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Reliquias en Sevilla

Entrarán en esta exposición aquellos objetos que fueron usados por el santo, ya sean sus ropajes o los instrumentos que fueron utilizados para su martirio, y los objetos que hayan tocado una reliquia de primera categoría

28 ene 2017 / 16:31 h - Actualizado: 28 ene 2017 / 21:38 h.
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Para este viaje que les propongo tomaremos como reliquias cualquier elemento que tuvo que ver con la vida de Jesús y de María, así como parte del cuerpo o ropa de un Santo o Santa, entrarán en esta exposición, aquellos objetos que fueron usados por el santo, ya sean sus ropajes o los instrumentos que fueron utilizados para su martirio y los objetos que hayan tocado una reliquia de primera categoría. De ellas se dará una explicación hasta donde la Historia y la documentación, así como el espacio, me permitan.

Reliquias

El Lignum Crucis de Constantino en la Catedral y la Espina de Cristo

Ya os dijimos que volveríamos a la Catedral y aquí nos encontramos nuevamente, esta vez, en el interior de la Sacristía Mayor y exactamente frente la vitrina nº 4, que es donde debemos centrar toda nuestra atención. Esta vitrina recoge una magnífica colección de reliquiarios del siglo XVI, y junto a ellos, la Cruz Relicario del Lignum Crucis, realizada en oro, con incrustaciones de cabujones de esmalte, camafeos y piedras preciosas. El oro con el que está enmarcado este Lignum Crucis, dicen que fue hecho con el primer oro traído desde el Perú. En la zona baja de la cruz podemos distinguir una representación evocadora de «de la Piedad con José de Arimatea y las Santas Mujeres». En el año 1389 fue donada por el Cardenal Don Pedro Gómez de Albornoz a esta Catedral.

Sobre este Lignum Crucis dice el autor, Don Mariano de la C. y P. en su libro Descripción del Templo Catedral de Sevilla publicado en el año de 1850, «que según la tradición, fue descubierto en el sepulcro del emperador Constantino, cuando se abrió de resultas de la pérdida de Constantinopla, lo recogió un legado pontificio que se halló presente y lo llevó al Sto. Padre, este lo regaló a Enrique IV de quien lo hubo el Arzobispo don Alonso de Fonseca: dudando este Prelado si sería parte de la Cruz en que murió el Redentor, acordó echarlo al fuego delante de los testigos de probidad y ciencia, y de todo el pueblo de Sevilla, permaneció ileso en el brasero durante las preces; concluida la hoguera se recogió en el estado que vemos». Ya lo veis, estáis, posiblemente, delante de un trazo auténtico de la Cruz de Cristo, que para empezar este capítulo, no está nada mal.

Santa Espina de la Catedral

Respecto a la Santa Espina de la Catedral, sabemos que fue donada por el Cardenal Rodrigo de Castro, en el año 1590 y a este, a su vez, se lo donó la Emperatriz Doña María, junto con una cabeza de las once mil vírgenes, un dedo de San Fernando, un brazo de San Bartolomé, huesos de San Blas, San Lorenzo, Santiago y San Sebastián, también huesos de San Cristóbal, San Leandro, San Isidoro, Santa Inés, Santa Rosalía, San Pedro, San Laureano, también del Beato Juan de Rivera y otras tantas reliquias más. Además de este gran osario de santidades, también Doña María, donó al Cardenal Castro, un Santo Cáliz que había sido propiedad del Papa Clemente VII, también un relicario de oro, una cruz de madera con hermosos grabados, la taza de cristal donde solía beber el rey Fernando III, que luego pasaría a ser San Fernando, un viril de oro, con piedras preciosas, que es el que se utilizaba el día del Corpus, otro viril al que le dieron el nombre de Romano, por haberse fabricado en Roma. Continuando con un incensario de oro, las llaves de la ciudad que presentaron a Fernando III, el moro Aljataf y los judíos de la Alhama, el mismo día de la triunfante entrada a la ciudad. Una de las llaves es de plata y la otra de hierro, en la de plata figura una inscripción en la que dice así «Dios abrirá y Rey entrará» y en la de hierro, con letras árabes pone «Permita Alá que dure eternamente el imperio del Islam en esta ciudad». O sea, que las llaves lo mismo les valía a unos que a otros. Proseguimos con esta impresionante donación, con una caja de nácar con auténticas reliquias. Bueno, como habéis podido comprobar, entre Felipe II y la espléndida Emperatriz Doña María, podrían haber abierto una sala de subastas de alto standing al etilo de las de Christie’s.

El Lignum Crucis de la hermandad de la Santísima Vera Cruz

Esta hermandad de la Santísima Vera Cruz, se funda en el año 1448, en el Convento Casa Grande de San Francisco de Sevilla; aunque otros propongan la fecha del año 1.370, dando ya adoración y culto al Santo Madero. El Lignum Crucis lo porta un hermano nazareno delante del palio y el lema escrito en su Cruz de Guía es: «Toma Tu Cruz y sígueme». Se puede visitar en la Capilla de la Vera Cruz.

El Lignum Crucis de la hermandad de los Javieres

La parroquia de esta hermandad es la parroquia del Omnium Sanctorum. De estilo gótico-mudéjar, se terminó de construir en el siglo XV. Como curiosidad diré que en su interior podemos ver la Cruz del Garfio, desde 1816, llamada así por un garfio en el que los carboneros pesaban su mercancía en una romana, a cambio de una limosna. En su paso figura una reliquia muy especial, la de San Francisco Javier, de la que la Hermandad es custodia. También recibió un regalo del anterior párroco de Omnium Sanctorum, con motivo del retiro de su actividad en dicha parroquia, un Lignum Crucis, fechado en el siglo XVI, el cual se muestra en el paso del Cristo en un relicario, este realizado en el taller, Hijos de Luis Jiménez González, en el año 2000.

El Lignum Crucis de la hermandad de la Lanzada

La Virgen del Buen Fin luce un pectoral con un Lignum Crucis, donado por una familia de Montenegro, antigua Yugoslavia. Se puede visitar en la Iglesia de San Martín.

El Lignum Crucis de la Hermandad de la Estrella

Este se encuentra en la capilla de Nuestra Señora de la Estrella, construida en los años 60 del siglo pasado, por el arquitecto Antonio Delgado Roig.

El Lignum Crucis de la hermandad de la Virgen de los Dolores de Santa Cruz

Sin datos. Está en la iglesia parroquial de Santa Cruz, construida entre 1655 y 1728.

El Lignum Crucis de la hermandad de la Sed

En el paso de Cristo en la parte superior de la canastilla figura esta una cruz la cual es portadora del Lignum Crucis. En esta misma hermandad podemos encontrar la reliquia de San Juan de Dios, regalada a la Orden, con motivo del Hermanamiento y Concesión del Título de Hospitalaria a Hermandad de la Sed. Procesiona en una especie de vara o cayado que portan los hermanos. Se puede visitar en la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, construida en 1928 según planos del Arquitecto Antonio Arévalo.

El Lignum Crucis de la hermandad del Cristo del Calvario

El magnífico Cristo del Calvario es obra suscrita por Francisco de Ocampo en 1612. Por lo visto, en un antiguo pergamino, que, casualmente se encontró en el interior de la misma imagen del Cristo, fijado un trozo del Lignum Crucis. Reliquia, que hoy va entre un monte de velas, a los pies de la Virgen de la Presentación. Se puede visitar en la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena.

El Lignum Crucis de la hermandad del Silencio: la Cruz, el hilo, la Espina y la Piedra

Es en el paso de palio del Silencio donde nos asombramos al descubrir no una, ni dos, ni tres reliquias, sino cinco, y, entre ellas, otro Lignum Crucis, acompañado por un relicario, con un hilo del manto de la Virgen, una Santa Espina de la Corona del Señor, una reliquia de San Antonio María Claret y por último, una piedra de la Gruta de Nazaret. Si fuésemos capaces de asegurar que todas son verdaderas, estaríamos delante de uno de los más importantes tesoros del mundo, relacionados con la vida de Jesús. Se puede visitar en la Real Iglesia de San Antonio Abad.

La Santa Espina de la Hermandad del Valle; Espina de la discordia

Dentro de un hermoso relicario, labrado por el maestro Manuel Seco Velasco, se encuentra esta disputada Santa Espina. Se le ha venido llamando Espina de la discordia, porque, eso mismo es lo que ha generado entre dos conocidas cofradías sevillanas: la cofradía de la Hermandad de la Lanzada y la de la Hermandad del Valle, esta última, actuales propietarios de la Santa Espina de la Corona de Cristo.

La historia de esta Santa Espina, ésta muy ligada a la milagrería popular, puesto que los que, por distintos motivos, no conseguían traer descendencia a este mundo, se encomendaba a ella, y dicen que con muy buenos resultados. Esta leyenda está muy relacionada con un fantástico imaginero, llamado Juan de Mesa, el cual tenía por costumbre clavar, en los Cristos que él tallaba, una Santa Espina. Se puede visitar en la Iglesia de la Anunciación.

La Santa Espina es contenida dentro de un bello relicario que procesiona portado por unos acólitos.

La reliquia de San Isidoro en el palio de la Virgen de la Angustia, de la hermandad de los Estudiantes

Visitarla en la Capilla Universitaria (s. XVIII) Originariamente era la capilla, para los trabajadores de la fábrica de tabacos. Es un pequeño trozo de tela que procesiona en el interior de un relicario de Emilio García Armenta de 1949 en el palio de la Virgen de la Angustia.

Reliquia de la Roca de la Agonía, en el Cautivo de Santa Genoveva

La parroquia de esta hermandad, es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Genoveva. Y en su paso del Cautivo, de estilo neobarroco, tallado por Antonio Martín y dorado por Luis Sánchez, se puede ver un relicario de plata, en el frontal, con tierra de Jerusalén.

Reliquia de San Nicolás en el paso palio de la Candelaria

Su parroquia es la Iglesia de San Nicolás de Bari, del siglo trece. En el Paso de Palio de esta cofradía, luce un templete, con una reliquia de San Nicolás, de la conocida Orfebrería Mallol.

Reliquia de San Juan Bosco en la Esperanza de la Trinidad

Se encuentra en el Santuario de María Auxiliadora. Se encuentra en un ostensorio muestra de una bella orfebrería sevillana, lo podemos ver en el palio de la Esperanza de la Trinidad y contiene una reliquia de San Juan Bosco.

Reliquia de San José de Calasanz, en la Virgen del Subterráneo de la hermandad de la Cena

Procesiona en el frontal del palio de la Virgen del Subterráneo de la Hermandad de la Cena. La reliquia de San José de Calasanz es donada en 1954 por la casa general de los Calasancios va contenida en un relicario labrado por Julio Martínez. Se puede visitar en la Iglesia de los Terceros.

Reliquia de San Antonio María Claret, en la Virgen del Buen Fin, de la hermandad de la Lanzada

Encontramos tras la capilla gótica una miniatura realizada en plata y marfil de la Virgen de los Reyes en ella el ostensorio con una reliquia de San Antonio María Claret que procesiona en el palio de la Virgen del Buen Fin de la Hermandad de la Lanzada. Se puede visitar en la Iglesia de San Martín.

Reliquia de San Juan de Dios, en la hermandad de la Sed

En la Semana Santa del 2.003, se inauguró la Insignia que porta la Reliquia de San Juan de Dios. Fue escoltada por 4 faroles a juego, realizados en el taller de orfebrería de los Hermanos Delgado. Se puede visitar en la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción.

Reliquia de Santa Ángela de la Cruz, de la hermandad de la Amargura

En la iglesia de San Juan de la Palma, en el lado de la Epístola, junto al presbiterio, de estilo barroco, se encuentra la Imagen de Vestir de la Beata Sor Ángela de la Cruz, titular de la Hermandad y en la zona de la predela, en una especie de vitrina, se ha colocado una reliquia de la misma.

Reliquia de San Lorenzo y San Carlos Borromeo, de la hermandad de Pasión

La podemos ver en el paso de la Virgen de la Merced, de la hermandad de Pasión. Se puede visitar en la Colegial del Salvador.

Reliquias en el Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce

Restos de San Eutiquio, brocal donde oró San Isidoro, las cenizas de Dª Urraca de Ossorio y Dª Leonor Dávalos, heroína de la fidelidad. Cuenta la historia de esta mujer, que Don Alonso de Guzmán, hijo de Guzmán el Bueno, conspiraba contra el trono de Don Pedro I el Cruel, éste, hizo detener a su esposa Doña Urraca Ossorio, a la cual condenaron a la pena capital, por cabecilla de las conspiraciones de su esposo. La ejecución se llevó a cabo en la Laguna de Ferias, actual Alameda de Hércules. Y cuenta esta historia, que se mueve entre lo real y la fantasía, que estando Doña Urraca en la hoguera, se le levantaron los faldones del vestido y su sirvienta, Leonor Dávalos, se lanzó a las llamas, para tapar la deshonrosa muerte de su señora. Doña Urraca y Leonor compartieron sepulcro el día de su muerte. El lugar de la ejecución fue señalado con una cruz y una tinaja, por eso, en homenaje a estas dos mujeres, se le puso a la calle el nombre de Cruz de la Tinaja.

Reliquia de Fray Diego José de Cádiz, en la iglesia de los Capuchinos de Sevilla

De este Beato, milagrero, encontramos en la Iglesia de los Capuchinos, de Sevilla, la historia de los huesos del Beato Fray Diego José de Cádiz.

Nació el Beato, en Cádiz, el día 30 de marzo de 1.743 y ya, a los 14 años, tomo los hábitos. A los 23 años recibió la ordenación sacerdotal en la Iglesia Prioral de Santa María, en Carmona.

De él cuentan, que viajo como misionero, con los pies descalzos, por toda España.

Cuando acaeció su muerte, a la edad de 58 años, Fray Diego José de Cádiz, ya era conocido por sus milagros, llegando a agolpar a grades masas de personas el día de su muerte. También se le atribuyen numerosísimas conversiones al cristianismo. De él, se han dejado constancia, por sus revelaciones o visiones, incontables milagros, milagros que muchas veces los hacia frente a inmensas multitudes.

La muerte del Beato, tuvo resonancia en toda España y en todas las catedrales se celebraron actos funerarios en su nombre. Los múltiples milagros le valieron para su beatificación, por el papa León XIII, en 1.858, tras 33 años de proceso.

Uno de los milagros que se le atribuyen, es verdaderamente especial. Me refiero a la curación repentina de tuberculosis pulmonar, de Sor Adelaida, Hermana de la Caridad. Digo que es especial, porque este milagro, aprobado científicamente, sirvió, con el de sudor de sangre de los huesos del Beato, para su Beatificación. En 1867, por mandato de la Sagrada Congregación de Ritos, se procedió a reconocer oficialmente el cadáver, donde se vio, con estupor, los huesos manchados de sangre viva, que procedía del interior de los huesos. Hubo un nuevo reconocimiento en 1869. Su Santidad León XIII, mandó que fueran debidamente autentificados y custodiados los huesos. Se llevaran varios a Roma, para ser examinados por una comisión científica de médicos, químicos, físicos y biólogos, comprobándose la incorrupción de los huesos y la emanación de la sangre viva, después de 60 años de la muerte. En el altar del Beato, en la Iglesia de los Capuchinos de Sevilla, se encuentran, entre muchas reliquias, pañuelos, con la sangre que manó de los huesos de Fray Diego José de Cádiz.


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