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'A la comunidad futura'

Jesús Palomino es una rara avis en el panorama artístico andaluz. De alguna manera, encarna esa vieja ambición de Diógenes de trascender las identidades geopolíticas locales para situarse en un ámbito diferente...

el 15 sep 2009 / 06:07 h.

Jesús Palomino es una rara avis en el panorama artístico andaluz. De alguna manera, encarna esa vieja ambición de Diógenes de trascender las identidades geopolíticas locales para situarse en un ámbito diferente: el de los ciudadanos del mundo. Por eso mismo, resulta paradójico mencionarlo como artista andaluz, cuando en realidad se trata de un creador de espíritu itinerante y cosmopolita. Este rasgo, que lo emparenta con artistas nómadas como Rirkrit Tiravanija, resulta clave para entender su obra.

A la comunidad futura es el título de su exposición en la antigua Iglesia de Santa Lucía. Estar a la altura de un espacio tan singular supone un difícil reto. Palomino lo ha superado de manera sobresaliente. El artista ha levantado un sencillo cercado dentro de la sala principal del edificio, la nave central; al acceder a ella, el espectador se topa con una valla metálica que es iluminada desde abajo por focos de luz verde, una suerte de gran jaula abierta por arriba, y nota cómo le ha sido usurpada la mayor parte del espacio. El efecto buscado por Palomino era cerrar el espacio para, a su vez, "hacer aparecer el espacio". La pieza admite distintos niveles de lectura.

El más evidente de ellos es poner de manifiesto ideas y conceptos tan problemáticos como los de límite, división o frontera. Pero no se trata sólo de eso. En el antiguo presbiterio, nos encontramos con dos grandes montones dispuestos sobre el suelo: en cada uno de ellos se apilan numerosos carteles impresos con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948. Finalmente, en otra sala anexa se presentan fotografías de manifestaciones pacíficas celebradas en Londres, Nueva Cork y Hong Kong.

No cabe duda de que, en el fondo, el discurso de Jesús Palomino es de orden ético: se trata, en definitiva, de utilizar el arte para reflexionar sobre la ética. Y es que, como decía Wittgenstein, ética y estética son una y la misma cosa.

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