lunes, 12 noviembre 2018
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Lugares encantados de España

La noticia conmovió a toda la nación, fue uno de los hechos más trágicos y desgraciados que pudieron ocurrir aquella aciaga noche del 11 de Marzo de 1991. Durante unas prácticas militares los 130 militares de la Compañía de Esquiadores del Batallón de Cazadores III/65 de Barbastro salen a realizar unos ejercicios de alta montaña.

04 nov 2018 / 07:29 h - Actualizado: 31 oct 2018 / 13:34 h.
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Los fantasmas del refugio-cuartel militar de Cerler

El martes 12 de Marzo de 1991 la prensa informaba: “Cinco militares muertos y otros cuatro desaparecidos por una avalancha de nieve”. Cinco militares perdieron la vida en el Pirineo aragonés y otros cuatro permanecieron desaparecidos al quedar sepultados por un alud de nieve. Fallecieron el teniente Álvaro Fernández González; el cabo primero Dorado Díaz; el cabo Pozuelo González; y los soldados Rodríguez González y Pérez Mendiguren, los cuatro primeros de armas de Artillería y el último, a Infantería, pertenecían a la compañía de escaladores y esquiadores del Regimiento Valladolid 65, con guarnición en Barbastro (Huesca).

Al mando se encontraba el capitán Luis Silvera, llegados a un lugar llamado Blanca de Paderna un alud se precipita sobre ellos, muchos logran salvar la vida excepto nueve infortunados que concluyen sus días bajo la blanca nieve de tan apartado lugar.

Desde ese momento en el refugio-cuartel de comenzaron a vivir todo tipo de hechos extraños...

Pasaron los meses y el Diario del Alto Aragón informaba un 28 de Septiembre de 1992 de una investigación paranormal que se estaba llevando a cabo en un cuartel en Cerler. El Ejército negó tal circunstancia pero los lectores recordaron que en ese mismo lugar ocurrió la tragedia del Batallón de Barbastro el año anterior.

El Gobierno Militar de Huesca, el 29 de septiembre de 1992, envió un comunicado al Heraldo de Aragón, que decía lo siguiente: “El Ejército niega hechos paranormales en Cerler”. El comandante Espinosa en el “Diario del Altoaragón” firmaba que “no hay ninguna historia de sucesos paranormales en este cuartel, ni mucho menos que el general haya solicitado la ayuda de ningún parapsicólogo, ni nadie que estudie estos fenómenos, por la sencilla razón de que allí no pasa nada, la vida es normal y corriente, como siempre. Me gustaría saber de dónde ha salido toda esta historia”. Pero la realidad era bien diferente de aquellos trágicos hechos.

Y es que desde el trágico accidente el cuartel parecía “encantado”, según los soldados las luces funcionaban solas, se encendían y apagaban solas, se sentían fuertes golpes y las taquillas eran golpeadas con gran violencia. Los objetos se movían solos y una vez las treinta y seis ventanas del cuartel se abrieron a la vez.

Aquello se escapaba de la comprensión de los aterrados militares que incluso veían extrañas formas luminosas paseando por el cuartel: “Aquello era horrible. Mientras estábamos acostados, oíamos claramente cómo las puertas de las taquillas se abrían y cerraban solas, con mucha fuerza y como por arte de magia. En otra ocasión oímos pasos, pasos que sonaban cada vez más cerca, pero por más que mirábamos, no conseguíamos ver a nadie”.

Oscar Blasco Calvo manifestó al portal “Mundo Misterioso” años más tarde: “Aquella noche me tocaba guardia. Serían las dos o las tres de la madrugada. Estaba enfrente de la garita y tenía frío. Había un puerta con un candado que sonaba mucho, supongo que por el viento, ¿no?, me imagino. Bueno, y desde la garita yo veía “peña” ahí, en la montaña. Y tenía el cetme montado y con el cargador puesto, del miedo que tenía. O sea, allí no tenía que haber nadie, y arriba en el monte una luz, cuando allí no hay ninguna luz. Aquella luz se movía, bajaba, y de repente otra vez estaba arriba, y bajaba... Di novedades al cabo primero y se reía de mí, y yo dije, bueno, pues serán imaginaciones mías. Pero aquello quedó registrado en el libro de novedades.”

En el mismo medio indicaba: “Cuando acabé la guardia de dos horas me fui a dormir, y después me tocó una patrulla de dos horas también con otro chaval, y teníamos que dar vueltas al refugio”. Intranquilos por lo vivido recuerda que “empezamos a dar vueltas. Mirando los camiones y todo eso, ya ‘cagados’..., yo con lo que había visto, ‘cagados’... Y comenzamos a inspeccionar la fachada, todas las ventanas estaban cerradas, pues bien ¿no? Seguimos andando, lo que cuesta dar una vuelta al refugio, siete minutos u ocho, y cuando miramos otra vez todas las ventanas estaban abiertas.”

Un soldado dijo a otro compañero “¿Tú lo has visto?” y decidieron dar otra vuelta: “Dimos otra vuelta, y entonces... ¡Estaban otra vez cerradas! Estábamos ya jiñados”.

Ángel Civera hizo el servicio militar en el refugio-cuartel de Cerler en 1994, él narra su experiencia: “Yo oí pisadas. Serían las doce y pico de la noche. Aquel día yo fui el último en acostarme y cerré las dos puertas, por lo que sabía que no había nadie levantado. Por lo que es el pasillo donde está la centralita oí pasos. Y no se abrió ninguna puerta ni nada. Allí no había nadie. No había nadie seguro, ya que si no habría oído abrirse la puerta”.

Además “en el refugio conservaban un ejemplar del periódico en el que se hablaba de los fenómenos paranormales que sucedían allí. Cuando lo vi fue la primera vez que tuve conocimiento de lo que allí pasaba. El cabo furriel, que era quien llevaba las llaves de todo, en ocasiones subía al botiquín y se encontraba las luces encendidas, cuando sólo él podía entrar allí.”

Todo era especialmente virulento en los lugares relacionados con alguno de los fallecidos aquella aciaga noche.

Un par de años después la actividad disminuyó significativamente sin que nadie pudiera explicar convincentemente que ocurrió en el cuartel en aquellas aterradoras jornadas.

El Ejército silenció todo lo ocurrido pero la opinión pública y los investigadores sabían de la realidad paranormal de aquel cuartel en Cerler.

Los fantasmas de Belchite y sus sonidos del ‘más allá’

Uno de los episodios más terribles que se vivió en el transcurso de la Guerra Civil en España fue el de la masacre de Belchite (Zaragoza), donde casi cinco millares de personas fallecieron.

En una guerra se comenten todo tipo de atrocidades, por uno y otro bando, en este caso todo era parte de una “cuenta pendiente” en aquel mismo lugar producida un tiempo antes cuando las tropas rebeldes, las falangistas, entra y retienen al alcalde de la localidad, Mariano Castillo, junto a 170 personas de ideología izquierdista. Todos murieron fusilados pero el alcalde que se suicidó. Aquello jamás se olvidó y un año después, el 24 de agosto de 1937, los republicanos establecerían el sitio al pueblo con más de 20.000 soldados.

La batalla fue cruenta, participaron aviones rusos Polikarpov I-16 y Polikarpov I-16 que bombardearon el pueblo apoyados por la artillería pasada, luego la lucha fue en todo el pueblo, el número de muertos se elevaba a 5.000 entre vecinos y tropas falangistas. La huella de dolor quedó para siempre en los ladrillos rojizos de sus casas, hoy mudo recuerdo derruido de un pasado cruel.

Pero en Belchite lo que podemos es experimentar como todo el lugar se dice que “está encantado” y en él se pueden escuchar aún los ecos de ese mismo pasado, en forma de psicofonías tan impactantes como angustiosas.

Fue el investigador y periodista Carlos Bogdanich quién realizó unas grabaciones que conmocionaron, el sonido del picado de los cazas rusos mientras bombardeaban o el llanto desde el “más allá” de las víctimas. Así lo explicaba: “se grababa, junto el equipo de “Cuarta Dimensión”, programa radiofónico de Radio Heraldo, llegamos con nuestro uniforme: chaqueta de aviador, pantalones verdes y sombrero también verde con el emblema del programa. Era octubre de 1986 y había luna nueva. En el pueblo no había más que dos calles iluminadas. Los seis viajábamos en el mismo coche. Lo primero que hicimos fue presentarnos en el cuartelillo de la Guardia Civil para explicar lo que queríamos hacer. ¡Menuda cara que pusieron! Alucinaron con nosotros, uniformados iguales y, además, uno de mis compañeros era un negro haitiano, para darle un toque aún más exótico al asunto. No tuvimos problemas en entrar en las ruinas. Instalamos dos micrófonos de máxima tecnología en los restos de la iglesia de San Martín y dejamos grabando. Esperábamos en el coche para no hacer ruido y cada dos horas íbamos a cambiar las cintas. En un momento dado, mi compañero Juan Carlos Mora se puso muy tenso, mirando con los ojos muy abiertos: “¡Aquí están, me apuntan!”, gritó. ¡Juan Carlos es un tío muy tranquilo! Una persona muy curiosa, pero poco dado a las fantasías. Conseguimos que se calmase. Al final grabamos alrededor de seis horas”.

Tras la grabación recuerda: “Llegamos al estudio ya de mañana, con el sueño acumulado. Casi todos decidieron irse a dormir, pero Ricardo Martínez (técnico de sonido) y yo nos fuimos a escuchar las grabaciones. Estábamos que nos caíamos de sueño cuando de pronto escuchamos una detonación... Ahí estaba, el bombardeo. Nos miramos y volvimos a escucharlo. No había duda, era una gran bomba. Después llegaron los otros sonidos. El que más me sorprendió fue el de un avión, como los de la guerra. Al cabo de una semana hicimos un programa de radio en el que invitamos a militares e historiadores. Uno de los militares, aviador de un pueblo próximo a Belchite, reconoció el ruido del avión como uno de los que emplearon los republicanos en los bombardeos”.

En las proximidades de la iglesia de San Martín aún hay sepulturas e, incluso, los que afirman haber visto una extraña sombra que vaga por el lugar e identifican con alguno de los caídos en la batalla.

A unos 40 kilómetros de la capital aragonesa se encuentra este enclave donde podemos tener nuestra cita con lo paranormal y donde no debemos olvidar la Historia para que nunca, nunca, vuelva a repetirse.

La ‘marimanta’, el fantasma blanco

En un reciente viaje a Cortegana (Huelva) hablábamos con personas vinculadas a la tierra de los muchos misterios que encierra aquella hermosa parte de la Sierra en Andalucía, dentro del particular “bestiario” de seres de otro mundo, imposibles, llamó la atención de mi compañero Federico Padial y mía un nombre que resonaba con fuerza: la “marimanta”.

Se trata de una especie de asustador profesional que se enroca con las leyendas más sobrenaturales de la comarca cual “pantaruja” extremeña aunque este tenga que ver más con los difuntos que portan atuendo blanco y recorren aquellos lugares con los que tuvieron una relación en vida, emocional o sentimental.

La “Marimanta” tiene una referencia andaluza en tierras granadinas donde existe una relación con el misterio y lo desconocido, como ocurría con la “pantaruja” se trataba de esposos infieles que acudían a su cita amorosa embutidos en una sábana y no dejaban ver su rostro para no ser identificados. Pronto se establecieron analogías con espíritus, fantasmas, y de ahí el miedo que pueden infundir.

En cualquier moderno diccionario podemos leer su definición como “Personaje imaginario con que se asusta a los niños”. En Periana (Málaga), en la Axarquía, encontramos una leyenda en torno a este ser: “Por las noches, cuando las calles no tenían luz o alumbrado público y la oscuridad reinaba, se tenía miedo a salir a la calle no fuera a que la “marimanta” se apareciera. Cuando veían a un vivo se solían interponer en su paso, cómo queriéndolo arrebatar de esta vida. Una noche una “marimanta” se interpuso en el camino de un labrador, este sacó la hoz y asestó un golpe fatal al espectro que, de forma incomprensible cayó al suelo en un charco de sangre... Cuando quitaron la máscara a aquel ser descubrieron que bajo la sábana blanca se escondía el hijo del juez”.

Esa misma leyenda narra cómo el juez tiene una conversación con el campesino: “¡Usted sabe que lo ocurrido, yo lo mate!, dice”, el juez le responde “¡Tranquilo amigo, usted mató a una marimanta, y estas son personajes de leyendas por lo tanto no existen y por lo consiguiente usted no mato a nadie. ¡Mi hijo se ha marchado de viaje muy lejos y sin retorno!”.

En Cortegana logró localizar a un vecino que me dice: “antiguamente los hombres salían en busca de sus conquistas y si no quería que su novia o esposa se enterara lo hacía a altas horas y escondido bajo un disfraz. En el pueblo se corrió el rumor que eran fantasmas que se llevaban a los vivos pero en verdad eran vecinos que estaban muy vivos y tenían intenciones carnales”.

Fernando Martínez, en cierta ocasión, conducía por las cercanías de Cortegana, cuando estaba llegando vio junto al arcén una silueta blanquecina, era una especie de persona “blanca”, sabedor de las historias que corrían y de la proximidad al pueblo le extrañó “ya no vivimos en el pasado, estamos en el siglo XXI, la gente no se esconde por ir a visitar a una mujer, tengo la certeza que era un fantasma, la “marimanta” más espectral”.

En Vejer encontramos otra curiosa historia que nos hablan de fantasmas y mujeres cubiertas por un manto negro que vagaban por sus calles como “almas en pena” y se apoderaban de los vivos al poner el sol. Quizás su realidad obedece la tradición popular o a las leyendas que nos hablan de apariciones o a las, igualmente, relaciones entre vivos, en secreto, mujeres y hombres que daban rienda suelta a la pasión prohibida donde el disfraz era su salvoconducto.

Hoy día “La noche oscura de Vejer”, con caracterizaciones, nos recuerdan todos esos misterios e historia heterodoxos. En otras localidades gaditanas, como Jerez de la Frontera, tiene hasta su propia calle rotulada.

Historias populares, fantasmas, seres mitológicos, el bestiario de lo absurdo que, en ocasiones, entre en este mundo para hacer más cierta que nunca aquella máxima que nos dice que la realidad, a veces, supera a la ficción. Cuidado con la “marimanta”.


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