Local

A la cárcel

Esta mañana leo en la prensa que el autor confeso de la explosión intencionada de una vivienda en Sevilla podría estar en prisión sólo tres años. La razón es que cumplirá los setenta y así no se está entre rejas. Algo parecido ocurrió cuando Garzón tuvo la gallardía...

el 16 sep 2009 / 06:01 h.

Esta mañana leo en la prensa que el autor confeso de la explosión intencionada de una vivienda en Sevilla podría estar en prisión sólo tres años. La razón es que cumplirá los setenta y así no se está entre rejas. Algo parecido ocurrió cuando Garzón tuvo la gallardía democrática de detener a Pinochet; sabíamos que no iría a la cárcel. Algunos delincuentes de cuello blanco, esos que nos encontramos en los palcos, galas benéficas y otras conmovedoras expresiones de solidaridad, preparan concienzudamente su estrategia jurídica para que todo se aplace hasta que cumplan esa edad mágica de la irresponsabilidad. Y nadie se alarma, ni se echa a la calle, ni pide reformas legales. Sin embargo, con los menores pasa lo contrario. El bálsamo de tanta atrocidad y barbarie por parte de menores parece consistir sólo en una ley más dura, que meta niños en la cárcel. Los niños crecen en una sociedad concreta e incorporan a su acervo los valores que se les inculcan y en los que se educan. La familia, la escuela, la calle, los medios de comunicación, internet. La sociedad invierte cada día en su futuro, con sus niños, y desde luego es responsable, la primera, en cómo se vaya configurando; somos lo que comemos, sí, pero socialmente lo que educamos. Nadie es irresponsable. Nunca, cuando ocurren hechos desgraciados y crueles como los de Baena o Isla Cristina, nos miramos a nosotros mismos, si somos permisivos, si somos responsables, si somos un ejemplo o si la televisión que hacemos puede seguir siendo la guía y el modelo para una sociedad que parece haber abandonado su principal apuesta, con crisis o sin crisis: la educación. Lo fácil es mirar la Ley del Menor, recoger firmas, rasgarse la camisa, lo difícil es, como la madre de Baena, preguntarse: ¿En qué he fallado? Los niños nos emulan y en una sociedad que cree que no es responsable de nada, sino siempre el otro, crecen sin saber eso del premio y el castigo, sin ejemplos que seguir. Podemos meterlos en la cárcel, pero cada vez que uno entre alguien debería de acompañarlos, empezando por sus padres.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

  • 1