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13, Rue del Pesebre

Aunque a primera vista no lo parezca, la Feria del Belén está llena de figuritas y artilugios extravagantes. Un paseo por el lugar basta para comprobarlo.

el 26 nov 2013 / 20:34 h.

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nacimientos Como este año el gordo de Navidad sea el 47890, a más de un pato le va a dar una alferecía. Es uno de los números que cuelgan del tenderete lotero de mentirijillas que venden en el puesto de San Julián, uno de los catorce participantes en la Feria del Belén que se celebra al pie de la Lonja, en la Avenida de la Constitución. Más allá del palabreo con alto contenido en grasas saturadas que envuelve este tipo de informaciones prenavideñas, hoy se pone la lupa en las rarezas de este mercado, que no son pocas sino muchas. Un paseo por el lugar con un boli, una libreta y predisposición a la pesquisa daba ayer como resultado las siguientes anotaciones: Adán y Eva en pelotas. Habrá quien se pregunte qué relación guardan los protagonistas del primer desahucio forzoso con el nacimiento del Niño Jesús, a no ser por esa enojosa constante bíblica de fastidiarle a todo bicho viviente el disfrute de un alojamiento decente: que si ahora te expulso del Edén, que si luego te meto en un arca repleta de bichos (y porque eres bueno: a los demás, los ahogo), que si más tarde te pongo a dar vueltas cuarenta años por el desierto, que si al final te mando a dormir a un pesebre. Pues toda esta retahíla es la que se le pasa a uno por la cabeza al contemplar a la pequeña parejita nudista del precioso puesto de Alfares. Es lo más sorprendente de este comercio, pero por los pelos: también venden pescado fresco de Sanlúcar de Barrameda (sic) a 7 euros la pieza. Le faltan las moscas alrededor (de plastiquito también: a todo se llegará). Y una amplia variedad de carnes y chacinas. Pero lo más bonito y sencillo son los espantapájaros. Suponiendo que haga falta espantar a los pájaros en un lugar donde la cantidad de gente en la calle a todas horas viene a ser, proporcionalmente, algo así como el triple que en la Feria de Abril. A ver qué explicación puede tener esto: en el expositor del establecimiento San Juan Bosco hay no menos de diez metros lineales de estanterías dedicadas a las ovejas. Vengan ovejas. Allí no hay menos de dos mil ovejas apriscadas. La mesta viva. Y no es lo único que sobrecoge de este local: tienen también las pirámides de Egipto, algo más pequeñas que las originales. Una pirámide de esas te ocupa per se una mesita rinconera, así que se recomienda su adquisición exclusivamente a aquellos aficionados que, en su insaciable frenesí belenístico, empiezan a montar el nacimiento en el aparador del salón y luego siguen y siguen y doblan por el pasillo, lo que dé de largo. Impresionante: en la citada San Julián, la del lotero, venden también colgaduras del Niño Jesús. Pero no para ponerlas en el balcón de uno, no, sino en las casitas de este escenario de fantasía. De seguir así el rizado del rizo, pronto venderán una feria del belén para ponerla en el belén, lo cual lo mismo provoca una paradoja espaciotemporal y revienta el planeta Tierra. Cosa también muy bíblica, en un momento determinado. Imanes para el frigo, nacimientos recortables, pins del Niño Jesús... ¡gladiadores! En Marieta los tienen. Pero esa no era la principal diversión de los habitantes de Belén: la primera eran los toros. Eso es lo que se deduce del escaparate impagable de Gloria Botonero, donde una inmensa colección de pequeñas figuritas incluye un coso taurino con su picador y todo... y hasta una procesión de Semana Santa con sus nazarenos, sus costaleros y su paso de la Borriquita a 28 euros. Le falta el sillero. Es lo único que no hay, porque entre el personal de la escena están, a saber: la tuna, un enfermero con una jeringuilla, caníbales asando a un explorador, don Quijote y Sancho, curas, monjas, un caco, un mariachi, un San Pancracio, un beso de lesbianas y hasta un nacimiento chino. Se supone que aquí habrán cambiado la mula y el buey por gato y ternera agridulce. Porque todo es posible en este pequeño universo donde se consagra la imaginación hasta convertirla en artesanía.

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