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¡A mí la legión europea!

No sólo la Junta necesita los inspectores, sino también nosotros como ciudadanos para saber la verdad que nos oculta la confrontación política [...]

el 16 abr 2012 / 20:57 h.

El Gobierno central desconfía de la Junta de Andalucía, ésta desconfía de aquél y yo, ciudadano, desconfío de ambos. Necesito, pues, árbitros que no sean de parte. Sí. Que vengan aquí ya, pero ya, inspectores comunitarios para examinar con lupa las cuentas autonómicas, y que tal petición, mi querida Carmen Martínez Aguayo, sea sincera, no un mero alarde de valentía de quien está segura de que no vendrán –hasta ahora sólo se fiscalizan los grandes números del Estado y, a nivel regional, el uso de los fondos europeos–. Si no hay nada que temer, le conmino a que vaya usted misma a Bruselas y arrastre hasta esta comunidad autónoma al mismísimo Sherlock Holmes si fuera necesario. Porque yo, ciudadano, ya no me creo a nadie. Ni al Rey siquiera. En la Nochebuena de este año apagaré la tele tras el telediario, no vayan a escuchar otra vez mis oídos que de esta larga crisis económica saldremos con el esfuerzo de todos. Manda huevos, diría Federico Trillo.

La confrontación política, mis señores políticos y señoras políticas, no es un juego político que se queda en casa, aquí, dentro de nuestras patrias fronteras. Parece que todavía no son conscientes de que este país, para nuestras desgracias, está en estos momentos en el centro del universo económico, hasta el punto de que en Estados Unidos, donde no saben siquiera dónde situar España en el mapamundi, The New York Times le dedicaba la semana pasada un amplio despliegue a nuestros graves problemas, considerándonos incluso un peligro para el conjunto de la Eurozona y para el futuro del euro. Qué edificantes resultan, pues, las riñas internas...

Las palabras de quien, aun habiendo dependido toda su vida de las administraciones públicas, nunca ha tomado café en horas de trabajo, Antonio Beteta, advirtiendo de cuentas andaluzas opacas que esconden –sugirió sin aportar datos– cosas raras bajo la alfombra, y la indignadísima réplica de la consejera de Economía al grito de a mí la legión de inspectores comunitarios le han servido al prestigioso periódico británico The Guardian para colocar a Andalucía como centro de los grandes problemas de la Eurozona. En su artículo, el periodista es tajante: “Las autoridades españolas no tienen ni idea del tamaño de la deuda (déficit público) en la mayor región del país”. Ni idea. Toma ya.

El autor, asimismo, habla de que las declaraciones de Beteta han hecho estremecerse a la Comisión Europea y, por supuesto, a los mercados de compraventa de deuda española (bonos). Cuanto menos resulta curioso que Mariano Rajoy trate –eso sí, sin nombrarlos, que a tanto no llega la gallardía– de callarles la boca al francés Nicolas Sarkozy y al italiano Mario Monti mientras que en su propio Gobierno y en su propio partido, el PP, a algunos habría que lavárselas con lejía. Si el Ejecutivo central, tal y como ha sugerido el inoportuno secretario de Estado de Administraciones Públicas, puede, podría, pudiere, pudiera o pudiese –empléese la forma verbal al gusto– intervenir Andalucía a partir de mayo como lo hicieron Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) con Grecia, que vaya también lanzando avisos respecto a otras comunidades que, gobernadas por los suyos, están en condiciones aún peores.

Porque, además de la estrategia de la tijera, corta que corta presupuestos y políticas sociales, las sugerencias de los distintos altos cargos del Gobierno –Beteta no ha sido el único– o bien son eso, sugerencias desacertadas, o bien trasladan ya a los mercados que España estaría dispuesta a intervenir inmediatamente en las comunidades díscolas, porque así se lo permite la nueva legislación sobre el control del déficit, y acabar, pues, con el Estado de las Autonomías. Yo, Estado, antes de que me intervengan a mí, intervengo yo a mis comunidades. Y sigue rumiando el Estado: si comenzamos por Andalucía, donde se está fraguando una alianza entre socialistas y nada más y nada menos que comunistas –qué horror para los mercados–, mejor que mejor.

Y no considero que vaya mal orientada esta última sospecha. De hecho, acudamos otra vez a la prensa internacional, en este caso al diario económico británico Financial Times. En su edición de ayer, y citando a una fuente del Ejecutivo de Rajoy, decía textualmente que éste se dispone “a intervenir cualquier región justo el mismo día en que se tengan datos que demuestren que no cumple con sus obligaciones (fiscales)”.

Sí. Sería conveniente que una legión de inspectores europeos viniera a Andalucía para rastrear sus cuentas. Y rápido, mayo está a la vuelta de la esquina. No sé qué encontrarían, pero yo, ciudadano, conocería entonces la verdad que, por confrontaciones políticas, ahora me ocultan.

P. D.

La parva. El año pasado, el consejero andaluz de Economía, Antonio Ávila, presentaba a bombo y platillo el Aerospace and Defense Meetings-ADM Sevilla 2012, el mayor evento de negocios de la industria aeronáutica organizado en España y que se celebrará en Sevilla entre los días 14 y el 17 de mayo del ejercicio en curso. La crisis económica, sin embargo, es muy tozuda y el acontecimiento coincidirá con la particular crisis de la mayor firma andaluza del sector, Alestis, que ha solicitado preconcurso de acreedores (protección judicial para que, en un periodo de tres meses, no le embarguen y pueda negociar sus deudas). Los problemas de esta empresa, participada por la Junta de Andalucía, datan de su compromiso (léase, imposición) para absorber a trabajadores de Deplhi y de sus dificultades para resolver los contratos del avión A350, que Ávila negara justo en vísperas electorales y que, tras el 25-M, afloran.

La simiente. Manuel Jurado, hasta ahora presidente de la asociación empresarial agroalimentaria Lándaluz, asume las riendas de la Academia Andaluza de la Gastronomía y Turismo, una iniciativa que pretende vincular la agroindustria con la cocina y el turismo. Esta estrategia de promoción fue iniciada por Lándaluz hace ya casi una década aprovechando la fama internacional que estaban adquiriendo los cocineros españoles, y más recientemente los andaluces. En suma, apostar por una promoción de productos de calidad y con marca propia, frente a las exportaciones a granel y el auge de las etiquetas blancas (marcas de las cadenas comerciales). El turismo gastronómico es, asimismo, una línea de negocio aún con enormes posibilidades para Andalucía, y aquí Manuel Jurado –directivo del grupo Ebro Foods– hará especial hincapié. Iniciativas como ésta necesitan la agroindustria y la agricultura.

La paja. “Las cosas parece que se encauzan”. Pues sí, señor ministro de Industria, José Manuel Soria, ya vemos cómo se ha encauzado el conflicto empresarial y diplomático entre Argentina y España a cuenta de la nacionalización de YPF, filial de Repsol en el país latinoamericano. La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha aprovechado la debilidad internacional de nuestro país –que está económicamente cuestionado– para acometer una expropiación que atenta contra uno de los principales grupos españoles. No estamos hablando de la Aerolíneas Argentinas de épocas pasadas, sino de Repsol. Tampoco estamos hablando de Venezuela ni de Bolivia, sino de Argentina. La imagen jurídica de esta última nación como destino inversor cae en picado, sí, pero también descarría la imagen internacional de España para defender, de la mano de Europa, a sus firmas en el exterior.

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