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Auschwitz. 70 años después

Miles de turistas visitan cada año el campo que simboliza la tragedia del holocausto. (FOTOGALERÍA)

el 31 ene 2015 / 16:00 h.

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Una mujer pasa con su bicicleta por encima de las vías de acceso al campo. Una mujer pasa con su bicicleta por encima de las vías de acceso al campo. / Txetxu Rubio (Reportaje gráfico: Txetxu Rubio. FOTOGALERÍA) Cuando el 27 de enero de 1945 los soldados soviéticos tomaron el campo de concentración de Auschwitz se encontraron con el infierno en la tierra. Miles de humanos a los que habían intentado arrebatar la dignidad de la misma manera que les fueron arrebatados sus efectos personales caminaban arrastrando los pies por los pasillos terrizos a los que daban los barracones en los que esperaban una muerte segura. Más de un millón de judíos fueron ejecutados en el complejo consagrado al exterminio de una raza. Además, miles de gitanos, homosexuales, presos políticos y prisioneros de guerra dejaron su vida y su libertad en un lugar al que se entraba en tren, franqueando una cancela con un lema en alemán que se haría cruelmente célebre por su ironía macabra:«El trabajo libera».  Situado a apenas cuarenta kilómetros de Cracovia, en la Polonia que fue ocupada por Hitler dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial,Auschwitz y uno de sus campos auxiliares,Auschwitz-Birkenau, se han convertido en uno de los principales atractivos turísticos del país. Todo sigue igual.Sólo faltan los soldados alemanes que paseaban por el campo con sus fusiles Máuser. Siguen paseando los fantasmas por los barracones. Se nota su presencia en la angustia que el visitante siente en su pecho, justo a la altura de la cámara de fotos con la que se capta cada detalle que habla a gritos de la incuestionable capacidad del hombre para manifestar su crueldad. Setenta años después de la liberación, muchos visitantes muestran su heroicidad al haber tenido arrestos para pasear entre el odio y la rabia.Quedan pocos que puedan contar lo que pasaba en el campo, y cuando lo hacen, parecen contar un relato hiperbólico, magnificado por el dolor. Es real, como la ira que provoca. Detalle de la electrificación de una valla en Auschwitz Birkenau. Detalle de la electrificación de una valla en Auschwitz Birkenau. / Txetxu Rubio

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