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13 formas de romper el molde

Las 11 Medallas de Andalucía y los títulos de Hijos Predilectos reconocen un compromiso personal y colectivo en cada uno de los oficios de los galardonados, desde la política al fútbol

el 28 feb 2011 / 20:51 h.

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Los dos Hijos Predilectos y los once Medallas de Andalucía posaron ayer con el presidente de la Junta y la presidenta del Parlamento.

Si un día, un 28 de febrero de un futuro lejano desaparecieran de la faz de la Tierra los 8,4 millones de andaluces, podrían quedar estos 13 nombres para personalizar qué fue y qué significó Andalucía: un político, un médico, un clérigo, una galerista de arte, una bailaora de flamenco, una soprano, un pintor, un futbolista, una psicóloga, un humorista gráfico, un cocinero, un grupo de peñas flamencas y la familia de un poeta universal. Con estos roles se puede rehacer una sociedad, pero con sus nombres propios se reconstruye una cierta idea de Andalucía.

Alfonso Guerra, Hijo Predilecto, contribuyó a implantar la democracia y fue vicepresidente del primer Gobierno socialista durante 11 años. "El 4 de diciembre de 1977 [medio millón de andaluces se manifestaron por la autonomía] sólo hubo un orador en el balcón del Ayuntamiento de Sevilla y fui yo", recordó ayer. La otra Hija Predilecta, Juana de Aizpuru, fue mecenas de los artistas andaluces de vanguardia desde los años 60, mucho antes de fundar la primera feria de arte contemporáneo de España (ARCO). "Sevilla te atrae y subyuga como una hija. Yo me adjudiqué el papel de madre y cuando he sido dura con los políticos, es porque estaba defendiendo a mi hija", dijo.

El cocinero es el iconoclasta Dani García, que empezó a estudiar hostelería en Málaga con 18 años y ahora tiene dos Estrellas Michelín y su restaurante, Calima, en Marbella. "Lo agradable es que reconozcan la cocina, tan parte de nuestra tierra, como algo cultural", dijo al agradecer la medalla. La psicóloga Carmen de Linares abrió el primer centro de educación especial de Andalucía e inauguró nuevas vías de tratamiento para niños con discapacidad. "Hoy pediría que la atención temprana para los niños fuera gratuita y no depender de subvenciones. Hemos logrado cosas, pero quedan otras metas", reivindicó. La bailaora María Pagés subió al escenario con unos tacones interminables que, esta vez, no resonaron en la Maestranza. Premio Nacional de Danza en 2002, Pagés dijo que su medalla la "comprometía con el flamenco y con Andalucía". El sevillista Jesús Navas parecía intimidado por sus compañeros. Se mostró tímido y humilde en la ceremonia, aunque de todos los premiados, su nombre es el único que va impreso en camisetas desde Sudáfrica a China. El campeón del mundo con la Selección Española a los 25 años sólo dijo que le compensaba "disfrutar del deporte" y de su equipo.

El deán de la catedral de Jaén, Francisco Martínez Rojas, entendió su galardón como un respaldo a su esfuerzo por lograr que la catedral sea declarada Patrimonio de la Humanidad. José María Segovia habló en nombre de la Confederación de Peñas Flamencas. "Somos el banco de pruebas de los jóvenes flamencos", dijo. La soprano granadina Mariola Cantanero debutó con 23 años y ahora es habitual del teatro Real de Madrid, del Liceo de Barcelona y de la Maestranza. La acompañaron sus padres, emocionados, sin saber "de dónde sacó la hija el don para el bel canto". El pintor y poeta cordobés Ginés Liébana, de casi 90 años, estaba exultante. "Este galardón está acabando con mi juventud. Me siento como en el esplendor en la hierba", dijo. El prestigioso neurocirujano Ventura Arjona, de Algeciras, fue más parco e hizo su agradecimiento extensible a la sanidad pública. Arjona fue durante 32 años director del servicio de neurocirugía del Hospital Virgen de las Nieves, de Granada, y médico emérito del SAS. Juan Ballesta, el humorista gráfico, habitual de la emblemática revista La Codorniz, que solía burlar la censura franquista, no pudo recoger la medalla por encontrarse enfermo. Y Carmen Hernández-Pinzón, sobrina nieta del poeta Juan Ramón Jiménez, fue reconocida por conservar el legado del premio Nobel de Moguer. "Todavía estamos en deuda con la obra de Juan Ramón", señaló.

Ahora que se precipita el revisionismo nervioso del Estado de las Autonomías, tranquiliza ver que los medallistas andaluces forman un grupo peculiar, heterogéneo, casi berlanguiano, pero que en conjunto transmiten la mezcolanza. Un grupo de individuos que, por sus aficiones y oficios, quizá no entablarían una larga conversación en un bar. Y, sin embargo, lo harían (lo hacen) porque comparten el gen andaluz que inconscientemente les empuja a interesarse por el otro, a compartir con los otros. Lo dijo, con mucha energía, Juana de Aizpuru: "Andalucía sabe enseñar a convivir a las diferentes culturas. Por ello está llamada a tener un protagonismo voluntario en estos momentos de incertidumbre global, porque tiene la fórmula de la convivencia".

Las primeras Medallas de Andalucía se entregaron en 1983, hace ahora 27 años. El fondo del escenario del Maestranza, donde se entregaron los galardones ayer, lo formaban tres fotos históricas: la firma del tratado de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea (1985), la constitución del primer Parlamento andaluz (1982) y la manifestación del 77 por la autonomía de Andalucía.

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