sin saberlo el mejor titular para la entrevista. Terminamos la conversación hablando de carnavales y de Cádiz. «Me encanta esta ciudad, su gente me ha acogido y dado cariño, incluso me siguen mostrando afecto en las redes sociales». Y concluye brindándome otra gran frase: «No hay que ser de Cádiz para sentirse gaditano. ¡Gracias Cai! Yo me siento ya de Cádiz y he cumplido mi sueño».

Tengo un sueño fue el título del discurso más famoso de Martin Luther King hace 55 años en el que decía: «Ojalá un día vivamos en una nación donde las personas no sean juzgadas por el color de su piel sino por el contenido de su carácter». Un carácter, como el de Macario, que muchos deberíamos de tomar como ejemplo.


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