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2009: El año en que se fue Chaves

El nuevo modelo de financiación autonómica y el pago de la deuda histórica en solares se han cerrado con el Estado.

el 26 dic 2009 / 21:03 h.

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En abril, José Antonio Griñán tomó posesión como presidente de la Junta tras la marcha de Chaves al Gobierno central.

Probablemente, el año que ahora cierra no será recordado ni por el casi un millón de parados andaluces ni por haberse zanjado la deuda histórica. En 2009, una noticia irrumpió de golpe y eclipsó el ambiente cofrade de un tranquilo Domingo de Ramos: Manuel Chaves dejaba la presidencia de la Junta tras 19 años y saltaba a una vicepresidencia tercera del Gobierno de Zapatero. La crisis del Ejecutivo fue la oportunidad para abordar otro gran dilema del PSOE, la sucesión del último barón de la generación de Felipe González y el gran referente en el granero de votos para los socialistas: Andalucía.

El PSOE llevaba un año rumiando el relevo y, aunque se hizo público de forma abrupta, fue una decisión "madurada", tal y como admitió más tarde el propio Chaves. A principios de año, las encuestas que manejaba el partido desvelaban el desgaste del entonces presidente y le daban casi un empate técnico con Javier Arenas, líder del PP-A.

Este panorama se unía a una crisis más agresiva aún que el año anterior y desencadenó la sucesión, que el partido aceptó sin rechistar. Al frente de la Junta, Chaves aupó a José Antonio Griñán, entonces vicepresidente económico del Gobierno que no es sólo de su misma generación política y un hombre de su total confianza, sino que también se cuenta entre sus mejores amigos. Griñán, en el Ejecutivo andaluz desde 2004, fue ganando peso e influencia en el gabinete aunque en el partido no tuviera ningún cargo orgánico relevante. Aceptó el encargo pero puso como condición ser el candidato socialista en 2012 para evitar el sambenito de la interinidad, algo que el PP le reprocha.

Entonces se abría otro debate: ¿era necesario adelantar el congreso del PSOE-A para que Chaves cediera la Secretaría general al nuevo presidente? Esa opción la descartaron ambos desde el principio. El liderazgo del sucesor en el partido -aseguraban- no era cuestionado. Pero meses después, Griñán cambió de opinión al no descartar un adelanto y se desataron los rumores de discrepancias entre ellos por la conveniencia o no de convocar el cónclave. Ambos quisieron zanjar la situación de bicefalia anunciando en una rueda de prensa conjunta que el PSOE-A celebrará un congreso extraordinario -previsiblemente a mitad de 2010- para elegir a José Antonio Griñán secretario general.

El nuevo Gobierno andaluz echó a andar en abril con cambios significativos. Con Chaves salieron dos pesos pesados de su equipo: Gaspar Zarrías -pieza clave durante 15 años-, que se marchó con él a Madrid, y Francisco Vallejo, que se quedó de diputado autonómico. Griñán quería imprimir su sello e inaugurar un estilo diferente al de Chaves, algo que se notó en la entrada de tres perfiles más técnicos que políticos: Antonio Ávila en Presidencia; Carmen Martínez Aguayo en Economía, y Manuel Pérez Yruela como portavoz. Pero los dos movimientos más relevantes que hizo fueron incorporar a Mar Moreno al frente de Educación -su gran apuesta política de la legislatura- y fichar a la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, para dirigir Obras Públicas. Moreno siempre ha sonado en las quinielas para suceder a Chaves y su entrada en la Ejecutiva federal fue interpretada en clave sucesoria. Aguilar, que comparte con Griñán una fuerte sintonía política, abandonó su ciudad y también su formación, IU, con la que mantenía fuertes desavenencias.

Entró en el Gobierno como independiente. Y Luis Pizarro, vicesecretario general del PSOE-A, ingresó en el Ejecutivo para reforzar la presencia del partido.
En junio, Griñán se enfrentó a sus primeras elecciones, las europeas. Ni el adiós de Chaves ni la dura crisis fueron capaces de hundir al PSOE-A lo suficiente para que ganara Arenas. Los socialistas salvaron la victoria -con casi ocho puntos de ventaja-, pero el PP volvió a recortar distancias. La sucesión cambió las caras del enfrentamiento político. Se pasó del cruce de acusaciones entre dos viejos enemigos (Chaves y Arenas) al cara a cara entre dos grandes oradores. Pero los malos datos económicos acentúan aún más la crispación y tampoco ahora se vislumbra una etapa de acuerdos.

El Gobierno acaba el año con tres leyes aprobadas en el Parlamento, dos de poca enjundia -además del Decreto Ley que reforma la Ley de Cajas para facilitar la fusión de Unicaja y Cajasur- y el Presupuesto de 2010, el más difícil de la etapa autonómica.Por primera vez las cuentas decrecen respecto al año anterior. Ascienden a 33.738 millones de euros. La Junta ha agotado su margen de endeudamiento (2,75% del PIB) para amortiguar el desplome de los ingresos tributarios (21% menos) y acude a la cofinanciación público privada para ejecutar las grandes obras. Prevé movilizar 257 millones con esta fórmula. Las leyes más importantes del Estatuto tendrán que esperar a 2010 para ser aprobadas en la Cámara. El Consejo de Gobierno ya ha dado luz verde a las normas locales, a la ley de vivienda, muerte digna o aguas, pero otras como la de renta básica se ha aplazado sine die.

La crisis ha acaparado la actuación del Gobierno, que ha aprobado varios planes de choque como los programas Proteja y Memta, que se sumaron al Plan E del Ejecutivo central para acometer obra pública en los municipios. Éste dejó 1.426 millones en la comunidad y creó 83.000 empleos. Pero estos esfuerzos no han conseguido frenar la sangría de paro. Para salir de la crisis, Andalucía cuenta con el VII Acuerdo de Concertación Social que Junta, empresarios y sindicatos lograron pactar a finales de noviembre, 11 meses de que el anterior expirara y tras varias amenazas por el conflicto de las partes. Cuenta con 19.825 millones hasta 2013 para reactivar la economía.

Este año ha habido otros números que han supuesto para la Junta un quebradero de cabeza y que se han resuelto tras una tensa negociación con Madrid. Tras pelear duro con los catalanes, el Gobierno central logró cerrar el sudoku de la financiación autonómica, que Griñán bendijo porque dará a Andalucía 3.133 millones de euros más en plena crisis. Hace un mes, las dos administraciones acordaron que los 784 millones que el Estado aún debe a Andalucía en concepto de deuda histórica se salden con solares y los activos de la Expo ‘92. Se puso fin a una reivindicación de tres décadas, pero el asunto traerá cola. La oposición se ha puesto en pie de guerra porque considera la fórmula de pago una "traicióna" al Estatuto. 2010 volverá a ser el año de la deuda.

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