jueves, 25 abril 2019
23:17
, última actualización

A Belén pastores y a Alcalá chiquitos

La hermandad de la Soledad recrea una auténtico Belén viviente en la localidad de Alcalá del Río

Pasó hace dos mil trece años y se rememora desde entonces la misma situación: pareja joven que busca posada para alumbrar a su hijo, lo hace finalmente en un pesebre y hasta tres reyes acuden a adorarlo porque es el hijo de Dios. Pero que impresionante es tener delante a esos personajes encarnados en una guapa joven y un imberbe chico que pasan a unos centímetros. El primero que le niega cobijo despierta la animadversión del público mientras los niños miran boquiabiertos a esas dos personas extrañamente vestidas que resultan ser María y José. La hermandad de la Soledad hace suya esta trama y la imprime de tal manera en la orografía y habitantes que Alcalá del Río se presenta como el único lugar posible para que se desarrolle tal. A los soleanos parece hasta cambiarles la cara para convertirse en verdaderos ciudadanos de Belén que están liados con sus vidas. Unos venden en el mercado, otros son carpinteros, una mujer cose junto a un chivito. Y ahí sí que se abren las bocas de los niños y se disparan los dedos apuntando al animalito. Luego llegan los romanos con sus lanzas, pisando tremendamente fuerte la calzada, romana por cierto. Entonces algunos pequeños se agarran a la pierna de papá, o del que estaba al lado que no es papá pero le da su protección entre risas. Esa es la representación de lo que Sucedió en Belén, porque lo que pasó este matrimonio tiene miga, como las que se ofrecen junto con dulces y licores. Durante el día no se pierde detalle, por ejemplo, de los artilugios de coleccionista que llenan las casas, los portales y las chozas. Pero de noche, cuando el ángel se aparece para anunciar a María su nueva o cuando se la traslada a los pastores, las luces, el humo y la música favorecen un ambiente celestial. Aquí se vislumbra perplejidad en las caritas, una mezcla entre el miedo y la fascinación. Punto en boca de nuevo cuando María va a visitar a su prima, la mayoría porque los mayores los mandan a callar. Pero en la última escena, los niños se llevan como emoción final la grandiosa llegada de los tres Reyes Magos que se arrodillan, música de fondo, frente a José que levanta al bebé al estilo Disney mostrándolo de derecha a izquierda. Colofón final acompañado del coro infantil de la hermandad que despide con villancicos. Los niños salen entonces con la boca abierta de nuevo, como casi todo el recorrido. Más de uno casi se traga una mosca, y no eran tan niños.

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