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105 minutos para una decepción

Eterno y extraño partido lleno de accidentes y que acabó en decepción de un Sánchez-Pizjuán que vio cómo se escapó el triunfo a su equipo.

el 10 nov 2014 / 10:25 h.

SEVILLA 14-15 El Gol Norte quiso levantar al equipo en los minutos finales y creó un ambiente infernal en los últimos instantes. Foto: Manuel Gómez. Si los partidos en el Santiago Bernabéu dicen que son molto longo, el de ayer en el Sánchez-Pizjuán fue una eternidad. No fueron 90 minutos, sino 105, después de que Velasco Carballo, con toda la razón del mundo, alargara la primera parte seis minutos y la segunda nueve. Accidentado es un término que se queda corto para el Sevilla-Levante de ayer. Beto quedó conmocionado dos veces, herido una, Arribas fue atendido durante varios minutos en la banda tras otro choque, Fernando Navarro acabó con protección especial en su cabeza... Y el Sevilla con dos puntos menos de los que pensaba. No fue el día de Beto. Y no sólo por la tremenda cantada que costó el empate. El luso recibió un fortísimo impacto de un compañero y estuvo más de cinco minutos tendido en el césped en la primera parte. El Sánchez-Pizjuán se quedó en silencio, una estampa extraña. Eso sí, cuando el portugués se levantó y quiso seguir jugando la grada estalló en una sonora ovación y un “Beto, Beto” que recordaba que uno de los héroes de la grandiosa temporada pasada fue él. Tanto tiempo estuvo el partido parado en su primer percance (seis minutos) que fue curioso ver cómo los jugadores de ambos equipos hacían grupos para arreglar desajustes tácticos y corregir posiciones. Sobre todo los de blanco. Y surtió efecto: nada más reanudarse el choque Vitolo alojaba el balón en la portería de Mariño. Sigamos con Beto. Con varios puntos en la barbilla, se intuía que no estaba del todo centrado. Terminó de descentrarlo otro golpe de Carriço. No fue para tanto, pero hubo un nuevo susto. Cuando el portero tuvo que salir con varios jugadores merodeando su zona acabó regalando el 1-1. La mañana no había empezado bien. Las primeras miradas se centraron en Alejandro Arribas, que tenía que cubrir el hueco del enfermo Nico Pareja, pilar fundamental del mejor Sevilla. A los cinco minutos se resbaló y casi cuesta un gol. Apareció el clásico murmullo del Sánchez-Pizjuán. Todos los compañeros lo arroparon. Al final el madrileño fue de los mejores del equipo a base de casta y coraje. Dos palabras mágicas en Nervión que también adornan el currículum de jugadores como Carriço y Krychowiak. Los dos salvaron varios goles del Levante. Quien también se caracteriza por la casta y el coraje es David Barral, aunque el delantero gaditano no obtuvo el respaldo de la grada. Lógico, el ariete de San Fernando tuvo un pique dialéctico durante la semana con Emery y fue señalado por varios cánticos. Como decíamos, la mañana no había empezado bien. Hasta los focos del estadio estaban encendidos pese a que el día estaba soleado.  Chocaba  tal situación. Incluso el encargado de la música en el descanso se vino arriba y recordó tiempos veraniegos con una banda sonora mítica: ‘Los vigilantes de la playa’. Y hasta los Biris rescataron el ya clásico “sale el sol por la mañana…”. Y la luz encendida... No así en el césped, donde el eterno y soporífero partido acabó en decepción por el resultado, indignación con el Levante y medio Sevilla con heridas de guerra.

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