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A mí nunca me ha gustado la playa

No, no se confundan, la referida manifestación, el rechazo y desprecio a la playa de muchos, nada tiene que ver con la incómoda arena, el calentón del coche (y de lo que no es el coche) a las tres de la tarde para irse a comer, los precios, el tamaño del apartata y la distancia del mismo al agua...

el 16 sep 2009 / 08:36 h.

No, no se confundan, la referida manifestación, el rechazo y desprecio a la playa de muchos, nada tiene que ver con la incómoda arena, el calentón del coche (y de lo que no es el coche) a las tres de la tarde para irse a comer, los precios, el tamaño del apartata y la distancia del mismo al agua. A la playa se le desprecia por ser chic o esnobista y para que piense la gente lo clásico, campero o urbanita que se es. Como Belmonte en esas fotos antiguas que aparece vestido con chaqueta blanca o hueso y panamá, jipijapa o cordobés en la cabeza y dos amigos más con guayabera (vulgo cubana), chaqueta mil rayas y esas cosas.

La aversión a la playa -para algunos- es sinónimo de distinción, de "terratenencia", hidalguía o abolengo. La playa, el chiringuito, el paseo marítimo y su parafernalia es para catetos, horteras, canis, subalternos y currantes de medio pelo, o séase, pa pobres. Por el contrario, el campo, la sierra, la buena casa de (no del) pueblo, y to sus habíos es de gente bien, de los "to-esto-era-de-mi abuelo y lo vendimos", o séase, de los ricos. ¡Ay, cuanto fantasma y picarillo hay por aquí! ¡Cuánto mequetrefe tratando de dar el pego!, ¡Cuánta falsa pose de ganaero de toro bravo o de yeguada!, ¡Cuánto cuento!

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