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«A Javierre le propusieron ser obispo, pero no quería ataduras»

José María Javierre, la sonrisa seductora de la Iglesia es el título de la biografía que el periodista y crítico taurino Antonio Lorca ha escrito sobre el intrépido cura aragonés que llegó un día a Sevilla para quedarse definitivamente.

el 27 abr 2010 / 20:01 h.

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El periodista Antonio Lorca posa con el libro que ha sido presentado esta mañana

-¿La de Javierre puede decirse que es una biografía autorizada?
-Sí, aunque tengo que reconocer que me costó mucho esfuerzo conseguir el sí. Me parece que fue en 2005 cuando le propuse a José María hacer un libro sobre su vida. Él se negó en rotundo. Así estuvimos dos años de tira y afloja. A él le daba mucho pudor porque pensaba que unas supuestas memorias al final lo que hacen siempre es hablar bien de uno y de justificar sus pecados. Al final creo que se rindió ante la constancia que yo le manifesté.

-¿Llegó José María a ver algún borrador de este libro?
-No, porque José María falleció el 17 de diciembre pasado, pero ya llevaba más de un año prácticamente retirado del mundo. Él mostró interés en ver borradores, pero le dije que no puesto que ya no era mi director.

-Usted trabajó codo a codo con Javierre en la redacción de El Correo de Andalucía. ¿Qué relación mantuvo con él?
-Cuando él llegó en el 84 yo era director en funciones. Me pareció siempre un personaje deslumbrante, lo que pasa es que como director era especial, quizás por las circunstancias por las que atravesaba el periódico, no sólo económica sino de identidad ante los lectores. Fue una etapa dura. Él vino a enderezar el periódico y aquello tenía muy mala solución. Tuvimos que sufrir ese conocido mal genio de Javierre que le salía ante la imposibilidad manifiesta de llevar adelante un proyecto sin dinero y sin medios humanos.

-¿Cómo era el Javierre periodista?
-Era un periodista valiente, inteligente, osado y, sobre todo, rebelde y comprometido. Quizá la lección más importante no me la ha dado el Javierre cura sino el Javierre perodista. Desde su paso por la dirección de El Correo, Javierre se ha convertido en un referente del periodismo por su compromiso y por su valentía. Se jugó el tipo, aunque bien es verdad que contaba siempre con el colchón del cardenal Bueno Monreal. En aquella etapa de la historia de España, en el puro franquismo, había que ser muy valiente para hacer lo que hizo él en El Correo.

-Cura, periodista, pensador, teólogo, escritor... ¿Hacer una biografía de un personaje tan polifacético debe ser difícil, no?
-Evidentemente, yo creo que éste no es el libro que merece Javierre. No me atrevería siquiera a decir que esto es una biografía, es más bien una crónica periodística de una vida excesivamente plena. Lo que he hecho es poner en orden pinceladas de su vida, pero Javierre es mucho más de lo que aparece en el libro.

-Y un cura con una cabeza tan bien amueblada, ¿por qué no prosperó dentro de la Iglesia?
-Esa pregunta se la hice yo. Él no quería ningún tipo de cargos, y es cierto que alguna vez le propusieron ser obispo. Javierre amaba la independencia por encima de todo y él sabía que si ocupaba un puesto de responsabilidad en la Iglesia perdería su independencia. No quería ataduras de ningún tipo. Él decía que era un rebelde ortodoxo, en el sentido que respetaba muchísimo y defendía a la Iglesia pero al mismo tiempo denunciaba aquello que consideraba que no era correcto.

-¿Cuál es el legado que nos ha dejado?
-Que ha sido un motor extraordinario de iniciativas en la Iglesia y fuera de ella. Nunca paró de tener la cabeza en funcionamiento. Hay quien dice de él que ha sido un agitador social. Y sobre todo en Andalucía ha sido un referente muy importante, que quizás no ha tenido el reconocimientro que hubiera merecido.

-¿Sevilla ha sido justa con él?
-Cuando lo cesaron en El Correo en tiempos del franquismo, Javierre se fue muy dolorido de Sevilla porque entendió que Sevila no le había apoyado y tardó varios años en volver. Justamente cuando llega la democracia es Sevilla la que le colma de honores: lo nombra pregonero de la Semana Santa en el año 93, aquí celebró sus bodas de oro sacerdotales, el Ayuntamiento lo nombró Hijo Adoptivo y le puso un paseo con su nombre. De alguna manera, Sevilla compensó aquel desaire.

-¿Cuál es la faceta menos conocida de este aragonés?
-Pues creo que te voy a descubrir un secreto. No sé si sabes que Javierre era guionista de cine. Estudió cine estando en Roma e incluso montó una sala de cine en el Colegio Español de Roma, donde Vittorio de Sica presentó una de sus películas. Los misioneros comobianos le encargaron un guión de una película sobre la vida de su fundador.

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