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Titanic: Misterios y tragedia 106 años después

El miércoles 10 de abril de 1912 zarpaba de Southampton el portentoso trasatlántico, con una dotación de 904 tripulantes de los cuales 397 eran oficiales y más de 1.500 pasajeros, el coloso ponía rumbo hacía alta mar en una travesía que le llevaría a atravesar el Atlántico en tan solo seis días

22 abr 2018 / 17:04 h - Actualizado: 22 abr 2018 / 20:16 h.
  • Titanic: Misterios y tragedia 106 años después

Se cumplen 106 años de la tragedia del Titanic, un barco que era el orgullo de Belfast (Irlanda del Norte), elevándose sobre la ciudad en la que se había construido. En su día fue el objeto desplazable más grande del mundo. Sus motores medían casi 40 metros, cada una de sus hélices era mayor que una casa y su casco lo formaban más de 2.000 placas de acero de una pulgada de espesor sujetas por más de 3.000.000 de remaches. En muchos aspectos el buque Titanic marcó un canon de seguridad en los océanos, sus compuertas se podían accionar desde unos interruptores electromagnéticos que sellaban automáticamente cada compartimiento en cuestión de segundos.

Este sistema de sellado de compuertas mediante pestillos magnéticos se podía accionar hasta sin corriente, simplemente utilizando la fuerza de la gravedad. El Titanic estaba diseñado para soportar ciertos desperfectos y la prensa popular lo tildó de invencible e insumergible. En su viaje inaugural se encontraban a bordo más de 2.000 personas, todos ellos esperando llegar a Nueva York a salvo, sólo 705 completarían el viaje...

Había sido construido en los astilleros irlandeses de Harland & Wolff siendo botado el 31 de mayo de 1911 en un denostado esfuerzo por ganar la carrera por el dominio de los mares a los alemanes y sus no menos míticos buques trasatlánticos. Sus proporciones eran colosales y sólo eran equiparables al nombre con el que fue botado. Medía 269 m. de eslora y 28 de manga, con un peso bruto de 46.328 toneladas era capaz de desplazar 66.000 con una potencia cercana a los 50.000 h.p. Su sala de máquinas la componían 29 calderas de 5 m. de diámetro cada una compuestas por 159 hornos con un consumo aproximado de 650 toneladas de carbón. Sus tres hélices alcanzaban una velocidad de 24 nudos y era uno de los barcos más veloces de la época. Construido con la innovación de un doble fondo dividido en 16 compartimentos estancos le confirieron la capacidad de ser insumergible y la confianza depositada en su seguridad era absoluta...

El trasatlántico disponía de todas las comodidades y lujos que pudiera ofrecer el mejor hotel de la época. Disponía de 3000 camas y sus suites de lujo disponían de un gran espacio para sus ocupantes, contaba con un paseo privado y estaba decorado al estilo isabelino, los muebles iban desde los estilos más barrocos, holandés antiguo, victorianos o, para los más exigentes, había suites al estilo Luis XV.

Gimnasio, pista de squash, baños turcos, piscina, increíbles y refinados salones, bibliotecas, salones de baile, despachos privados... nada era imposible en el Titanic, incluso los camarotes de tercera clase se podían equiparar con los de segunda de cualquier otra línea de navegación de la época.

El miércoles 10 de abril de 1912, zarpaba de Southampton el portentoso trasatlántico, con una dotación de 904 tripulantes de los cuales 397 eran oficiales y más de 1.500 pasajeros, el coloso ponía rumbo hacía alta mar en una travesía que le llevaría a atravesar el Atlántico en tan sólo seis días. La navegación fue normal y es precisamente al tercer día de su viaje inaugural cuando comienza su tragedia. A las 10.30 h. de aquel domingo 14 de abril el capitán Edward J. Smith asiste a un servicio religioso celebrado en el salón comedor de primera clase para por la tarde celebrar, en el restaurante, una fiesta en su honor ya que tras este primer viaje del Titanic se retiraba. El capitán Smith recibe de otros barcos –como el vapor Californian– la existencia de bancos de hielo, por tal motivo rectifica la posición al sur pero desconocía lo que el destino le deparaba al Titanic... Sobre las 21.00 h se retiró al puente donde el segundo oficial Charles H. Lighttoler le comentó las incidencias meteorológicas y a las 21.20 se retira a su camarote no sin antes dejar ordenado: «si la situación se pusiera incierta hágamelo saber de inmediato». No se adoptó ninguna medida adicional de seguridad para la navegación por zonas de bancos de hielo pese a saber que en los últimos 30 años se habían hundido en la zona 19 barcos... La confianza de Smith, que no creía que nada pudiera hundir al R.M.S. Titanic, pronto se vería destruida en mil pedazos: 23h 40 min., los vigilantes divisan un iceberg en el horizonte y el vigía Fleet hace sonar tres veces la campana de cofa. Desde el puente, el Titanic vira todo a babor, pero es demasiado tarde, la velocidad del buque es de 22,5 nudos y su capacidad de maniobra es mínima, la noche era muy clara y fría y la mar estaba en calma, ello unido a la falta de prismáticos de los vigías hizo que todo se precipitara para llevar al trasatlántico a un infierno de hielo.

El capitán despacha urgentemente con el primer oficial, Willinam Murdoch, y llama para evaluar los daños a Thomas Andrews, uno de los diseñadores del Titanic (el principal y más importante). Andrews se desplaza rápidamente para inspeccionar los daños en los compartimentos delanteros, lo que ve es desolador, el blindaje del casco había sido perforado por el iceberg, cree que se ha abierto una vía de agua de al menos 100 metros de longitud, y aunque el casco fue diseñado para soportar desperfectos, Andrews ha descubierto daños en los seis primeros compartimentos estancos del Titanic... El trasatlántico estaba condenado, estaba preparado para navegar con dos, tres e incluso cuatro compartimentos estancos dañados pero nunca con seis, lastimosamente todo se iba a perder... Andrews informa al capitán que les queda una hora y media o tal vez dos a flote, no más.

Lady Cosmo Duff Gordon pudo sentir como «si un dedo gigantesco» hubiera pasado por el caso del barco. Inmediatamente se detuvo el trasatlántico, su posición era 41º 6’ norte y 50º 14’ oeste. El barco comenzó a inclinarse ligeramente a babor, el capitán tardaría 20 minutos en evaluar la situación y comprender la gravedad de la misma, estaba embotado... A las 0.05 h. se ordena lanzar los botes salvavidas ante la incredulidad de los pasajeros... a tan sólo 19 millas de allí se encontraba el vapor Californian pero nadie de su tripulación parecía tomar en consideración las señales que desde el Titanic se comenzarían a hacer. El telégrafo no paraba de transmitir señales de socorro, primero en el código antiguo –C.Q.D.– y más tarde el ya tradicional «S.O.S.» que era la nueva llamada recién entrada en vigor.

«¡¡¡Las mujeres y los niños primero!!!, ¡Sálvese quien pueda!». De 2.207 personas que viajaban a bordo sólo 1.178 tenían plaza «fija» en los botes salvavidas, el resto... El 68 por ciento de los embarcados –1.503 muertos– perecieron en esta tragedia. La confusión, el miedo, el desorden agravaron la situación mientras la orquesta de música trataba de poner tranquilidad tocando hasta el final. Aún no se ponen de acuerdo en que tocaba la banda en el momento del hundimiento, unos dicen que la última pieza fue Más cerca de ti, Dios mío pero otros lo rebaten afirmando que se trataba del viejo himno Otoño.

Entre sus más destacadas víctimas encontramos a John Joseph Astor IV –teóricamente el hombre más rico del mundo–, Benjamín Guddenheim –con importantes minas de cobre a lo largo y ancho de todo el planeta–, Charles Hayes , Isidor Strauss o el millonario español Victor Peñasco.

A las 02.20 h. del 15 de abril de 1912 se certificaba el hundimiento del Titanic tras más de dos horas de agonía. Su última morada la encontramos a 700 kms. Al sur de Terranova y 1.900 kms. de Nueva York, a más de 3.800 metros de profundidad.

Bajo la luz de la mañana los supervivientes del Titanic se encontraron en las frías aguas del Atlántico Norte, 705 personas habían sobrevivido al frío y a la oscuridad. 25 hombres sobrevivieron en pie sobre un bote volcado hasta que fueron rescatados, apiñados y rezando juntos. El buque de pasajeros Carpathia rescató a muchos en aquella mañana mientras que permanecían estaban inmóviles y callados. Ellos completaron su viaje a Nueva York, pero nada resultó como había sido previsto. Sus botes salvavidas estaban amarrados juntos donde debía estar el R.M.S. Titanic, la alegre bienvenida era, sin embargo, un retrato de pérdida y tragedia. Muchos perdieron la vida en el Titanic y no fue ni la edad ni el sexo lo que determinó el porcentaje de salvación sino la posición social, el mayor índice de pérdidas humanas se registró en tercera clase...

Los negros presagios en torno al Titanic

Las circunstancias que rodearon la tragedia del Titanic hicieron que muchos se preguntaran: «¿estaba escrito el desastre del trasatlántico?».

El escritor Morgan Robertson publicó una novela en 1898 titulada The wreak of the Titan, este escritor decía estar inspirado por un espíritu y solía escribir en estados de semi-trance hasta que la inspiración parecía llegar a su hábil pluma, lo cierto es que pese a ello Morgan Robertson no pasó nunca de ser un mediocre escritor. La relevancia de su novela estriba en las coincidencias existentes con la tragedia del Titanic, en su novela reflejaba el hundimiento de un trasatlántico en aquellas mismas aguas y con unas características que hacen pensar que su novela es algo más que una casualidad con el futuro.

El buque de Robertson se hundiría irremisiblemente tras chocar con un iceberg una noche de abril muriendo la mayor parte del pasaje.

En 1911 se publicó un libro en Nueva York en el que se hacían una serie de predicciones para el año 1912, había sido realizado por una serie de videntes y astrólogos en el que pusieron de manifiesto sus visiones, premoniciones y predicciones. En un apartado de ese libro decía: «un titán del mar, un coloso se hundirá en las aguas heladas del Atlántico norte...», El Titanic aún no había sido botado.

W. T. Stead pereció en la tragedia del Titanic, la particularidad de su muerte es que 32 años antes, en 1880, publicó un cuento en la Pall Mail Gazette llamado Futility donde recreaba el hipotético hundimiento de un lujoso trasatlántico en el Atlántico Norte. En 1892 volvía a narrar la historia de otro colosal hundimiento y en 1910, guiado por una extraña obsesión, daba una conferencia sobre la seguridad en los barcos, incluso llegó a soñar con su propia muerte a bordo de uno y confesó a sus más allegados que «sabía que su muerte se produciría en el mar». Se dice que la conferencia sobre la seguridad en los barcos la ilustró con un espeluznante dibujo donde se le podía ver a él mismo como víctima de un naufragio. Stead llegó a consultar a afamados cartomantes y especialistas en adivinación de la época como el conde Louis Warner de Hamon más conocido como Cheiro o W. De Kerlor.

Cheiro le advirtió pocos meses antes de embarcar el escritor en el Titanic que veía un gran peligro para él en el mar y más aún si emprendía viaje en abril de 1912. El médium W. De Kerlor le pronóstico que realizaría un viaje a Norteamérica antes de que ni siquiera tuviera pensado hacerlo y que en él veía a Stead envuelto en una colosal tragedia junto a millares de personas ahogándose en aguas oscuras... Meses antes de la botadura del buque un sacerdote escribía a Stead comentándole que el barco se hundiría en su viaje inaugural, pese a ello el escritor se reunió con su destino y viajó a bordo del Titanic rumbo a su inquebrantable futuro.

Según el profesor Ian Stevenson, apoyándose en los testimonios de 19 pasajeros con experiencias extrasensoriales, hubo una gran cantidad de personas que tuvieron sueños premonitorios en torno al hundimiento del trasatlántico.

Colin McDonald rechazó el puesto de ingeniero a bordo del Titanic ya de decía tener un mal presentimiento sobre el barco. La corazonada le salvó la vida, su sustituto murió víctima del naufragio.

J. Connon Middleton, un hombre de negocios londinense, narró a la Society of Psychical Research como soñó con la tragedia del barco días antes de que este saliera a la mar. Trató de anular su pasaje pero no pudo... días antes de que zarpara el barco de Southampton se le comunicaba la disponibilidad para la anulación del billete según consta en los registros de la White Star Line con fecha del 9 de abril de 1912.

Uno de los mecenas de la naviera, el banquero J. Pierpont Morgan anuló su pasaje en el viaje inaugural debido a una extraña manía supersticiosa que tuvo poco antes de zarpar. El presidente de la Harland & Wolff, Lord Gird, también se ausentó inesperadamente del viaje sin motivo aparente.

El matrimonio millonario Wanderbright decidió a última hora no viajar a bordo del buque víctima de un inesperado presentimiento, tan acelerada fue su marcha del mismo que a sus sirvientes no les dio tiempo de bajar.

La tragedia del Titanic no ha sido la mayor pérdida de vidas humanas en el mar, en 1945 el navío alemán Wilhelm Gustloff fue torpedeado en el Mar Báltico por el submarino soviético S-13, en este incidente perdieron la vida más de 9.000 personas.


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