25 niños de Utrera en riesgo de exclusión reciben atención en verano

La asociación juvenil Aldaba desarrolla la iniciativa de forma desinteresada. Refuerzo escolar o educación en valores son algunas de las actividades diarias

el 21 jul 2014 / 14:50 h.

El ‘programa de puntos’ permite a los chavales disfrutar de una jornada lúdica en la piscina municipal. Foto: El Correo El ‘programa de puntos’ permite a los chavales disfrutar de una jornada lúdica en la piscina municipal. Foto: El Correo Desde hace varios años, en Utrera se desarrolla un hermoso proyecto bautizado con el nombre No dudaría en volver a reír, que también dio vida a una de las canciones más famosas de Antonio Flores. Es una actuación en torno a un grupo de niños en riesgo de exclusión social, que ahora está teniendo su continuidad en formato de escuela de verano. La asociación juvenil Aldaba es la que se encuentra detrás de este trabajo cuyos voluntarios realizan de una forma completamente desinteresada. En torno a 25 chavales, con edades comprendidas entre los 6 y los 18 años, forman parte de este proyecto que tiene como escenario el colegio salesiano de Utrera, a cuya familia pertenece la citada entidad. Son niños de la barriada La Paz, que cursan sus estudios en el colegio público Coca de la Piñera, y que reciben el apoyo de un importante grupo de jóvenes, que los atienden y les inculcan educación en valores, así como refuerzo en sus estudios. Las instalaciones del parque de Bomberos son el espacio en el que habitualmente desarrollan su trabajo los responsables de dicha actuación, que tiene continuidad cuando acaba el curso escolar. Y es que, llegada la época estival, Aldaba ha puesto en marcha una nueva iniciativa, como es su primera escuela de verano, que está teniendo lugar a lo largo de este mes de julio. El objetivo es atender también a estos chavales en una época de vacaciones como la actual. Frente a las dos horas que pueden dedicar al día durante los meses del curso escolar, ahora hay mucho más tiempo libre, que se empeña en esta tarea. Así, cada jornada, de lunes a viernes, los niños acuden al colegio salesiano por las mañanas para participar en las iniciativas que se les plantean. Tras los tradicionales ‘buenos días’ que marcan la vida de una Casa salesiana, con su correspondiente mensaje y reflexión, los participantes comienzan la sesión con su desayuno e higiene dental. A ello se suma una hora de refuerzo escolar y otra con formación en valores (reciclaje, interculturalidad,…), además de tiempo libre y deportes. Y para que no se pierda interés en el trabajo diario, llega el llamado ‘programa de puntos’ en el que, en función del comportamiento, la participación y la actitud de los niños, ellos mismos deciden si deben recibir o no un punto cada día que, al sumarlos el viernes, permiten a los chavales disfrutar de una jornada lúdica en la piscina municipal. Para atender todas las necesidades que vayan surgiendo, el proyecto cuenta con una psicóloga y una pedagoga, que han venido trabajando con los menores desde el comienzo del curso escolar. A ambas se unen más de una treintena de voluntarios de la obra salesiana que dedican su tiempo y su esfuerzo a mantener y colaborar con este proyecto que los propios involucrados califican de «fructífero y enriquecedor» para los niños de la barriada, que viven su verano de una forma diferente, y también para todas las personas que, desinteresadamente, entregan lo mejor de ellos «para hacer de Utrera una ciudad mejor». El proyecto se financia con medios propios de la asociación juvenil, con las donaciones de personas desinteresadas y con la colaboración de la Casa salesiana de Utrera y la del Ayuntamiento utrerano, que aporta materiales. Asimismo, aquellos ciudadanos que deseen realizar alguna donación para la contribuir con este trabajo, lo pueden hacer en la cuenta de CajaSur BBK: 0237 0312 60 9168050067. Esta escuela de verano es la guinda a un proyecto que se viene desarrollado desde que comenzó el curso académico, teniendo ya varias ediciones a sus espaldas, algo que ha permitido observar la evolución en los beneficiarios. De hecho, comparando los datos con años anteriores, «los chavales han mejorado sus notas y actitud en el colegio, y la educación en valores se va inculcando poco a poco en ellos», como explica la presidenta de Aldaba, María Fabero. Para hacer un seguimiento desde la asociación se mantiene contacto con los padres de estos menores, que también están pendientes de cuanto se viene planteando en torno a este trabajo.

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