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Feria de Abril

1940: una Feria mitad triste, mitad ‘la más deseada’: 3 años hacía que no había Feria

Tres años llevábamos sin Feria, pero este año ha vuelto. Todos sentimos una honda pena porque, hasta hace poco, estuvimos dedicados a una matanza malsana de la que ninguna familia dejó de salir malparada.

el 07 may 2014 / 08:59 h.

Menos mal, ¡por fin hay Feria! Tres años llevábamos sin ella –aunque sí hubiera mercado de ganado y corridas– y, acostumbrado desde siempre a que, llegando el 18 de abril, floreciera en el Prado nuestra propia primavera, me temía que no volviera a haberla nunca más, pero este año ha vuelto, un tanto especial, ciertamente, porque todos sentimos un cierto amargor y, en cuanto nos paramos a pensar, una honda pena porque, hasta hace casi justo un año, estuvimos dedicados a una matanza malsana de la que ninguna familia dejó de salir malparada. Pero ha llegado otro abril y todos, para no morirnos de congoja, intentamos pasar página e ir recobrando nuestras tradiciones, por lo que, metido cada cual en su bullir diario en la pequeña Sevilla de ahora y en cómo buscarse el sustento por recovecos y callejuelas (léase straperlo), la verdad es que casi hay que decir al asomarse al Prado que, «parodiando» a la poética frase, «nuestra Feria ha venido, y nadie sabe cómo ha sido», «parodia» que resulta completa en cuanto nos encontramos a alguien de nuestra cuerda y nos explica que la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo del 1 de marzo está acabando con todo y está multiplicando otra vez los tiros, aunque esta vez es solo en tapias de despoblados y por parte de uno de los bandos. También, para el que está aquí en el ajo todos estos años, también vemos como parodia o milagro el que haya Feria porque hubo un día no lejano, concretamente al poco de redondear su victoria, en el que dijeron los vencedores: «la vida frívola no será ya posible en España»; ¡Virgen Santa, pensamos muchos –porque yo creo que la Virgen, por lo menos la mía, pienso yo que, popular y sevillana, estuvo siempre de nuestra parte– Virgen Santa, recuerdo que me dije, «a que nos prohíben la Feria, a que nos la prohíben para siempre»!, pero no, de tanto «no han sido capaces», y aquí estoy en el 40 y veo que la están montando, y que la vamos a tener, y que la tendremos. Imagen Imagaen historiaador (9) Y como cualquier cosa sirve de alegría en casa del pobre, una alegría, un descanso, un reconocimiento de que hemos dado un pasito adelante noto al ver que el que estos tres años ocupaba las páginas enteras de la Feria, es decir Hitler, porque era su cumpleaños, dejándole, en páginas siguientes a la Feria de ganados escasas cinco líneas, este año se han invertido las cantidades: el pobre Hitler está en cuarto menguante y, a tenor del espacio que le damos (que le damos porque nos mandan de Madrid que se lo demos la Dirección general de Prensa y Propaganda), a tenor de ese espacio no es que no parezca ya su cumpleaños, es que no parece cumplir ya ni meses, mientras que la Feria llena dos páginas, o sea un 25% de las escasísimas ocho que tiene el periódico (tengan en cuenta que han empezado los años del hambre, de la escasez total: no hay papel ni tinta y, como ahí está la Guerra Mundial, cuando precisamente nosotros hemos acabado la nuestra, ese mismo Hitler ha dejado de surtir convenientemente a su amiguete Franco: quizá ésa sea la razón última –cosas de la alta política entre dictadores– para que ya casi no le digamos ni felicidades). No obstante esa penuria total, Sevilla ha hecho un esfuerzo para la Feria y publicamos dos días antes de que empiece que allí habrá 100.000 lámparas, 80.000 metros de guirnaldas, 60.000 farolillos venecianos (venecianos, invento de Venecia pero que ya hace años que en España se les dice sevillanos, sevillanos de la feria de Sevilla); varios miles de banderas; 10.000 metros de lona; 5.000 hombres trabajando (no nos dejan decir que otros, no más de 5.000, «disfrutando», simplemente porque la Feria es, como siempre, y más que nunca, para ellos): conclusión, «el valor intrínseco de la Feria triplica a la presupuestada en 1935» acabamos diciendo porque ésa es la cuenta que ha hecho el Gobierno. Y junto a la Feria, como en todas las épocas históricas, las otras fiestecitas –en estos días previos la de Acoso y derribo en el Cortijo de Cuarto– con la especialidad también de que este año no es para entretenimiento de naturales y forasteros porque a estos últimos parece que les gustó nuestro «sport» de tres años y andan matándose a conciencia en su «segunda guerra mundial», como quedó dicho. Lo que no es obstáculo para que desde el primer día el Prado presente una animación extraordinaria con una gran concurrencia de caballistas y carruajes enjaezados y con «altas personalidades» en el Ferial, porque hay que decir «Ferial», no se puede decir «Real» porque al que manda no le gusta la palabra –al que manda en esta democracia de un solo voto que durará 36 años, precisamente los mismos que van desde su Constitución de Vds. del 78 a ese 2014, 36 años, qué curioso–, y no le gusta a este Caudillo (respetuosamente, don Claudio) porque eso de la Monarquía no lo ve todavía nada claro. Y por aquí vemos nada más llegar a Su Alteza Imperial el Jalifa de Marruecos y al embajador de España en Portugal, don Nicolás Franco e, iniciando nuestra visita por la Avenida de Borbolla, vemos en su lado izquierdo la Calle del Infierno –que no conserva nada de aquellas atracciones, líbrenos Dios, sólo para hombres que tan típicas fueron del 29 al 36–, y cerca están las casetas de «er 77» y la de los «amargaos», que son cofrades de la Lanzada –«amargaos» porque se encuentran allí, en la lejanía, como escondidos de la Feria–, y en la calle central está la importante «Madrid-Sevilla», y en la de la Victoria se piensa celebrar La Unificación (la unificación de la Falange, los carlistas y las JONS en una sola, unificación más falsa que Judas, pero como la van a celebrar con un opíparo almuerzo ¡en este 1940, el primero de los no sé cuántos nos esperan años del hambre!, todos a callar porque a eso de comer, y comer bien estilo falange, los españoles nunca le hicimos reproches). Imagen Imagen historiaador a(7)Me doy después un garbeo por la súper caseta del Círculo de Labradores hasta que al mediodía veo un centenar de jinetes que «desfilan» –todo el lenguaje, como ya nos sucedió en Semana Santa, se ha militarizado– por las calzadas con bellas muchachas a la grupa –ya no hay automóviles ni bocinas ni nada que desentone de lo puro andaluz: Franco dixit–, los cuales jinetes se suben a las aceras con los caballos (cualquiera les tose) para saludar al Jalifa –al que se le van los ojos detrás de las mocitas, tan tapadas como tiene él a las suyas–, y al ministro de Asuntos Exteriores Juan Luis Beigbeder (el de El tiempo entre costuras) y a todas las demás jerarquías (que es como se dice ahora) que les acompañan, especialmente a los consejeros nacionales del Movimiento camarada (sic, así se llaman entre ellos, camarada ¿sabe Vd. copiado de quién?), camarada Carlos Mendoza y camarada Miguel Primo de Rivera Sáenz de Heredia, además de a los Marqueses de Castellar y de Peñaranda, a nuestros Infantes (de Sevilla) don Carlos y doña Luisa, padres de María de las Mercedes, que casó con Juan de Borbón en una basílica romana en plena república, y a los Condes de Czartoryski, ella también Infanta de España. En la Feria de ganados están entrando unas 12.000 cabezas cada uno de los días –repare el lector en el bajón respecto a capítulos anteriores– y veo en El Correo al día siguiente y junto a ésta mi crónica, que un compañero ha tenido la aviesa idea –no me extrañaría nada que tuviera que pagar por ello– de poner en la columna contigua a las 12.000 reses los escasos kilos (no reses, kilos) de vacuno que se pueden matar en cada pueblo ¡en todo el mes!: 7.500 en Écija; 6.500 en Utrera; 5.700 en Carmona, y 1.100 en los demás de la provincia ... y entonces, digo yo, ¿para qué queremos un mercado de ganados con tantos millones de kilos si después no nos dejan matar los animales cuando nos convenga? La cosa está clara, me explica mi compañero (siempre El Correo tuvo unos cuantos no adictos al régimen: se notará en la HOAC y cuando Bueno Monreal quiera descorrer la cortina hacia un mundo nuevo); la cosa está clara, me dice: tienes que guiarte por el Curso de economía medieval de los vencedores y, de camino, averiguar quiénes se van a comer en cada pueblo esos 7.500 ó 1.100 kilos de todo un mes, según los casos. Y menos mal que a los toros de la plaza nos dejan matarlos: a eso se han dedicado el primer día de Feria Domingo Ortega, Pascual Márquez y Manolete, y los han matado tan malamente que mi compañero Delavega ha titulado su artículo ¡Que sea la penúltima! porque a todos nos da miedo de decir «la última» con los añitos que hemos pasado; la excepción ha sido Manolete, que es del único del que se habla a la salida de la plaza, de su forma de torear y de que al brindarle un toro al Jalifa, éste le regaló un hermoso caballo de pura raza árabe. El segundo día de Feria ha sido rellenado con la inauguración del Concurso Regional de Ganadería y con el de jinetes y carruajes enjaezados, y ya nos atrevemos a decir que no se puede ni comparar esta animación con la de otros años –especialmente durante la República–; casi ambiente de fiesta privada es lo que vemos ahora, y cuando la Feria de Sevilla, cuando la internacional Feria de Sevilla tiene esta pinta ¿cuál van a tener las demás, si es que se celebran?, y es que es mucha la pena y mucho el llanto que han corrido por nuestras mejillas en los últimos tiempos. La segunda corrida está a cargo de Domingo Ortega, Juanito Belmonte (que no es Belmonte el grande, sino solo el hijo, sin cumplirse mucho lo de a tal palo, tal astilla) y el mismo Manolete, ocurriéndole al primero que al empezar su faena se lanzó un espontáneo al ruedo dejándonos perplejos a todos un hecho insólito: el maestro le dejó seguir toreando y toreando y toreando tranquilamente todo lo que le dio la gana, tan faltito de fuerzas, y de buenos bistecs, estaba el pobre Ortega; vino después el trabajo sin relieve del tal Juanito, y de Manolete dudábamos si era el mismo de ayer porque era tan distinta su clase de toreo, que ni aun la nota de valor le pareció bien enseñárnosla (y es que tiene tanto que esconder cualquier figura del pasado en cuanto hurgamos en 2014 en lo que fue su vida día a día...: la realidad, como siempre, es que cualquier figura, al lado de un par de días de gloria, tiene... un montoncito de días malos). Recorriendo el tercer día otras calles entramos en las casetas del Ayuntamiento, en las de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire (ésta es la primera vez que se instala, aunque ya tiene sabor a cosa típica y vieja: la fuerza ha sustituido al tiempo) y en la del «Machacante» con su flamante billete de 5 pesetas en la fachada. Y muchos machacantes le han dado a los premiados en la Exposición y Concurso de ganados –los Osborne, Guardiola, Parias, Vázquez, Lastra, Marañón y al Regimiento de Artillería–, muchos les han dado, aunque la verdad es que no sé para qué porque a ninguno les hacen falta, y en la Maestranza, menos mal que los miuras han vuelto las cosas a su lugar y Manolete a portarse como el primer día, y ha dado la casualidad de que, yendo para la nueva (de hace dos años) estación de autobuses el lunes siguiente por la mañana he pasado por el Prado y he pensado ¡qué solo está todo esto, con la vida y la alegría que, en cierta manera, ha palpitado entre estas cuatro lonas durante cuatro días!, y he mirado a esta España del 40, y a esta Sevilla, y tengo que pensar que, después de tres años, desde el 36 que no la había, por lo menos ha habido Feria y «pareció» que había renacido la antigua España alegre y sin rencores, la antigua Sevilla. Pero no crea Vd., que no las tengo todas conmigo, que el 9 de abril a Hitler se le ocurrió ocupar Dinamarca, y cuando nosotros estábamos poniendo las casetas él (sus ejércitos) entraban en la neutral Noruega ayudado por los suecos de Los hombres que no amaban a las mujeres, es decir, que en 1940 ha habido Feria pero ¿la habrá el año que viene, llamará Hitler a su amiguete y nos meteremos, nos meterán, en otro lío? De todas maneras, mañana les contaré otra Feria que fue histórica, aunque por una desgracia. Hasta mañana.

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