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El fantasma del ‘viejo’ pabellón

Fue durante el transcurso del programa ‘El Varadero’ cuando se dieron a conocer los inquietantes acontecimientos que sucedían en el edificio

25 oct 2016 / 10:42 h - Actualizado: 25 oct 2016 / 10:45 h.
  • El fantasma del ‘viejo’ pabellón

Tuve la oportunidad de investigar este caso de cerca junto dos buenos amigos, Carlos Javier y Nacho López, y no nos iba a dejar indiferentes por el cariz que tomaron los acontecimientos de forma inesperada.

No lejos de Sevilla, allá donde se decía en tiempos inmemoriales que comenzaba la leyenda, se alza en la actualidad un bello rincón de Sevilla que tuvo un peso específico en la ciudad hace ya más de dos décadas. Cruzando esa otra ciudad dentro de Sevilla como lo es Triana, no lejos de ese mágico lugar para el misterio que es la calle Castilla, hallamos lo que fue el centro de culturas y encuentro de pueblos en 1992. Nos referimos a la Isla de la Cartuja, un lugar que permanecerá imborrable en la memoria colectiva de una ciudad como Sevilla y en el haber particular de muchos sevillanos que respiraron el aire de la universalidad sabedores de repetir un momento como ese...

¿Qué fue de la Expo’92 y de la Isla de la Cartuja tras la exposición universal? Pues en la Isla de la Cartuja se construyeron un gran número de pabellones que darían cobijo a diferentes muestras y exposiciones de países, comunidades autónomas, entidades privadas y públicas. Entre los más destacados se construyó un imponente edificio muy evocador en tierras andaluzas –del que omitiré su nombre–. El visitante de la Expo quedaba admirado con la grandeza del recinto, de algunos de sus edificios y con este en particular o el mítico Pabellón de España. Tras finalizar la exposición universal del 92 aquel bello edificio pasó a ser ocupado y la actividad comenzó a fluir como un torrente de vida por su interior. Un torrente de profesionales que comenzarían a tener la sensación de no estar solos.

Pero aquel torrente de vida iba tener un invitado de excepción, un invitado de esos a los que les gusta mover las cosas de sitio, ir apagando o encendiendo luces sin preocuparse demasiado de quién paga las facturas, de hacer que los ascensores funcionen sin que nadie los llame o asustar a aquellos inocentes guardias en la noche, aprovechando de que los seres humanos no le pueden ver. Un inquieto invitado que tiene como salón de juegos esa particular e hispalense torre de Pisa, porque en la quinta planta de la misma algo acecha... Algo más allá de la vida, algo más allá de los miedos, algo más fuerte que el temor a la muerte, algo que ha sobrevivido a todo ello y permanece como mudo testigo de aquello que no vemos y que, sin embargo, convive con nosotros como una fría realidad. Allí, tenemos contacto con una historia de esas a caballo entre la leyenda y la realidad, y que hace que los que tienen que subir a aquella quinta planta en la noche lo piensen por temor a lo que pudieran encontrarse.

Fue durante el transcurso del programa El Varadero cuando se dieron a conocer los inquietantes acontecimientos que sucedían. Los contertulios hablaban de fantasmas y seres del más allá, de sus manifestaciones, de su presencia, de su realidad. Cuando al filo de la medianoche su entrañable presentador, el polifacético Luis Baras, quiso compartir con la audiencia una experiencia real sucedida en primera persona a alguien tan escéptico en esta materia como él, y comenzó a narrar a la audiencia una historia real vivida por diferentes trabajadores del ente público: «¿Sabéis mis queridos José Manuel y Jordi que tenemos también a uno de esos habitantes de ese otro lado del que esta noche nos estáis iluminando tanto? Pues sí, no es solo patrimonio de los que buscáis con afán y luego tenéis la generosidad de compartir con todos nosotros...» Comenzaba nuestro admirado profesional Luis Baras para proseguir: «tenemos algo que nos acecha y que en más de una ocasión nos ha dado más de un susto como los que esta noche nos estáis narrando con otras personas y otros testimonios. Fijaos, siempre se había hablado que en este edificio pasaban cosas extrañas, cosas raras, pero bueno, un edificio nuevo tampoco es sospechoso de tener presencias del más allá..., o eso creíamos nosotros... Una noche estaba yo sentado en redacción, solo, preparando cosas para el programa, entonces tuve la sensación de que algo estaba tras de mí, era ese tipo de sensación incómoda que a uno no le gusta sentir, me giré poco a poco y no vi nada, pensé que era mi imaginación o el cansancio. Me volví a poner al trabajo pero aquello nuevamente estaba tras de mi e incluso la visión periférica del ojo notó como una especie de sombra se movía a mis espaldas. Decidido en no hacer caso a aquellos temores míos, pues decidí centrarme en lo que realmente estaba haciendo, pero de pronto un cajón de la mesa se abrió, pero se abrió solo, como si algo lo hubiera accionado, aquello era imposible, lo volví a cerrar y esta vez se abrió el que quedaba más abajo».

En aquel ambiente mágico de palabras y de misterio que a los oyentes nos embriagaba con el fluir en el estudio de ideas y sentimientos, las emociones seguían brotando de los labios de aquel profesional: «Cerré aquel cajón y nuevamente se abrió el primero. Comencé a reírme nerviosamente, sabía que aquello no podía estar pasando, que era superior a lo que cualquiera podría aguantar. Aquello que estaba allí conmigo parecía estar invitándome a que no dudara de su existencia. Me levanté y me alejé de la mesa, por aquella noche ya había tenido suficientes demostraciones del más allá. No volví a dudar más de la veracidad de aquella historia que se cuentan de estas instalaciones y menos cuando tú eres el protagonista de una de ellas».


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