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La aventura del misterio

¿Qué nos espera tras la muerte?

05 nov 2017 / 23:03 h - Actualizado: 05 nov 2017 / 23:03 h.
  • ¿Qué nos espera tras la muerte?

¿Cuántas veces hemos visto cómo un niño pequeño juega sólo con amigos imaginarios o dice hablar con un ser imaginario? En la mayoría de las ocasiones, los padres del pequeño no hacen caso de este hecho y sólo lo atribuyen a la imaginación del chico. Realmente se ve como un juego...pero a veces debemos de oír a estas pequeñas grandes personas ya que quizás lo que tienen que contarnos es mucho más importante que un simple juego o la imaginación desbordada.

¿Qué nos espera tras la muerte?

¿Estamos en contacto con otras realidades? Será la eterna pregunta... Hay muchas personas que han estado en contacto con estas otras realidades e incluso con seres fallecidos en las denominadas ECM o Experiencias Cercanas a la Muerte e incluso han percibido una terrible realidad: su propio cuerpo perdiendo la vida y sus seres queridos sufriendo por su vida. ¿Demuestran todas estas experiencias la existencia de la vida tras la muerte? En estos años, sobre todos tras nuestros avances técnicos y en materia de medicina, la supervivencia del alma ha sido un preocupación «científica» a estudiar y un problema que la Ciencia trata de explorar.

Atendiendo a su propia definición una ECM o Experiencia Cercana a la Muerte es: «Las experiencias cercanas a la muerte son percepciones del entorno narradas por personas que han estado a punto de morir o que han pasado por una muerte clínica y han sobrevivido. Hay numerosos testimonios, sobre todo desde el desarrollo de las técnicas de resucitación cardiaca, y según algunas estadísticas, podrían suceder aproximadamente a una de cada cinco personas que superan una muerte clínica».

Recuerdos prototipo durante, o tras, una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM):

1. Invasión de una sensación de calma o paz interior.

2. Abandono del cuerpo, perspectiva desencarnada.

3. Sensaciones visuales y auditivas de lo que sucede a su alrededor.

4. Revisión de su vida.

5. Túnel de luz.

6. Luz grande y consoladora.

7. Familiaridad en la luz e incomparable sensación de paz y bienestar.

8. Hallazgo de seres conocidos ya fallecidos.

9. Algo que impulsa al testigo a volver al mundo de los vivos.

10. Regreso desganado y sufrimiento...

TESTIMONIOS «ANÓNIMOS»

Sobre ello seguimos teniendo testimonios apasionantes de personajes famosos o anónimos que pasaron por tan duro trance, uno de ellos es el de Arturo Gómez, un valenciano de 49 años, responsable de logística de un almacén de suministros de fontanería: «Con 17 años, un día de verano, mi novia y yo decidimos ir a la playa en moto a hacer unas fotografías. De camino, al cruzar un puente, la rueda patinó y caímos al suelo. La moto y mi novia tuvieron suerte. La peor parte me tocó a mí. Salí despedido y paré con la cabeza de un golpe, sin casco, contra la valla del lateral.

Perdí literalmente el cuerpo y comencé a flotar, viéndome a mí mismo tendido inerte en el suelo con mi novia llorando agachada sobre mí. También recuerdo a un joven que corría hacia allí pidiendo auxilio. Pero la visión cada vez era más difusa porque yo no paraba de coger altura.

De pronto, mi ascenso flotando boca abajo se detuvo por alguien que me asió por la espalda. Quien quiera que fuera, con una voz amigable y serena, me preguntó: «¿Dónde vas?»; y sin dar opción a responder continuó: «Éste no es tu momento. Tienes aún muchas cosas por hacer».

Recuerdo que me volví para ver a aquél ser. Vestía una túnica blanca, tenía un pelo rubio algo largo y una cara que no se veía bien pero infundía confianza y tranquilidad. Meditando aún las palabras de mi inesperado interlocutor, de pronto me sentía como si fuera viajando cómodo y feliz en un vehículo grande y lujoso, con mucho espacio y un gran motor. Pero en seguida esa sensación desapareció y empecé a notar sangre.

Fue cuando realmente tomé consciencia de lo que me había pasado. Desperté en un coche que resultó ser del chico que desde arriba había visto correr. Vivía junto al puente, y al ver nuestro accidente acudió en nuestro auxilio. Dada la gravedad de mi estado, decidieron enviarme a la clínica San Juan de Dios de Valencia.

Ya en un quirófano, el médico que me atendió no daba crédito. Tenía múltiples fracturas craneoencefálicas. Precisaba suturas por las cejas, por la sien, por la barbilla, de hasta cincuenta puntos. Estaba vivo de milagro. Pero lo más increíble de todo es que yo me encontraba bien, no sentía dolor, ni siquiera me hacían daño al pasarme la aguja y el hilo. Estaba charlando y bromeando con las enfermeras como si nada grave hubiera pasado.

Una vez que todo acabó, comenté mi experiencia con mi novia y comprobé que lo que había visto desde arriba era exactamente lo que había ocurrido. Me ha dado mucho que pensar. No es, desde luego, algo que se vaya contando alegremente a todo el mundo.

Lo que me pasó me lleva a pensar que todos tenemos a alguien que está ahí, junto a nosotros, protegiéndonos aunque no lo veamos. «También estoy convencido de que sí que hay vida después de morir: no como ésta, pero la vida continúa».

Las hermanas gemelas María Luján y María José Navarro Zaballa, de 48 años ambas y dedicadas a la hostelería en las Negras, Almería, también dejaron su impresionante testimonio sobre sus Experiencias Cercanas a la Muerte: «Somos hermanas gemelas y esto nos ocurrió siendo unas niñas de 7 años. Estábamos con nuestra madre y su hermana en una playa alejada de la ciudad, donde no hay mucha gente ni vigilancia. Nos metimos solas en el mar para bañarnos en un lugar más alejado. No nos dimos cuenta de que nos acercábamos a una zona peligrosa. El fuerte oleaje nos arrastró mar adentro hasta que no pudimos hacer pie por la profundidad. Luchando por mantenernos en pie, dábamos saltos desde el fondo para coger aire, pero cada vez cubría más. No podíamos nadar y la corriente nos llevaba.

Agotadas y sin fuerzas, dejamos de luchar y nos hundimos. Sabíamos que íbamos a morir. Ya no podíamos respirar y la angustia por ahogarnos dio paso a una inmensa paz. Pero de pronto, estando en el fondo del mar y sabiendo que había llegado ya nuestro fin, apareció un ser que nadó hacia nosotras. Era un hombre que veíamos sin nitidez, como a trasluz. Parecía ir vestido como de buzo antiguo, con casco de inmersión de un relato de Julio Verne. Rápidamente me sacó del fondo del mar y me dejó en la arena, como le pedí que sacara a mi hermana, sin dudar un momento fue por ella y la trajo.

Descansamos y nos recuperamos del casi ahogamiento que vivimos. Ya repuestas, nunca más hablamos de quien nos rescató. Siempre ha sido para nosotras algo muy íntimo; una experiencia personal e inexplicable. ¿Quién pudo ser aquel ser que nos rescató de aquellas playas salvajes?».

Miguel Galán Dueñas tiene 56 años, es crítico musical, escritor y administrativo en el Servicio Andaluz de Empleo de Sevilla, y vivió una de esas experiencias que jamás olvidará: «Un noche del verano del 79, al cruzar una calle del centro de Sevilla, fui atropellado por un coche que salió de repente a gran velocidad. No me dio tiempo a verlo. El golpe me dejó inconsciente en el suelo con fracturas en la cabeza, rotura del húmero del brazo izquierdo y serias heridas en todo el cuerpo. No sé durante cuánto tiempo permanecí sin conocimiento, pero cuando desperté sé que estaba rodeado de italianos que había presenciado el accidente. Habían visto al conductor dándose a la fuga. No se me olvidará lo que viví mientras estaba sin consciencia. Me vi dentro del famoso túnel. Al final vi una luz brillante que me cegaba. A ambos lados del túnel discurrían a gran velocidad imágenes estáticas en blanco y negro de mi vida, con mis padres, mis hermanos, amigos, etc. Imágenes que mostraban momentos que había olvidado, pero que reconocía como propias. Primero aparecieron las más antiguas, las de mi niñez. A continuación, otras más cercanas en el tiempo a mis 17 años. Las observaba tumbado desde el suelo. No podía pensar, recuerdo que quería saber la razón por la que veía aquello, pero la sucesión vertiginosa de imágenes me lo impedía. No fue, ni mucho menos, una sensación placentera. De hecho no me gustaba nada. Quería salir como fuese de allí».

Javier Rioja tiene 48 años y es empresario del sector de energías renovables en Barcelona, hace unas décadas vivió su ECM: «En 1988 cumpliendo el servicio militar en la Academia General Básica de Suboficiales. Me encargaba de ser el chófer de coronel al mando. Cuando llevaba unos ocho meses de mili, un compañero me contó que mi novia de Tremp me la pegaba con un teniente. Cogí el coche del coronel y bajé al pueblo a buscarla. No la encontré a ella pero sí a dos compañeros recién licenciados que necesitaban llegar a Lérida para coger el tren y me convencieron para que los llevase. Yendo ya de camino, en una curva, la carretera desapareció y nos vimos volando sobre un barranco. Por el aire cortamos la copa de un gran pino, dimos la vuelta y caímos boca abajo al campo. El suelo donde aterrizamos estaba arado y el capó se enterró casi por completo. Recuerdo ver las ruedas girando con el coche clavado en el sembrado, mientras yo subía cada vez más rápido, alejándome, sin saber hacia dónde. Me sentía liberado, como si hubiera estado comprimido dentro de una botella y de golpe saliera de ella. Podía apreciar un punto de luz al final que se hacía grande, con una imagen en su interior. Era mi madre en la cocina de casa fregando los platos con un delantal azul. Noté que podía desplazar esa luz para ver otras cosas. Recuerdo ver a mi amigo Toni en la cantina, a mi hermana en su casa de Venezuela, cogiendo un teléfono de color rojo que sonaba, a mi abuela abrazándome, mi primer beso con una chica, el agua correr en la riera de el bosque cercano a mi casa, a mi hermano Carlos haciendo ondas con el humo de un cigarrillo...

De repente la imagen cambió y repasé aquel día de principio a fin. Ahí noté como alguien me tocaba preguntándome si me encontraba bien. Abrí los ojos y noté algo que me caía en la cara. Yo estaba tumbado en el techo del coche volcado y mi acompañante colgaba del cinturón de seguridad sobre mí. Pregunté qué sucedía y me respondieron que habíamos tenido un accidente. Me desmayé. Cuando recuperé el conocimiento despertaba de un coma de dos días en un hospital de Lérida. Los tres salvamos la vida aquel día.

Tras esta experiencia perdí por completo el temor a la muerte y aprendí a valorar mucho más las cosas que nos rodean. Durante un tiempo lloraba por nada, me convertí en un sentimental que amaba a todo el mundo. Desde entonces procuro enfocar mi vida en ayudar a los demás».

LA MUERTE Y SUS MITOS

La muerte guarda muchos mitos y misterios por los que el ser humano aún se pregunta y que no tiene respuesta pues nadie ha regresado de la muerte para hacerlo. En torno a la muerte hay mitos que conviene eliminar.

1. La luz al final del túnel: es lo que muchas personas dicen haber visto tras una Experiencia Cercana a la Muerte, una ECM, un túnel y ver una luz al final. Según los expertos este evento es «un fenómeno que resulta del procesamiento de información visual en periodos donde el cerebro recibe poco oxígeno». Por lo cual tendría una explicación lógica y racional.

2. Los animales predicen la muerte de los humanos: es en relación al sexto sentido animal aunque tiene poca base científica, si bien es cierto que hay animales que tienen predilección por enfermos a punto de morir y se dice de ellos que pueden predecir la muerte como el gato Oscar. Presente en las muertes de 25 ancianos en un centro de rehabilitación en el estado de Rhode Island es todo un enigma para la ciencia.

3. Se puede morir de amor y de tristeza: no es cierto aunque el sufrimiento que provoca la soledad o el desamor origina sensación de estrés en el organismo que puede acarrear debilidad, falta de apetito, desolación. Todo ello puede dar lugar a un fallo cardiaco y provocar la muerte, sin bien no está científicamente demostrado.

4. Las uñas y el pelo siguen creciendo: se suele decir que cuando muere un ser humano sus uñas y pelo pero es incierto ya que las células del cuerpo, al morir, dejan de reproducirse. Simplemente se produce un fenómeno en el que el cuerpo pierde volumen (agua principalmente) y da la sensación de tener el cabello más largo o las uñas, pero no es así.

5. La memoria celular: «No está científicamente comprobado que el alma no sea trasplantada con los órganos», decía la presentadora de TVE Mariló Montero. Los expertos afirmaron que «el alma de una persona fallecida pueda ser trasmitida a otra en una donación. Sólo se valora la situación del donante, no su conducta delictiva».

6. Existe el más allá: a fecha de hoy es una afirmación que nadie puede suscribir, nadie ha vuelto realmente de la muerte para decirlo.

7. Una vez muertos se puede seguir oyendo: dice la falsa creencia que el oído es el último en perderse en una persona clínicamente muerta. Es imposible, al morir se pierden todos los sentidos.

8. Una cabeza decapitada sigue consciente después de separarse del cuerpo: división de opiniones, hay quien sostiene que una cabeza humana puede permanecer consciente entre 15 y 20 segundos detrás su decapitación pues hay sangre y oxígeno. Otros indique se pierde el conocimiento de forma instantánea por la pérdida masiva en la presión de la sangre en el cerebro. Son algunos de los mitos desmitificados (valga el juego de palabras) sobre un momento tan trascendente como el de la muerte.


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