Cultura

«A los 50 es importante no engañarnos con los sueños»

Una visita al oftalmólogo y 50 velas en la tarta de cumpleaños fueron decisivos para que viera la luz Vista cansada (Visor), un nuevo poemario de Luis García Montero que mantiene a lo largo de 140 páginas un tono de "melancolía optimista".

el 15 sep 2009 / 03:07 h.

Una visita al oftalmólogo y 50 velas en la tarta de cumpleaños fueron decisivos para que viera la luz Vista cansada (Visor), un nuevo poemario de Luis García Montero que mantiene a lo largo de 140 páginas un tono de "melancolía optimista".

Según el poeta, la intención de los textos reunidos en Vista cansada era "hacer una meditación del paso de los años, pero también del paso de la Historia. Quise buscar las metáforas, los símbolos que explicaran cosas que me afectaban a mí, pero con el telón de fondo de la sociedad española de este tiempo, de un país que ha pasado no sólo de la dictadura a la democracia, sino, sobre todo, de ser pobre a instalarse en el consumo", comenta.

En este sentido, el título no sólo alude a una toma de conciencia sobre el paso del tiempo, sino también "a una apuesta optimista", añade García Montero. "Quien se pone gafas quiere seguir leyendo, encontrar los números de teléfono que busca. Quiere, en cierto sentido, no quedarse ciego".

El poemario del granadino transita de los recuerdos infantiles a la gratitud hacia los maestros, de los amores a las militancias ideológicas, de los achaques a los desengaños. "A los 50 uno no puede permitirse el lujo del pesimismo. Es importante no renunciar a la lucidez, no engañarse con los sueños, luchas por no acabar convirtiéndose en un cínico ni en un cascarrabias. Camus hablaba de las utopías modestas, no las que acaban convirtiéndose en dogma", asevera.

Dignidad. Una palabra que García Montero usa a menudo es dignidad, "que para mí significa la elegancia de la conciencia, incluso en la derrota", señala, y pone como ejemplo a su amigo y paisano, el centenario escritor Francisco Ayala, que a sus 102 años "ha sabido ser digno en las situaciones más difíciles que ha tenido España".

Sobre su evolución como poeta, Luis García Montero reconoce que "es verdad que en mi poesía y mi trabajo hay una apuesta clara por la palabra desnuda, sin retórica, y eso es algo que exige mucho trabajo", explica. "Me gusta cada vez más la palabra limpia, que permita el diálogo conmigo mismo y con el lector. Entiendo, por otro lado, que esto no puede ser un desahogo biográfico: la poesía es un arte, un acto de conocimiento. Hacer un poema de amor no puede consistir en decir 'qué guapa eres, cuánto te quiero', sino en proponer una meditación sobre el amor", concluye el escritor.

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