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La aventura del misterio

Enigmas de la provincia de Sevilla

Hoy visitamos Gelves, a 6 kilómetros de Sevilla. En ella encontramos Museo de la Hacienda de San Ignacio de Torrequemada...

21 abr 2019 / 07:30 h - Actualizado: 21 abr 2019 / 07:30 h.
  • Enigmas de la provincia de Sevilla

En nuestro particular viaje por el misterio de la provincia de Sevilla hoy debemos parar en la “G” y la visitamos Gelves, a 6 kilómetros de Sevilla.

En ella encontramos Museo de la Hacienda de San Ignacio de Torrequemada; Símbolo de la arquitectura rural andaluza, perteneciendo a la Orden de Santiago, por la que fue conquistada la población de Gelves en 1247, por las tropas capitaneadas por el maestre Pelay Correa. En el interior de la Hacienda de San Ignacio de Torrequemada, hay una gran colección de herramientas de tortura de la época de la Inquisición, ya que este lugar fue cárcel inquisitorial. Este pueblo también tiene vínculos taurinos ya que vio nacer al que fue el torero “Joselito El Gallo”. Nació en 1895 y murió a los 25 años en la plaza de toros de Talavera de la Reina (Toledo).

Como dato curioso decir que en sus aguas, ribera del Guadalquivir, muchos decían que habitaban monstruos marinos, realmente se trataban de esturiones que, junto con Coria del Río –también en Sevilla- daban unos de los caviares de más calidad del mundo.

En Gerena les recomendamos que sea partícipe de las experiencias ufológicas y todo lo relacionado con los OVNIs que tiene que contarle Joaquín Mateos Nogales, un histórico que le sorprenderá, se su archivo y con su autorización les narramos este caso: “Domingo de Resurrección. 1968. 23 h. 30 m. Gerena (Sevilla). Emilia Torres Leal y Fernando Ruiz, su marido, regresaban a Salteras después de visitar a unos familiares de Gerena. Ella observó a su izquierda muchas luces juntas que se aproximaban, pero él no les dio importancia. Al llegar al cortijo Conti vieron a unos 200 metros de altura un objeto silencioso que cruzaba la carretera, casi en su vertical. La forma y tamaño era la de un autobús. En la parte superior parecía verse un círculo iluminado, y en el lateral apreciaron unas ventanitas redondas que proyectaban una luz fluorescente. El coche no presentó problemas; pero ella, al estar embarazada, a causa de la impresión, tuvo que ir al médico. Posteriormente le salieron unas manchas en la piel y le refirieron al doctor lo sucedido, no dándole importancia ni crédito al suceso”.

Otro caso que nos cuenta Joaquín Mateos Nogales: “mediados de agosto de 1973. Antonio Fernández y David González, agricultores, y siete obreros más, estaban regando algodón con aspersores y trabajaban por parejas. Observaron a lo lejos un foco de luz blanca que bajaba por una loma. Antonio les preguntó si la habían visto y le respondieron afirmativamente, que serían cazadores. El foco seguía acercándose hasta ellos dos que comenzaron a inquietarse porque su altura no correspondía a un coche ni a un avión, tampoco su intensidad luminosa. Se tiraron al suelo al tiempo que les pasó por encima en varias ocasiones. Pudieron ver que tenía forma de plato al revés, completamente redondo por debajo, con unos focos rojos en su parte inferior. El tamaño lo comparó al de una plaza de toros. Cuando se alejaba reanudaban su tarea y cuando se acercaba se tiraban al suelo. Observaron que dejaba una especie de neblina blanca que se desvanecía, sin olor. Hacía un gran ruido, comparable al de un reactor, aunque algo más atenuado. La última pasada fue tan baja que creyeron que los aplastaría. David aseguró que tenía partes metálicas. Finalmente desapareció. Dominados por el suceso despertaron a los habitantes del cortijo y tuvieron que bañarse en unos depósitos debido al barro acumulado. El resto de trabajadores que se encontraba al otro lado de la finca no observó nada anormal. David, algún tiempo después, cuando regresaba en moto a su casa, vio cruzado en la carretera un gran objeto. Volvió, llamó a su novia, a la cual acababa de dejar, y ambos lo vieron”.

En ocasiones el ser humano vive experiencias que van más allá de lo que podría imaginar y que trasciende más allá de lo racional; son esas vivencias que, si no fuera por el testimonio directo de la “víctima”, tendríamos por irreal... Y es que, muchas veces, la realidad supera a la ficción... La experiencia que les vamos a narrar es absolutamente verídica y puede llevar a una persona al borde de la muerte.

La parapsicología oficial no admite la interacción entre una entidad espiritual y nuestro plano de existencia, porque ni siquiera comparte el hecho de que un ente fantasmal pueda adquirir una cualidad física propia más de las leyes que rigen nuestra existencia que de la del más allá. Admite el hecho que un ente fantasmal pueda ocupar nuestro plano de existencia, sin embargo, en ciertas ocasiones, estas parecen romperse de forma trágica en aquellas personas que sufren un ataque de lo invisible: heridas, arañazos, quemaduras, insomnio..., en ocasiones una verdadera batalla que se produce para mantener la normalidad, y cuando se produce la tregua no cesa el temor de saber cuándo se producirá otro nuevo capítulo, otro intenso momento de terror, provocando un verdadero clavario... Hay personas que sufren estos ataques de espíritus que no descansan en paz si no es provocando jornadas de terror y dolor...

Nuestra investigación nos lleva a una localidad muy próxima a Sevilla, en plena cornisa del Aljarafe, en Gines; allí nuestra protagonista, una joven con vida aparentemente normal que guarda celosamente un tremendo secreto que la atenaza día y noche... Un tremendo secreto que tiene mucho que ver con todo aquello que desconocemos..., con todo aquello que nos genera temor, miedo, terror...

Su nombre es Ana, su vida no difiere demasiado de cualquier otra chica normal de nuestros días. Vive en una casa en la localidad sevillana y jamás había creído en fenómenos extraños ni paranormales, ni siquiera le interesaban este tipo de temas y tampoco sentía temor por ellos, teniendo sus preocupaciones centradas en el quehacer diario con lo que ello conlleva... Hasta que en el mes de Abril de 2012 iba a comenzar el principio de una pesadilla en vida que se extiende hasta nuestros días...

“Sería finales de Febrero, principios de Marzo... Y comenzó todo por escuchar pequeños ruidos, golpecitos, como si alguien llamará a la puerta tímidamente, como si alguien tamborileara sobre la mesa... Sin embargo nadie provocaba aquellos sonidos... Pensé que podía ser la edificación o tal vez que hubiera algún animalillo... Pero no, aquello era insistente y cada vez era más perceptible... Además aquellos sonidos se iban acercando cada vez más y más a la zona que yo ocupaba por la noche, a mi dormitorio, hasta que lo sentí allí dentro; encendía la luz, miraba pero no había nadie...”

Los primeros investigadores que accedieron al testimonio de Ana fueron Lorenzo Cabezas y Mª.Carmen Bravo, fueron ellos quienes vencieron la muralla de silencio que toda víctima de este tipo de situaciones interpone entre el mundo externo y el interior de la persona. Ellos, miembros del grupo G.P.S. de Sevilla, tras diferentes conversaciones, contacto vía redes sociales –de forma privada-, se desplazan a la localidad sevillana donde la joven rompe su silencio y se sincera ante los investigadores –tras varias horas de estancia en su casa- de lo que está sufriendo...

Desesperada narra a los investigadores como sucesivamente es agredida por una entidad invisible, fuerte, que no puede ver, y que repetidamente –noche tras noche- la ataca... La entidad, el supuesto cuerpo fantasmal, le hace tocamientos por casi la totalidad de su cuerpo, le presiona la piel hasta dejarle marcas visibles durante días, e incluso llega a la agresión física convirtiendo su vida en un auténtico calvario.

Tras varias visitas a la casa de Ana, en Gines, los investigadores sevillanos contactan con Jesús García, psicólogo e investigador, y José Manuel García Bautista quienes comienzan las primeras entrevistas e investigaciones con Ana y sobre las terribles experiencias que está viviendo.

En la casa los fenómenos son muy evidentes: se escuchan fuertes ruidos que no parecen provenir de nada que los pudiera provocar, esos fuertes ruidos dan paso a una sensación de frío anormal... La casa, dividida en dos plantas, hace diferenciar con facilidad donde se están produciendo los mismos... Aquellos ruidos estremecedores dan paso a un nuevo e inquietante fenómeno: puertas que se abren y se cierran solas y anomalías eléctricas que no tienen una explicación o correspondencia con un fallo mecánico o de la instalación... Luces que se encienden y se apagan, puertas que se abren y se cierran, raps... Todo un catálogo que ya hemos vivido o hemos escuchado describir en otros casos de las denominadas casas encantadas.

Desde un punto de vista psicológico, analizado por un profesional de la psicología –titulado por la Universidad de Sevilla- como Jesús García, Ana no presenta ningún cuadro que pudiera indicarnos que padece ninguna alteración psicológica; por otra parte se muestra como una persona estable, calmada, reflexiva y tremendamente sensata. A todo ello hemos de sumarle que su actual pareja, un joven bastante objetivo con lo que están viviendo, es igualmente testigo de los fenómenos anteriores y de las agresiones que sufre su pareja. “En ocasiones es incómodo porque alguien puede creer que pudiera ser quién le provoca esas terribles marcas... ¿Cómo explicar que es lo que no vemos el que lo hace?”... Y es que no serían pocos quienes pudieran pensar en un nuevo caso de malos tratos, de violencia de género, pero no es así y no es este caso, aquí nos encontramos con algo que va más allá de lo que podemos explicar...

Pero las experiencias no acaban ahí, la propia protagonista nos hacía partícipe de otros inquietantes sucesos: “cuando creía que lo había visto todo, antes de las agresiones, los objetos comenzaron a caer..., a moverse solos, el bolso, que pesaba porque lleva cosas dentro como la cartera, las gafas de sol, el móvil, que estaba en lo alto de la mesa salió despedido varios metros... Un portarretrato igualmente salió despedido... Y no una, ni dos veces, sino muchas...”

Tras esas primeras demostraciones de lo que habita esta casa comienzan las más aterradoras... Así las narraba esta víctima del misterio que es atacada por una entidad invisible: “es una situación insostenible, por las noches soy atacada duramente, cuando me acuesto en su habitación, pasan pocos minutos, sin estar dormida aún, y ya comienza, la mayoría de las ocasiones... Siento un frío muy grande, a continuación ya noto como me acarician el pelo, el cuerpo... Como pequeñas chispas... A veces siento como si se me acercaran algo que me hecha brisa y luego es quemarme..., el cuerpo, la cara... Lo que parecen inicialmente caricias se transforma en violencia, en quemaduras...” Ana creía que aquello no podía estar sucediéndole a ella, pensaba que se estaba volviendo loca pero cuando veía las marcas, que eran reales...: “Me convencí que era algo no terrenal cuando veía, en el baño, como me habían dejado unos dedos en el brazo que no coincidía con mi mano y no podía haber sido ni yo ni nadie porque eran muy grandes, arañazos, moratones... Todo un catálogo de marcas terribles y dolorosas”.

Ella, Ana, en su cama, sentía como una mano la arañaba, como una mano invisible tiraba del edredón, la despojaba de la ropa de cama, la trataba de dejar desprotegida, a su merced... “es como una guerra, es como si ese ente quisiera despojar la cama de todo para que mi cuerpo quedara desvalido y sin ningún elemento de protección”, después, cuando sólo está ella sobre el colchón, sin ningún elemento más comienza a sentir como algo la toca... “Muchas veces siento como ese algo mete sus manos por dentro de la cama y me toca...”

Las experiencias de Ana siguen sucediéndose, en dos ocasiones, estando sentada en la cocina, vio como delante de ella se formaba una figura: “era de tono gris, un hombre alto, me quedé petrificada y salí corriendo... En mi dormitorio, en otra ocasión, me ocurrió lo mismo: se formó algo delante de mi cara, a menos de un metro... No sé quién es, no di lugar a que aquella figura de formara estando yo allí... Por lo poco que pude presenciar mientras se aparecía era alto, grande, fuerte, un “hombre”...”.

Otros miembros de su familia han sido testigos de todo esto: “En una ocasión se quedaron a dormir mi hermano y mi cuñada junto a sus hijos... Aquella noche las luces comenzaron a encenderse y apagarse solas, las puertas se comenzaron abrir y cerrar, se asustaron mucho, lo pasaron realmente mal; yo sentí a algo correr por la terraza, con sus pasos invisibles... Algo que no era de “aquí”, al asomarme a la terraza no había nadie...”

Investigando los antecedentes e Historia de la zona donde reside no encontramos nada que pudiera explicar tales incidentes, en las vivencias personales de Ana tan sólo se recoge un hecho trágico: la muerte de un novio falleció hace 20 años, como suceso que pudiera estar relacionado... Pero hace ya casi dos décadas y ésta fenomenología se viene dando desde hace –aproximadamente- un año, “noche tras noche”. Aunque hay que decir que los fenómenos no sólo ocurren durante las horas de descanso, en la noche, pues los mismos incidentes también se dan a plena luz del día.

“Hay noches más livianas, pero siempre que me acuesto lo hago con la sensación de que no me va a ocurrir nada pero no, me ocurre, es un martirio, una tortura, estoy desesperada...”, decía de forma agónica y alarmante Ana.

Los ruidos y sus gritos han llegado a despertar hasta a sus progenitores que atónitos han comprobado como los objetos se mueven o las terribles marcas que presentaba, y presenta, su hija. Objetos que salen proyectados contra las paredes, extraños ruidos, raps, materialización de una extraña forma “negra”... Todo a una velocidad y violencia inexplicable.

La joven narró sus experiencias en una entrevista pública concedida al programa radiofónico “Voces del Misterio” (Radio Betis, 89.6 fm), donde -con todo lujo de detalles- explicó lo que le sucedía en un estado de nerviosismo evidente, y es que la situación por la que está viviendo hace que su entereza vaya debilitándose día a día.

El caso se sigue investigando, habiéndonos centrado principalmente en verificar que no pudieran ser autolesiones o provocadas, descartada esa opción queda la más insólita y terrible: provocada por un ente o fenómeno invisible, inexplicado...

En ocasiones creemos que todo lo hemos visto, que todo nos ha sido descrito, que nada nos puede sorprender. Somos aprendices de un mundo del que desconocemos todo y en el que nos afanamos, día a día, por encontrar respuestas aunque por cada una de ella que obtenemos originemos más preguntas que hacen insondables, e inexplicables, muchos de estos fenómenos que son materia de estudio.

El caso de Ana es uno más, seguro, de los muchos que se pueden estar produciendo en este momento mientras lee estas líneas, muchos de ellos nos saldrán jamás a la luz pública, por miedo, por vergüenza... Pero lo cierto es que es un fenómeno inquietante y que, en el caso de nuestra amiga, puede acabar de forma trágica..., esperemos que no.


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