domingo, 22 enero 2017
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Historia secreta de la Navidad

Seguramente somos muchos los que en un momento de nuestra vida hemos pensado en las similitudes entre la cultura religiosa egipcia y la cristiana, que esta última había bebido con mucha fuerza de la fuente del Nilo

02 ene 2017 / 13:10 h - Actualizado: 02 ene 2017 / 13:12 h.
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Seguramente somos muchos los que en un momento de nuestra vida hemos pensado en las similitudes entre la cultura religiosa egipcia y la cristiana, que esta última había bebido con mucha fuerza de la fuente del Nilo. No es de extrañar, sobre todo si dedicamos un poco de tiempo al conocimiento de esa cultura que tanto texto provoca todavía hoy en día y, sobre todo, tanta controversia.

El cristianismo tiene, en parte, algo de cultura egipcia. A pesar de que puede resultar sumamente importante el hecho de haberse encontrado vestigios y pruebas incluso grabadas de que los templarios estuvieron en esas tierras, y que el culto a las vírgenes negras bien puede ser heredado de esas imágenes que se trajeron de vuelta, tras visitar posiblemente la que creían con buen criterio cuna de la cultura religiosa que profesaban, hay otros datos que no lo son menos y que nos podrían incluso escandalizar, pero están ahí para aquel que quiera verlos.

Vamos a repasar un poco, casi por encima, algo de la historia de la religión egipcia. No por breve, como podremos ver, es menos importante. Vamos a hablar de Horus y, conforme leamos, iremos viendo cómo la historia se cruza casi con perfección milimétrica con otras quizás más conocidas, o más cercanas.

Este dios egipcio tenía un enemigo, tío de él, llamado Set, siendo este el Dios de la oscuridad o la noche. Metafóricamente, Horus, Dios solar, cada mañana ganaba una batalla a Set, viajando por el cielo en señal de su dominio. Por el atardecer, Set resucitaba y ganaba la batalla a Horus, mandando a este en su barca al inframundo, por el cual viajaba, encontraba la salida, y se repetía el ciclo. Esta dualidad bien-mal es una de las más repetidas en todas las culturas religiosas.

Pero cuando repasamos la biografía religiosa de este Dios, encontramos datos realmente impresionantes. En líneas generales, Horus nació un 25 de diciembre de la Diosa virgen Isis-Meri. En su nacimiento, brillaba intensamente la estrella del este. Además, este alumbramiento estuvo adorado por tres reyes. A la edad de 12 años era un niño pródigo, y cuando cumplió los 30, fue bautizado en el Nilo por Anup, comenzando ahí sus verdaderas enseñanzas. Tenía 12 discípulos que le acompañaban a todas partes. Realizó varios milagros durante este tiempo, como curar a los enfermos o caminar sobre el río Nilo. Se le conocía con sobrenombres como La Verdad, La Luz, el hijo de Dios, etc. Después de la traición de uno de sus discípulos (Typhon), este fue crucificado y enterrado. A los tres días, resucitó.

Estos atributos de este dios, sean los originales o no, se filtraron a distintas culturas posteriores, dando así inicio a los distintos mitos religiosos bajo esta base. Y como muestra de esto, varios botones nos pueden servir:

–Grecia, 1200 A.c.: Attis, de Phrygia, nacido de la virgen Nana un 25 de diciembre, crucificado y enterrado y resucitado a los 3 días.

–India, 900 A.c.: Krishna, nacido de la virgen Devaki, con la estrella del este apuntando a su llegada, realizó milagros con sus discípulos y, tras morir, resucitó.

–Grecia, 500 A.c.: Dionysus de Grecia, nacido de una virgen un 25 de diciembre, maestro nómada. Realizaba milagros como convertir el agua en vino. Fue calificado como El Rey de los Reyes, El único hijo de Dios, Alpha y Omega, etc. Luego de morir crucificado, resucitó.

–Persia, 1200 A.c.: Mithra de Persia nació de una virgen un 25 de diciembre, tuvo 12 discípulos. Realizó varios milagros. Se le conocía como La Verdad, La Luz... Cuando murió y fue enterrado, resucitó a los tres días.

Esto son sólo algunos ejemplos. Hay decenas más... ¿Casualidad?

Llegados a este punto, creo que la pregunta es más que obvia: ¿Hay una interrelación entre todas las culturas, las cuales provienen de una misma fuente, o en realidad existe un mensaje oculto en todo esto, alguna enseñanza esotérica de lo que en realidad puede ser la base de lo que podría ser nuestra verdadera creencia a nivel espiritual?

Los dioses solares

En todo esto comentado, hay varios puntos en los que tenemos que detenernos:

1/Nacimiento: corresponden en su gran mayoría con el 25 de diciembre.

2/Madre: en todos los casos, virgen.

3/Muerte y resurrección: en todos los casos, en tres días.

4/Seguidores: en todos los casos, doce.

Entonces, ¿por qué estos atributos? ¿Por qué doce discípulos, muerto y resucitado a los tres días, hijo de una virgen...?

Para ser justos, debemos hablar del que podemos considerar verdadero protagonista de la historia supersticiosa y religiosa del hombre en la tierra: el Sol. Nuestro astro rey, venerado desde hace cientos de miles de años por los grabados encontrados, es un objeto en un lugar del cielo, que acoge a la tierra donde vivimos, dándonos calor y vida además de alumbrarnos para protegernos de nuestros enemigos, pudiéndolos ver.

Por supuesto, en cuanto el sol abandonaba el paseo por su reino (de los cielos), aparecían una serie de brillantes moradores que, por el hecho de habitar allí, ya debían ser igualmente adorados. Nos referimos, claro está, a las estrellas.

Yendo un poco más adelante, el hombre comenzó a agruparlas para formar así imágenes en el cielo, llamándolas constelaciones.

Cuando pudieron tener consciencia de que el sol realizaba un movimiento y que, al caer la noche, las estrellas parecía que cambiaban de posición o aparecían nuevas, se determinó que este viajaba a través o sobre estas constelaciones que, en número, eran doce. Curioso. ¿No era uno de los patrones que se repetían en las historias antes mencionadas de los Mesías el que estaban acompañados de doce discípulos?

Si continuamos esta historia de aprendizaje, se pudo determinar que cada vez que aparecían tres constelaciones diferentes en el cielo, se producía un cambio cíclico en la tierra: las estaciones. Se determinó que la división de aquel grupo de apariciones y desapariciones del sol (denominado día), sumándolos, correspondía a la visión de una de estas constelaciones en el centro del zenit celeste. Por lo tanto, se dividió en lo que se consideró un mes. Por tanto, tenemos que en el cielo se trasladó el primer calendario terrestre, siendo este de doce meses, cada uno de ellos con unos 28-30 días, y que cada grupo de tres meses correspondía con una estación del año en la tierra.

Además, continuando con esta observación, vieron que el sol en el cielo también sufría de vez en cuando una variación en su ciclo, siendo dos las más importantes, y repitiéndose en grupos también de dos: los solsticios y los equinoccios.

Las constelaciones, para poder comprenderlas y asimilarlas de mejor forma, fueron idealizadas con formas animales o humanas en la mayoría de los casos, y en otros, con elementos que reflejaran un significado para aquel que quisiera observar el cielo y buscar un significado del efecto en la tierra. Por ejemplo, acuario el aguador, que trae las primeras lluvias de la primavera (mes de febrero. Es usual en nuestra tradición hablada nombrar a este mes como febrerillo el loco, por la estación de lluvias y cambios constantes de clima.

Todo esto nos lleva, nuevamente, a la posible razón de la adoración del astro que domina todas las constelaciones y la vida en nuestro planeta: el Sol, de nuevo.

El mensaje esotérico
de las estrellas

La respuesta a las posibles preguntas sobre los Mesías solares, incluyendo la historia de Jesús de Nazareth, la podemos encontrar de nuevo en la astrología, si observamos el cielo en días próximos a la Navidad cristiana. Nos daremos cuenta de que:

Sirio es la estrella más brillante del cielo. El 24 de diciembre, se alinea con tres estrellas muy brillantes, que se encuentran en el cinturón de Orión. Curiosamente, estas estrellas son conocidas como Los Tres Reyes. Este conjunto, si lo unimos con una línea imaginaria, desde la última estrella de los Tres Reyes hacia el horizonte, apunta justamente al lugar astronómico donde nace el sol el 25 de diciembre. Podemos considerar que, según las posiciones de las estrellas en el cielo, las tres estrellas del cinturón de Orión parece que siguen a sirio para así encontrar el lugar del horizonte por el que sale el sol.

Continuando con la secuencia astrológica, vamos ahora a explicar el concepto de la virgen. Virgo es la constelación conocida como La Virgen (Virgo en latín: Virgen). Su representación es en forma de M ligeramente modificada. La mayoría de madres de Mesías tienen nombres que comienzan por esta letra, destacando como ejemplo que la madre de Adonis se llama Myrra, y la madre de Buda se llama Maya.

A partir de aquí, debemos desentrañar además el concepto fecundidad y, como en un mensaje esotérico oculto, aparece el nombre de la ciudad que vio nacer al Mesías: Belén. Para todo esto, debemos saber que, astronómicamente, Virgo hace referencia a la casa del pan, y la representación de Virgo en la astrología es la imagen de una virgen sosteniendo una espiga de trigo. Esta representa a agosto y septiembre, tiempo de cosecha (fecundidad). En cuanto a Belén significa en hebreo la casa del pan. Lo que es lo mismo, es la representación en la tierra de Virgo.

Existe un periodo de tiempo de tres días, durante el solsticio de invierno en el cual, astronómicamente, da la sensación por el movimiento de la tierra y la su posición respecto al sol que éste se para en el cielo, no sigue su movimiento hacia el sur desde las perspectiva de nuestro hemisferio, durante tres días. Este fenómeno, al cual sumamos el invierno, época del ocaso de la naturaleza, hace que parezca que el sol muere, deja de moverse. Además, el sol se coloca en el lugar más bajo del cielo. A esto le añadimos la proximidad de este, debajo para ser más exactos, con la constelación de la Cruz del Sur.

Después de esto, el 25 de diciembre, el sol comienza un leve movimiento hacia el norte (un grado), y comienza entonces la resurrección de su movimiento, anunciando días más largos, y la proximidad de la vida de nuevo, o lo que es o mismo, la estación de la primavera, o la resurrección. Obviamente, la celebración cristiana se divide en dos partes: el nacimiento (Navidad) y Semana Santa (muerte y resurrección), pero en fechas diferentes. La Semana Santa se celebra en el equinoccio de primavera, ya que en esta época, el sol gana a la oscuridad y el día es, a partir de esta fecha, más largo. Por tanto, podemos considerar entonces la victoria frente a la muerte (o la oscuridad) por ser las horas de sol o día mayores que las de noche.

Terminamos con los doce apóstoles: se puede suponer que es la representación de las doce constelaciones del zodíaco que viajan junto a Jesús (El Sol). Debemos saber que este número (12) se encuentra por varios lugares de La Biblia.

Además, a esto podemos añadir que el símbolo de la cruz no es exactamente cristiano; es más bien la adaptación pagana de la cruz del zodíaco, o zona central que representa al sol con un círculo, dividido en cuatro partes con dos líneas diametrales que parten el Zoroastro en cuatro. Podemos ver este detalle en las primeras representaciones de Jesús, que se dibujaba o labraba una cruz justo detrás de su cabeza, rodeada por un círculo, siendo así llamado la luz del mundo, o sea, el sol. Podemos considerar entonces la cruz como adaptación pagana de ese centro de la rueda zodiacal, teniendo en cuenta que todavía siguen existiendo controversias acerca de la muerte de Jesús en una cruz, o en un madero. La representación de Jesús con una cruz, y un círculo en el centro de esta sobre la cabeza, se ve en obras anteriores al siglo XIX, donde ya la traducción de los jeroglíficos egipcios comenzaron a sembrar cierta controversia en el mundo religioso.

A modo de conclusión

Tal y como indicábamos al principio, todos estos datos que, aunque escuetos, forman suficientes pistas como para iniciar una investigación, nos pueden llevar a un conocimiento esotérico de lo que en realidad podemos considerar no sólo los comienzos religiosos de nuestra humanidad, sino el encontrar realmente a ese Dios que todas las religiones del mundo se empeñan en enseñarnos desde diversos puntos de vista.

En cualquier caso, cuando leemos uno de esos grandes libros donde vienen reflejadas esas enseñanzas religiosas que son las que nos abren el camino de la iluminación, siempre lo hacemos con la idea preconcebida de lo aprendido por nuestra cultura religiosa, casi siempre interpretada por las personas que se erigen como los que en realidad saben descifrar esos textos tan farragosos en algunos casos. Y ese es un error en el que casi siempre caemos por comodidad, ya que si alguien nos da ya la mitad del trabajo hecho, sólo debemos completar la otra mitad.

¿Por qué no pensar con lo que está aquí expuesto que, cuando en la Biblia se habla de el reino de los cielos, no implica un paraíso, sino la idea de que debemos observar nuestro cielo para comprender secretos sobre la Humanidad, y la búsqueda de la esencia de uno mismo?


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