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Deportes

100 días de Ollero, 100 días sin tregua

El presidente llegó al cargo el pasado 25 de noviembre y desde entonces el Betis, inmerso en un sinfín de problemas, no conoce la derrota en trece partidos.

el 05 mar 2015 / 11:32 h.

olleroOK Juan Carlos Ollero, presidente del Betis. Este 5 de marzo no tiene por qué ser un día relevante en la historia del Betis, más allá de lo que suceda en la ciudad deportiva o en el Juzgado de lo Mercantil, pero en realidad sí debe serlo para su actual presidente. Juan Carlos Ollero accedió al cargo el 25 de noviembre, martes por más señas, así que hoy cumple 100 días como máximo responsable de la entidad. Ha sido una centena que merece cualquier calificativo menos aquellos que aireen sensación de paz y tranquilidad. La convulsión, tan de moda en el club de La Palmera desde hace años, incluso en aquellos de bonanza deportiva, ha sido también una constante en el mandato de este ingeniero industrial de 67 años. Pero por eso fue elegido, entre otras razones. Por su sensatez y su prudencia como gobernante, virtudes ensalzadas por quienes conocían su etapa presidencial en el Cajasol de baloncesto y que le han venido muy bien entre todos los jaleos, de variopinta índole, que han rodeado su aún corta estancia en el cargo. Ollero aterrizó en el Betis porque así se lo propuso el administrador judicial, Francisco Estepa, en connivencia con la jueza Mercedes Alaya. Nada más presentarse en Heliópolis, el mismo día en realidad, él y su consejo adoptaron la primera decisión drástica: el cambio de entrenador. Dos días antes, el Betis había perdido en casa con el Alavés (1-2) y Julio Velázquez estaba visto para sentencia. Se la aplicó el nuevo consejo y no el dirigido por Manuel Domínguez Platas. Como la decisión, fuese cual fuese el autor, estaba cantada, lo más peliagudo consistió en nombrar un relevo. El consejo prefirió obrar con prudencia ante una disyuntiva tan decisiva y escogió al míster del filial, Juan Merino, al que colocó la apostilla de “transitorio”. Menos de un mes después, Ollero y compañía concluyeron la selección del entrenador y eligieron a Pepe Mel. La decisión era aparentemente fácil porque se trataba del favorito de la grada, pero Merino había ganado todos los partidos que había disputado, cuatro en total y tres cuando el club hizo oficial la sustitución. Las dudas crecieron tras el empate inaugural de la nueva era en Alcorcón, se desvanecieron tras otras tres victorias seguidas (Tenerife, Sporting y Sabadell) y han regresado con la serie de empates que impera desde entonces. Además del devenir futbolístico, Ollero tuvo que afrontar una junta de accionistas a las dos semanas de su llegada. Allí ofreció a los béticos el consejo más representativo de los últimos años: además de Farusa están el tercer, cuarto y quinto máximos accionistas. También reivindicó su independencia. “He venido por el gusto de servir al Betis, no por ningún otro motivo. Soy independiente, no me debo a nadie, no mantengo compromisos con nadie ni me muevo al dictado de nadie. Sólo reconozco estar sometido a la ley”, proclamó. Además, envió un alegato de “exigencia” en todos los estamentos del club y suplicó por la “paz” social. “El Betis debe ser administrado con rigor y firmeza. A este consejo no le va a temblar el pulso a la hora de perseguir este objetivo. No vamos a consentir conflictos que minen el futuro del Betis por debajo de intereses personales”, advirtió Ollero, que se comprometió a “tender puentes en todas las direcciones a todos los béticos, por el bien del Betis”. Por si no tenía bastante con la presión del ascenso y la presión institucional, Ollero ha tenido que lidiar con tres incendios cuyos focos no están precisamente en los terrenos de juego. Por un lado, la solicitud de 25 meses de cárcel para Rubén Castro por parte de la Fiscalía. Por otro, la acusación contra Jordi por amañar, presuntamente, dos partidos del Betis la pasada temporada. Y el último, por ahora, la denuncia de cánticos machistas en el Gol Sur y la propuesta de Antiviolencia de cerrar esa grada. Todo ocurrió en tres semanas consecutivas. Como en los dos primeros asuntos era imprudente profundizar, Ollero se contentó con creer en la inocencia de sus dos futbolistas. En el tercer fuego, el presidente se alineó con el sentimiento mayoritario de su afición y criticó la propuesta, sin olvidar la denuncia de los susodichos cánticos, que calificó de “repugnantes”. Lo dicho. Ollero ha aportado prudencia y sensatez cuando la ocasión lo requería y contundencia cuando sintió que el honor del club había sido herido. A falta de alguna encuesta de popularidad, diríase que se ha ganado el respeto de su afición. Como mínimo ha dejado de respirarse en el Villamarín la tensión que dominaba el ambiente desde hacía meses, aunque es obvio que los triunfos de Merino y el regreso de Mel también han tenido mucho que ver. En todo caso, una y otra fueron decisiones de su consejo y la conclusión es que se trata de un presidente invicto, al menos en la Liga: el Betis todavía no ha perdido un partido durante su mandato. Si mantiene esa línea, podrá cumplir su sueño y convertirse en el presidente del duodécimo ascenso a Primera.

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