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¡A callar!

El tráfico, las obras, el chico que se sienta al lado en el autobús con la música a todo meter... Ya vale. Unos ‘polis’ de mentirijilla se liaron ayer a poner multas falsas en el centro para alertar de los daños del ruido.

el 27 abr 2011 / 17:43 h.

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Ayer fue el Día Mundial contra el Ruido, que ya tenían trabajo ahí, y Gaes, una empresa dedicada hacer aparatos para los sordos, se plantó en La Campana con su ficticia Patrulla Silenciosa, bajo el lema Stop al ruido, para intentar convencer a los paisanos de que el tímpano humano (y todo lo que éste lleva asociado: la salud en general, los nervios, el humor...) no se merece ese trato. Seguramente no lo consiguieron, pero al menos sí quedaron algunas preguntas muy interesantes flotando (eso sí, bajito para no armar jaleo) en el aire del centro. Una de ellas fue la que este periódico anduvo formulando a los transeúntes en el citado lugar: ¿Cuál es el ruido que más molesta al sevillano?

"La discoteca andante, porque hay que ver como llevan algunos chavales la música en el coche, que vibra toda la casa al pasar", decía Luis Martín, de 56 años y residente en El Cerro del Águila. Dice Gaes que el tráfico es el segundo ruido en el ranking que más odian los andaluces, con un 62%. También opina lo mismo María García, de 70 años, vecina de la avenida La Salle. Lo que no puede ser es estar sentado tranquilamente en el sofá de tu casa "y meter un salto cuando arrancan las motos: rannnnnnnnnn" (cuenta imitando el ruido). Lo mismo le ocurre a Rosa González (54 años), que vive en la Carretera de Carmona. "Imagínate todo el tráfico que se forma allí, sobre todo al mediodía, y los fines de semana a veces por las noches". Así no se puede vivir tranquilo, sostiene la señora.

No hay que decir que más de uno pega un bote como sea un gran ruido inesperado. Seguro que alguna vez ha sufrido la siguiente situación. Para un día que resulta que no se tiene que levantar temprano, "comienza la fiesta con los taladros y los martillos, que te crees que estás en una pesadilla; de repente despiertas" y son las obras del vecino a las ocho de la mañana, contaba Claudia López, de 26 años, que vive en Triana. Al traste la mañana de descanso, que las obras son muy agradables. Y si no son las del vecino, pues son las de la calle, porque vaya tela la escandalera que está costando construir el famoso modelo de ciudad. Parece que lo estuviesen esculpiendo. Así que las obras ocupan el primer lugar en la lista de los ruidos más odiados: 82%.

Total, que la Patrulla Silenciosa no podía haber elegido mejor sitio: La Campana, donde ayer, paradójicamente, había un ruido bestial. Una pequeña obra, el tráfico que se formaba con los autobuses, las ruidosas motos... hasta pasó por allí encima un helicóptero revoloteando. Toda una serie de afrentas al sistema auditivo que, además de afectar a la salud del mismo, obligan a elevar la voz si pretende mantener una conversación allí mismo.

Esa Patrulla Silenciosa estaba formaba por tres actores en su papel de vigilantes del sonido, con su mono azul y su gorra. Su misión: la de concienciar a la gente de la importancia que tiene cuidar la salud de los oídos, y cómo reducir los altísimos niveles de ruidos. Y lo hicieron de una forma muy divertida. Si veían que alguien estaba haciendo un ruido excesivo (como el de las obras) o un uso inapropiado de la oreja (como el del alto volumen que algunos llevaban con los auriculares), los mandaban a callar con el gesto del dedo sobre los labios: ¡shhhhh! Porque en ningún momento hablaban con los viandantes, sino que se dirigían a ellos a través de la mímica.

Y ojo, que también ¡se les multaba! Pero que nadie se alarme, que no era otra dentellada recaudatoria sino una multa de mentirijilla. Lo que les estregaban era un folleto con el lema antes mencionado y también con la información de cuáles son las cosas que hacen más ruido y por tanto provocan problemas auditivos. A saber: escuchar el mp3 por la calle con un volumen muy alto, gritar, trabajar con máquinas ruidosas sin protectores auditivos, y el clásico individuo al que le falta tiempo para tocar el pito en un atasco.

La gente estaba receptiva, quizá porque los actores repartían tapones para los oídos... ¡gratis! Ya se sabe, a caballo regalado no se le mira el diente. Ojalá que se hayan quedado con la copla de que los oídos hay que cuidarlos. Al menos a Antonio Jiménez, de 72 años, sí que le caló el mensaje: no soporta "la gente que grita, ¿por qué tienen que hablar así?" 

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