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La aventura del misterio

Sucesos inexplicables en el Hospital de Valme

«Yo trabajé hace ya unos años en ese hospital como facultativo, le tengo gran cariño por ello. Como usted sabrá como experto en la materia, en los hospitales suelen darse sucesos enigmáticos o dentro de lo que podemos considerar paranormal o inexplicable»

03 sep 2017 / 08:00 h - Actualizado: 03 sep 2017 / 12:02 h.
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La crónica de sucesos ha puesto, tristemente, al hospital de Valme en portada de muchos periódicos y como cabecera de informativos, debido una trágica muerte sucedida en su interior y teniendo como protagonista a uno de los ascensores del centro.

Desde hace años se habla de una aparición que tiene como escenario uno de los ascensores del edificio. La aparición es vista por los testigos que no distinguen que el médico que está en el interior del mismo se trata de alguien que murió hace años, se le ve como si fuera una persona normal, como usted y como yo, pero pertenece al reino de los viven al otro lado.

El personal del edificio que ha tenido la oportunidad de verlo enmudece ante nuestras preguntas, si bien es cierto que, posteriormente, grabadora apagada, comienzan las confesiones y experiencias... «En el ascensor de la quinta es en el que suele verse. Si no fuera por qué conocemos a todos los compañeros que aquí trabajan podría pasar por uno más de nosotros, pero no, es él, murió hace años de forma trágica y hasta su muerte tuvo algo de misterioso... Es un tema tabú que prefiere no tocarse...», nos decía una persona vinculada laboralmente al edificio.

Con motivo de la trágica muerte de una mujer tras dar a luz a su tercera hija en este centro hospitalario fueron muchas personas las que se pusieron en contacto conmigo lamentando la muerte de la joven, así como reflejando lo inexplicable de la acción que hizo el ascensor del centro: «Me he permitido contactarle para saber qué opina usted, o si considera de interés investigador, el trágico suceso ocurrido en el ascensor del hospital sevillano de Valme hace unos días, dado que los ascensoristas y expertos en la materia, por lo que he podido leer en los medios de comunicación, consideran «INEXPLICABLE», o como mínimo insólito, que un ascensor se ponga en marcha con las puertas abiertas para segar de forma dramática la vida de una joven de 25 años que acababa de parir.

Yo trabajé hace ya unos años en ese hospital como facultativo, le tengo gran cariño por ello. Como usted sabrá como experto en la materia, en los hospitales suelen darse sucesos enigmáticos o dentro de lo que podemos considerar paranormal o inexplicable.

En concreto en este hospital, en los años que yo estuve allí ya existía la leyenda del fantasma que se aparecía en el ascensor. Si bien es cierto que yo nunca observé nada, si admito que cuando en los cambios de turno de guardia desde Urgencias (a las 3 o 4 de la madrugada, según el turno que te tocaba) tenía que coger el ascensor desde la planta semisótano hasta la planta 11 o 12 (el Hospital de Valme sólo tiene 10 plantas sin contar las sótano y semisótano que el testigo cuanta como plantas, de ahí que hable de 11 o 12) donde estaban los dormitorios de los médicos, tenía cierta tensión en todo el trayecto e, incluso, alguna compañera sugestionada o asustada no subía hasta que la acompañábamos alguno de nosotros. También recuerdo que estando yo trabajando allí, un compañero médico se murió de forma extraña y nunca se supo el motivo, decían que quizás tuviera depresión”.

Mi respuesta a mi comunicante –que tiene nombre y apellidos y está completamente identificado- fue rápida: «Es un tema complicado Enrique, tremendamente complicado, he hablado con técnicos en ascensores y me dicen lo sucedido es imposible que haya sucedido pero ha sucedido... ¿Cómo? Ni idea pero más parece un fenómeno paranormal que un accidente. La cosa es que escribir ahora de ello sería de mal gusto pero lo haré cuando pase unas semanas pues, como tú, conozco mil y una historias del Valme».

Pero es un hilo del que seguí tirando teniendo tan buena información y mi comunicante siguió explicándome vivencias extrañas en el Hospital de Valme: «Del Hospital de Valme no te puedo contar mucho más de lo que ya te apunté. Estuve trabajando allí como MIR (médico interno residente) y luego al acabar la especialidad me contrataron un tiempo más. Dejé buenos amigos tanto en ámbito de mis compañeros médicos, como también ATS, celadores, administrativos, personal de seguridad y gente de hostelería o cafetería. Ya han pasado muchos años. Recuerdo las duras y agotadoras guardias en la puerta de Urgencias y cuando en plena madrugada, en los cambios de turno que hacíamos durante la noche, debíamos subir desde la planta semisótano donde estaban las Urgencias hasta la última planta del hospital (la planta 11 o 12) y alguno o alguna se ponía nerviosa por si aparecía el visitante o se negaban a subir solas. Durante el largo trayecto por los solitarios pasillos del hospital, de madrugada, y en el largo tránsito o viaje por el ascensor desde el 1 hasta el 11 tenía el temor... y si se paraba antes en alguna planta por que alguien lo llamada... Cuando se abrían las puertas tenía expectación a ver qué aparecía.

Después el suceso del médico que murió –omitimos especialidad y año–, que fue muy desagradable, algunos que entraban a trabajar a las 8 de la mañana se toparon con el cadáver en el suelo, no trascendió causa o motivo, pero se achacó a depresión endógena o crisis psicótica». Hoy dicen que se aparece en aquel ascensor e, incluso, se le ha reconocido.

Después de la muerte de la joven, un día tan feliz que se convirtió en una tragedia, todo son comentarios: «El celador, el pobre hombre, dice que está aún en shock y estaba a punto de jubilarse, quizás lo conociera yo porque cuentan que llevaba muchos años trabajando en el hospital, y seguramente coincidí con él en el periodo que yo estuve por allí».

Y nuestro comunicante aún tiene algunas experiencias personales por contar... «El hospital de Valme y su entorno (Cortijo de Cuarto y alrededores) siempre ha tenido un halo de misterio y sucesos luctuosos. Recordarás también el terrible crimen en un bar de enfrente, creo que se llamaba Bar de los Camioneros, donde yo iba algunas veces a desayunar. Aunque ese espantoso crimen ocurrió años después de yo dejar de trabajar en Valme, cuando me entere me dio gran tristeza también». Y es que la crónica negra también deja entretejer sus negros lazos con hechos misteriosos en las cercanías del Valme.

Como en la carretera de la Isla donde se aparece una chica de la curva que, lejos de ser una aparición legendaria, es una realidad, pues muchos son los que la han visto y se han detenido. Parece que podría ser el fantasma de una chica que falleció en aquel mismo punto kilométrico.

Pero nuestra particular fuente también vivió otra experiencia, siendo un niño, que guarda relación con otro hospital sevillano: «Ya puestos en materia, te contaré algo que me ocurrió hace muchos años, siendo yo prácticamente un niño (12-13 años) y que nunca he contado ni he dado más importancia, pero igual tú, que dominas los temas de misterio o sucesos paranormales, o poltergeist, has tenido experiencias parecidas o te han contado alguna vez algo similar.

Siendo yo un niño, con 12-13 años, tuve que tragarme la desgracia de ver como mi padre, con solo 45 años, fallecía de una enfermedad rara. Fue duro para mí, para mi hermano y para mi pobre madre, que aún sigue con nosotros y relativamente bien, de momento. Falleció en el hospital Virgen del Rocío («García Morato» la llamábamos entonces), quizás desde entonces en mi interior comenzó a crecer el interés de hacerme médico y poder solucionar o atenuar las enfermedades de las personas, cosa que después el destino me brindó y me concedió, no sin grandes esfuerzos e insistencia, puesto que yo no procedo de médicos ni tengo ningún familiar médico y tampoco herencias o vida acomodada, siendo mi madre una mujer luchadora que pasó hambre en la guerra, y que tuvo que sacar adelante dos niños con 12 y 11 años huérfanos de padre con una simple pensión de viudedad.

Al fallecer mi padre y pasar ya el entierro y demás, cuando volvimos a casa bien apenados los tres (mi madre, mi hermano y yo), hubo un periodo de tiempo, quizás una semana, o poco más, que en mi casa pasaron unas cosas extrañas o de difícil explicación, a mí personalmente y a mi hermano (a mi madre no, al menos eso dice ella). Lo que le ocurría a mi hermano es que cuando estaba en la ducha notaba una extraña presencia y como garabatos en el vaho del espejo del cuarto de baño, y el pobre se angustiaba y sentía miedo. Hubo un tiempo que no quería ducharse cuando estaba solo en casa. Y también decía que la luz del cuarto de baño parpadeaba como si fuera a apagarse o tuviera un mal contacto.

A mí, me sucedieron dos fenómenos: el primero fue que una tarde noche que volvía a mi casa, a los pocos días de fallecer mi padre en noviembre, estando la casa sola, puesto que mi madre estaba en casa de mi tía y mi hermano estaba con los primos, abro la puerta y al encender la luz del salón para entrar en la casa, la lámpara en cuestión comienza a fallar y da una luz azulada-amarillenta en lugar de encenderse normalmente, y de la impresión y susto que me llevé, cerré la puerta y salí corriendo hacia casa de mi tía. Mi madre me dijo que sería un mal contacto y que no pasaba nada.

El segundo fenómeno yo creo que fue aún más raro o espectacular, y aún hoy no sé qué fue aquello, y además estábamos los tres en la casa, no estaba yo solo, lo vimos los tres (mi madre, mi hermano y yo): una tarde noche antes de cenar vimos, estupefactos, como un vaso de cristal literalmente explotaba en mil pedazos ante nuestros ojos, completamente solo, sin nada que aparentemente lo golpeara, y después del susto y recoger los restos de cristal, el suceso se volvió a repetir con otro vaso, increíblemente, otro vaso nos explotaba solo, unos 20 minutos después del primero».

No es el único informante que se manifiesta al respecto: «No sé lo que sucede exactamente o la razón, sólo que es muy real. Estaba una noche de guardia y subía a una de las plantas superiores, a la séptima. El ascensor iba solo, solo conmigo dentro. Entonces se paró en la quinta y entró un médico que no había visto jamás. Le di las buenas noches, lógicamente. Por su edad debía de ser un veterano del centro pero no lo conocía. La cosa es que el ascensor no paró más y al llegar a la séptima dije: «Aquí me quedo». Me quedé helado... ¡No había nadie en el ascensor! Una compañera me vio al cabo de unos minutos y me dijo: «Chiquillo que mala cara tienes, ¿una noche dura?». Y le conté lo que me había pasado, entonces ella, tranquila, me dijo: «Es el fantasma de la quinta, ya te acostumbrarás, para unos es una leyenda pero cuando lo ves vaya que si existe...».

Otro suceso inquietante que sucede en el interior del edificio nos lo testimonia una persona que trabaja en el mismo, ellos hablan, igualmente, de un fantasma llamado «Carmen» que sería la auxiliar de paritorio y que se aparece en un determinado ascensor de los varios que tiene el hospital, ese ascensor es el triste protagonista del incidente que le costó la vida a la joven fallecida. Dos equipos técnicos diferentes han acudido al hospital a inspeccionar la instalación y la conclusión de ambos equipos es que al ascensor no le pasa nada. Que es inexplicable.

Hay otras historias curiosas en este centro hospitalario, historias entre la leyenda y la realidad. En concreto se trata del timbre, en una habitación, que suele sonar solo... Pero no en cualquier situación sino cuando el paciente está en un difícil trance...

Se cuenta que en una de sus planta se encontraba una paciente sedada y atada a la cama, por miedo a que se hiciera daño o se autolesionara se mantenía así en la habitación con especial vigilancia de las enfermeras de la planta. Curiosamente, pese a estar la paciente atada, el timbre de su habitación no dejaba de reclamar ayuda y asistencia. Raro era el día que aquel timbre no sonaba y, sin embargo, allí estaba la paciente postrada despertando la curiosidad el personal médico de saber cómo lo hacía...

El caso es que ella no hacía nada. Un buen día, cuando fue recobrando su lucidez, alguien le preguntó cómo lograba llamar al timbre estando atada, la paciente contestó: «Yo no soy, es Antonio cuando viene a visitarme». El personal pensó que aquella pobre mujer aún seguía mal de la cabeza, en muchas ocasiones se la escuchaba gritar: «¡¡¡Fuera de aquí Antonio, que eres muy pesado!!!». Un día, el médico de guardia acudió a repetidas llamadas de aquella paciente, siempre la encontraba atada y siempre le contestaba que: «Antonio esta noche está revoltoso». Dominado por la curiosidad, el médico le preguntó: «¿Quién es Antonio?» y la señora pacientemente le hizo una descripción detallada de aquel señor que llamaba desde el timbre de emergencia de la habitación. Lo más curioso de la descripción fue la indumentaria de paciente con la que fue descrito y su voz como si se le hubiera realizado una traqueotomía... Con aquellos datos el médico se apresuró en consultar los pacientes atendidos en un pasado en el hospital llegando al increíble resultado de que ese Antonio había sido un paciente del Valme al que se le había realizado una traqueotomía y que habría fallecido posteriormente... Ese espectral Antonio curiosamente llamaba al timbre desde la que fue su habitación, la habitación que estando en vida ocupó y cuyo timbre accionaba desde el otro mundo cuando aquella paciente desfallecía. El tiempo pasó y los fenómenos se trasladaron por el hospital, hoy día no es raro el encontrarse a un paciente que sube y baja por el ascensor o que al ascensor suba un paciente y no baje jamás.

El hospital de Valme tiene muchos secretos, tiene muchas historias personales, es un gran «contenedor de emociones», como todos los hospitales, y siempre se entretejen historias insólitas que nos hacen ver que lo paranormal, como escribiera el padre José María Pilón, existe.


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