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Cultura

"A Caballero Bonald lo vetaron en la RAE por libertino"

El premio Cervantes jerezano asistió a la presentación de su biografía, ‘Memorial de disidencias’, escrita por Julio Neira y ganadora del premio Antonio Domínguez Ortiz.

el 30 may 2014 / 23:04 h.

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bonaldLa sede de la Fundación Cajasol acogió ayer, en el marco de la FLS 2014, la presentación del volumen Memorial de disidencias (Fundación José Manuel Lara), una minuciosa biografía de José Manuel Caballero Bonald realizada por el catedrático de la UNED Julio Neira, y que recibió el premio Antonio Domínguez Ortiz de biografías. El escritor jerezano acompañó en el concurrido acto al biógrafo, al que agradeció su esfuerzo y rigor. Aunque Caballero Bonald ya contó su vida en dos impagables entregas, reunidas bajo el elocuente título de La novela de la memoria, Neira explicó en un encuentro con la prensa que «estos libros no son autobiografías, sino que fueron escritos con lo que Caballero recordaba de su vida, sin contrastarlo. Él mismo asegura que las memorias son un género de ficción». Neira sí ha contrastado, hasta el más insignificante detalle, los trabajos y los días del jerezano en el campo de la literatura, de la música y del compromiso político, sus mudanzas y sus convicciones, a través de sus libros, cartas, entrevistas y otras fuentes documentales. «Además, las memorias se detienen en un punto y he tenido que contar qué sucede después. Hay 38 años de su vida que no están», agrega. El trabajo de Neira no rehúye cuestiones escabrosas, como el sonado romance de Caballero con la primera mujer de Camilo José Cela, y que muchos señalan como fundamento de una conjura que impidió que el jerezano ingresara en la Real Academia de la Lengua. Neira, que asegura «no entrar en cuestiones de intimidad», no suscribe esta teoría, ya que «el propio Cela fue partidario público de su elección para la Academia, por lo que me parece una interpretación muy sesgada. Aquello fue una conjura de las fuerzas más retrógradas de y ultraconservadoras de la RAE. Encima, hicieron responsables del hecho a los dos amigos que no votaron ese día, ¿por qué no a los trece que votaron en contra?», se pregunta el biógrafo. «Lo que nunca le perdonaron a Caballero Bonald es que fuera un enemigo de la dictadura. Lo vetaron por libertino y por rojo». «Él ha sido siempre un rebelde, un insumido o un disidente», prosigue Neira, explicando el título de su libro, «que ha dado ejemplo a lo largo de una vida larguísima, riquísima, llena de peripecias, pero con una gran coherencia personal, tanta que casi raya en la osadía. Por ejemplo, cuando se aburría de la rutina del trabajo, lo dejaba, aunque no tuviera alternativa”. Otra cosa que ha impresionado a Neira durante su investigación es «la capacidad de trabajo que Caballero ha desarrollado siempre, y que desmiente el tópico del escritor dado a una vida de diversiones. Ha trabajado muchísimo», asegura. También realiza el biógrafo un recorrido por la militancia política del personaje, «que empezó simpatizando con el PC, se sintió desencantado con la invasión de Checoslovaquia, empezó a cuestionar el intervencionismo estalinista de la Unión Soviética hasta que. ya en la Transición, participó en la Junta Democrática en representación de los comunistas, aunque nunca llegó a tener carné, pues es contrario a las disciplinas orgánicas. Luego apoyó al PSOE, pero se manifestó contra la OTAN y respaldó la primera huelga general. Siempre ha mantenido su propio criterio y ha estado en contra del pensamiento único y de la regresión». El papel de Caballero Bonald como autor de letras flamencas, productor musical y en general de divulgador del arte flamenco y de otras músicas se debe, en palabras de Neira, «a su interés por lo que considera la manifestación genuina y auténtica de un pueblo», pero de la que acabará distanciándose «cuando el flamenco empieza a institucionalizarse. Entonces creyó que lo jondo había perdido parte de su autenticidad». Asimismo, el biógrafo se ocupa de la decisiva inclusión de Caballero en el llamado Grupo del 50, a raíz de su participación en el célebre viaje de varios poetas a la tumba de Machado en Colliure. «Antes de eso hay una amistad grande con Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma. Colliure fue una operación política, no literaria, organizada por el PC en París, que trataba de que se reconociera, a través del ejemplo de Machado, la tragedia del pueblo español. Pero se convirtió en una operación literaria, porque una vez allí piensan en la posibilidad de un lanzamiento generacional. Como la generación del 27 que se reunió en Sevilla, ellos piensan en hacer lo mismo en torno a Machado».

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